Nota Nº 903

Colón, el primer mercado municipal

Por necesidad de salubridad y buscar otros beneficios para los ciudadanos, en un contexto de epidemias que azotaban la población, se creó el primer Mercado Municipal, al cual se lo denominó Colón. Funcionó hasta que se trasladó al Nuevo Colón

Escribe: Jesús Chirino

 

Primero, en la plaza Centenario

En el año 1928 fue inaugurado el edificio situado en la esquina formada por las calles Corrientes y Carlos Pellegrini; allí abrió sus puertas el “Nuevo Colón”, que remplazó el antiguo Mercado Colón. La misma construcción que luego fue convertida en el Salón Municipal de Deportes, espacio en el cual se dieron tantas jornadas épicas para el deporte, la música y otras actividades públicas en la ciudad. La esquina, luego de ser entregada a propietarios privados, está en obras para abrir allí un espacio comercial que ya no tendrá nada de estatal.

El Mercado Municipal, primero funcionó en la manzana formada por las calles Buenos Aires, Perú (actual General Paz), Colombia (actual José Ingenieros) y Santa Fe, espacio público que entonces recibía la denominación de “plaza Norte” (actual plaza Centenario). Allí fue inaugurado, cuando iniciaba el mes de septiembre de 1888, como el “primer Mercado Municipal de Villa María, denominado Colón”.

Tiempo antes, durante 1886, varios comerciantes locales dirigieron una nota al intendente municipal Pedro Viñas solicitándole la creación de un espacio de este tipo. Meses después, Viñas elevó un proyecto al Concejo Deliberante, adjuntando “dos planos para la construcción de un mercado público en esta Villa”.

En la nota de elevación, de enero de 1887, el intendente señala “la necesidad y conveniencia de un edificio para tal objeto es cada día más sentida por el vecindario, que encontraría reunido en un solo punto todo lo necesario para su alimentación en artículos de buena calidad, puesto que, al venderles, así reunidos, entrarían en competencia que es siempre benéfica para el público, a lo que se agregaría, también, que se evitarían los fraudes y contrabandos que menoscaban la renta municipal”. El Concejo decidió que se instalara en la ya referida plaza Norte, estando allí hasta que, en 1928, se efectuó su traslado a la referida esquina de Carlos Pellegrini y Corrientes.

 

Se protegía la venta dentro del Mercado

La historiadora María Felipe (Mary), fallecida el 9 de agosto de 2023, a los 67 años, supo escribir una investigación publicada en elDiario acerca del Mercado Colón. En ese informe, valiéndose de documentos escritos y testimonios de quienes conocieron el lugar, describe cómo era la edificación que albergó al primer Mercado Municipal. Acerca de la descripción del aspecto arquitectónico de la edificación señala: “Presentaba características de un plano rectangular que abarcaba el espacio central de la plaza. A su perímetro lo constituía un espacio verde con árboles de grandes dimensiones, veredas y canteros. Las paredes no eran de mucha altura y en ellas solo se destacaban las pequeñas aberturas que, a modo de ventanas, cumplían la función de ventilar los puestos” que, en sí, funcionaban como depósito, dado que las transacciones se realizaban bajo los techos de las galerías. “Un tejido enmarcado en madera servía para cerrar cada puesto, que estaban divididos entre sí por paredes de material”.

En este primer Mercado, propiedad del Estado municipal, que desde sus inicios contó con teléfono, se comercializaban, entre otras cosas, carnes, legumbres, frutas, leña, carbón, aves, huevos, alfalfa y granos. Existían normativas municipales que obligaban a quienes hacían transacciones con las mismas mercaderías a realizarlas fuera de los bulevares. Aquellos que vendían granos o legumbres podían hacerlo dentro del radio mencionado, pero para ello debían pagar un impuesto especial. Esta era una de las maneras en que el Estado local intervenía en pos de lograr la mejor calidad y precio de la mercadería que se ofrecía a la ciudadanía.

