En el año del centenario de asumir su primer mandato como presidente de la Biblioteca Bernardino Rivadavia

Sobral, según sus contemporáneos

Mientras sus exalumnos preparan un homenaje al gran educador para el sábado próximo en el Teatro Verdi, hoy rescatamos su figura a través de lo que pensaban de él quienes lo trataron incluidos los expresidentes Frondizi e Illia

Félix Luna

“Debió haber sido a fines de 1953 cuando conocí al doctor Antonio Sobral. En ese momento dirigía la Editorial Raigal, una empresa radical, concebida y montada por él, con una red de distribuidores, vendedores y cobradores que se apoyaba básicamente en muchachos del partido... Por entonces yo estaba escribiendo una biografía de Hipólito Yrigoyen; era mi primer libro y no había pensado quién podía editarlo. Cuando Raigal se fundó, fui a ver a Sobral... Fue un gran estímulo para mí, autor novel y totalmente despistado en materia de galeras, pruebas de imprenta y solapas... Hablé con Sobral muchas veces y admiré su talento de organizador, la profundidad de su pensamiento y su inmarchitable fe en la educación, como instrumento de mejoramiento político”.

 

Miguel Ángel Cárcano

“Tuve el privilegio de frecuentar la amistad el doctor Antonio Sobral en los últimos años de su vida, cuando había obtenido de ella la experiencia de los mejores valores humanos que dan a la persona una singular atracción. A menudo nos reuníamos en ‘Ana María’. Lo escuchaba en una larga y pausada conversación durante la cual surgían los temas más diversos en los cuales descubría la sabiduría de su generosidad. Noble y de gran generosidad, para apreciar el valor de las ideas, la calidad de los hombres, el germen vital que nutre la cultura. Hablábamos a menudo del proceso institucional del país, en muchos de cuyos sucesos habíamos participado, en partidos distintos, coincidiendo generalmente en los factores que lo determinan y las soluciones que mejor convenían. Era muy agradable escuchar al doctor Sobral en el diálogo... Mesurado y sustancioso, sereno y concreto, inspirado siempre en un alto interés público que se definía en su actividad, que tuvo la preferencia de su espíritu: la educación”.

 

Fryda Schultz de Mantovani

“Recuerdo a Antonio Sobral, maestro, abogado y político, llegar a nuestra casa, que era la de Juan Mantovani, para hablar de educación, proyectos de leyes y debates parlamentarios, de ideas y de libros... Este es el hombre público que conocí, parlamentario, profesional del derecho, realizador de la Escuela Normal Superior de Córdoba una experiencia que sigue siendo camino a seguir en nuestros días, y del complejo educativo de Villa María, indestructible en su idea directriz, que todo lo abarca, desde el párvulo hasta el joven en el umbral de la madurez. Este es Antonio Sobral, el amigo que hablaba de cosas reales y de ideas que reconocían antecedentes,  pero que iban mucho más allá de los días; el educador que se entendía mano a mano con otro educador, en nuestra casa. Después de cada visita siento que quedaba en mí la anotación al margen de un entusiasmo, o el subrayado de un párrafo, como si se tratase de un libro”.

 

Arturo Illia

“Conocí a Antonio Sobral en los años 30. Cumplía, muy joven, funciones de responsabilidad. Era mesurado en su porte y en sus gestos, de voz clara y bien timbrada, se expresaba con claridad. Frases cortas, bien hilvanadas, y con ciertos dejos sentenciosos. Conocía como pocos nuestro idioma y llamaba la atención su castizo hablar.

Evidenciaba ya su cultura humanista sólida, que fluía con naturalidad en la conversación. Su trato era cordial, pero no efusivo. Escuchaba al interlocutor con sobriedad, mirándole los ojos y brindaba sus respuestas sin titubeos y con originalidad no se acomodaban a consentir superficialmente. Respondía con inspección, pero con firmeza, acorde con sus convicciones”.

 

Arturo Fondizi

“Cuando me incorporé a la Intransigencia, que fue mi manera de afirmar el radicalismo del que venía desde mi juventud, el del doctor Antonio Sobral era un nombre que citaban los jóvenes en su búsqueda de puntos de referencia para ubicarse políticamente, puesto que había sido hombre de la Reforma Universitaria y precoz presidente de la Legislatura de la provincia de Córdoba.

Encontrábamos en su figura una muestra de lo que podía ser una genuina, esforzada, ilusionada, militancia política.

Después ocupamos juntos bancas en la Cámara de Diputados de la Nación. Allí aprendí a conocer el rasgo más acusado de su personalidad: era un educador nato. Pero no solo un maestro, que lo fue en el mejor y más amplio sentido de la palabra, sino un sembrador y organizador de escuelas. Como diputado eligió esta orientación, de manera que el tema de su preferencia estaba en esta franja del quehacer político”.

 

Rogelio Frigerio

“El doctor Antonio Sobral maduro que conocí había dejado de lado la ambición personal, si alguna vez la tuvo, en el sentido que se le atribuye, como virtud o defecto, a los políticos. Estaba consagrado a lo suyo, pero lo suyo era nada menos que el país expresado en su juventud.

Era perceptible que ejercía su magisterio sabiendo que era -y desde hacía mucho tiempo-, maestro de maestros. Por todo el país andan hombres y mujeres que se formaron junto a él, que aprendieron mucho y, fundamentalmente, aprendieron a aprender.

Me sorprendió la claridad de su esquema educativo, que involucraba la respuesta que el país reclamaba para una problemática muy vasta y diversa.

Consagrado a una experiencia primordial, no podía sino pensar que, siendo ella tan importante, no estaba aún a su medida.

En una tierra más justa, más preocupada por su destino y por sus hombres, se le hubiera proporcionado la oportunidad de ejercer un magisterio más amplio, de un horizonte nacional.

Sin embargo, es claro que a pesar de la estrechez a la que se lo condenó -o a la que se condenó él mismo- había trascendido a una dimensión mayor, argentina, continental...”.

El doctor Antonio Sobral   será homenajeado por sus exalumnos el sábado 1 de agosto, con un concierto de la Orquesta Filarmónica del Centro del País, que interpretará en el Teatro Verdi obras de Vivaldi, Bach, Mozart, Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati y Los Beatles