 

La Comisaría del Mercado

Un empleado municipal era quien, cada jornada, abría y cerraba las puertas del Mercado. Felipe agrega que el Mercado Municipal contaba con cuatro portones de hierro, uno “ubicado en la calle General Paz; y otro, en José Ingenieros”, destinados al tránsito peatonal. Las otras entradas estaban, “una, sobre calle Buenos Aires; y la otra, sobre calle Santa Fe, y servían para introducir al Mercado los vehículos con tracción a sangre”. Más adelante señala que “en el centro de la edificación había una glorieta, sobre la que se construyó, luego, un tanque para contener agua. Allí se autorizó la instalación de puestos para la venta de carnes y pescados, únicamente. Posteriormente, se ubicaron bajo la glorieta (en sótanos) los motores que bombeaban el agua al tanque. De allí, una cañería subterránea salía a la calle Buenos Aires, donde había una bomba extractora de agua en la que los carros, tirados por mulas, se proveían del preciado líquido”. Sobre la calle General Paz se encontraban los puestos que vendían carne, en tanto que sobre Santa Fe y José Ingenieros, aquellos que comercializaban verduras.

Ingresando por la calle José Ingenieros, a la derecha de la puerta, se encontraba la Comisaría del Mercado. Este puesto era fundamental para el funcionamiento del Mercado estatal en el cual el municipio alquilaba los puestos, por día o por mes. Además, debían controlarse las condiciones de higiene, el pago de los impuestos y el cumplimiento de toda la normativa municipal. La Comisaría del Mercado contaba con una oficina modesta, con lo esencial para su funcionamiento. Felipe refiere que sobre una pared lateral de esa oficina, “que era parte de la entrada, se encontraba una campana que se utilizaba en el caso de que alguien necesitara hablar con el comisario y este no estuviera en su despacho”. En las descripciones de Felipe, que provenía de una familia muy ligada a la venta de verduras en el actual Mercado, refiere que “sobre una pared de la calle Buenos Aires no había galería, solo una tapia. Los baños se encontraban en la esquina formada por las calles General Paz y Buenos Aires”. Además, el Mercado contaba con “un bar-comedor entre las calles José Ingenieros y Santa Fe”.

 

Todo por veinte centavos

El Mercado Colón era un real centro de actividad social; allí se produjeron protestas políticas, actos formales y celebraciones que atravesaron la vida pública local. La actividad desarrollada en él y sus alrededores era febril. Felipe rescata una frase de alguien que participó de esas actividades, quien dice “era un verdadero mercado persa”. Describe que fuera de la construcción central, que ocupaba lo que hoy es la plaza, “comerciantes de origen sirio-libanés se dedicaban a la venta de juguetes y chaflonerías: los veinteros. Se los llamaba así porque vendían todas sus mercaderías al mismo precio: veinte centavos”.

Con relación a la procedencia de la mercadería que se comercializaba en el Mercado debe señalarse que no solo se trataba de carnes y vegetales de la zona, sino que también llegaban productos de otras regiones: Córdoba capital, Mendoza, islas del Tigre, Tucumán, etcétera. También, productos muy valorados de lugares cercanos, como la fruta de carozo que llegaba de Pampayasta. Eran muy famosos los duraznos de ese lugar. 

También llegaba mercadería de sitios muy lejanos, como las manzanas que, a principios del siglo XX, arribaban desde Estados Unidos. Venían embaladas en bordalesas. El transporte por tren era de vital importancia para la llegada de la mercadería traída desde lejos. Así solían llegar vagones con fruta a granel que luego era trasladada hasta las instalaciones del Mercado.

En el año 1890, el Mercado fue ampliado, pero cada vez se necesitaban mejores y mayores instalaciones. Luego de la inauguración del Mercado Mitre, frente a la plaza San Martín, el primer día de agosto de 1928 dejó de funcionar el primer mercado construido en la ciudad. Ese mismo día abrió sus puertas el “Nuevo Colón”, en calle Corrientes. Poco tiempo después, desde el Estado local se mandaron empleados municipales a demoler el antiguo edificio de la plaza Norte.

El Nuevo Colón funcionó por décadas; luego, el edificio se destinó a otros usos. El principal y más recordado fue su conversión en Palacio Municipal de los Deportes. Luego, la edificación fue descuidada y, en 2018, el entonces intendente municipal, Martín Gill, inició el proceso para su traspaso a manos particulares con el proyecto de que allí termine funcionando un mercado privado y paseo de compras.