Esbozos para un manual poético de resistencia
Vivir solo cuesta vida
“El tango que ocultamos mejor, del que preferimos no hablar, es el que nos tiene anarcotizados. Vivir solo cuesta vida.…..” Carlos “Indio” Solari “Ropa Sucia”Escribe: Normand Argarate
“Vos cambiás belleza por confort, yo no, yo no...”, canturreo mientras cruzo la plaza bajo el sol impiadoso de la siesta cordobesa. “Yo no..., yo no…”. Cargo 60 años y desde los 20 escucho al Indio. De alguna manera, las letras de sus canciones me han interpelado a lo largo de los años. Su poesía ha interpretado el sentido de algunas decisiones personales y, al mismo tiempo, el sentimiento de proteger la vitalidad y la resistencia en momentos duros o de mucha oscuridad. Algo así como un pequeño manual de resistencia personal para los tiempos duros, que frecuentemente suelen ocurrir en la Argentina. Como dice Marcelo Cohen, “La velocidad con que la Argentina acumula pruebas materiales de cálculo errado es casi una poética”. De confirmarse la reiteración fatídica, es deseable pensar también una poética de la resistencia.
Existe más de una generación que fue modelada por la filosofía poética del Indio. Es decir, somos muchos los que consideramos al Indio el mayor poeta contemporáneo. Y que está siempre allí para indagar y responder sobre las condiciones de existencia en historias que son de todos y que muchas veces nos cuesta mirar. Y al girar en esta cosa de pensar cómo queremos vivir, el asunto está en nuestras manos. Como él mismo lo dice: “En ciertas cosas, el diablo siempre es neutral”.
“Vos cambiás belleza por confort, yo no, yo no…”, tarareo en silencio al cruzar esa pequeña ciudad de la llanura argentina, me pregunto si yo mismo no he cambiado belleza por confort y es ahí, en esa incomodidad, donde, una vez más, el Indio me y nos pregunta cómo queremos vivir. En todo este tiempo y en cada una de sus canciones subyace el mismo mensaje que apela una y otra vez a proteger el estado de ánimo, la resistencia como hidalgo valor, a vivir y amar intensamente. Sus oscuros oráculos funcionan como manuales para sobrevivientes. Siempre “graciosos y valientes”. El grito de guerra para enfrentar tiempos miserables, que como dije antes, en la Argentina se reiteran con la persistencia de los terremotos. La plaza luce desierta. Y las letras del Indio siguen dando qué pensar. Estamos marcados por frases filosas como citas nietzscheanas, porque “lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”.
Cabeza quemada, se decía por los 90, y el poeta Leónidas Lamborghini utilizó esta expresión coloquial como metáfora de un modo de resistir1:
“Ah!, su pensar político,
sus gustos, sus amores, sus jugadas.
Ah!, su sentido crítico...”2
Lo de Lamborghini no es casual. El autor de “El jardín de los poetas”, “Odiseo confinado” y “Las reescrituras”, entre otras construcciones geniales, pensaba a la poesía como lo que el Indio propone al escenario musical. Leónidas insistía en reinstalar la poesía en su lugar de peligro. “Hay que ejercer la peligrosidad de la palabra. Y ya hay jóvenes que están afilando sus poemas en la realidad”.
La necesidad de expresar lo que verdaderamente está pasando. La poesía da cuenta de lo que verdaderamente anida como sentimiento oculto en el alma de lo que nos constituye como sociedad, y allí radica una clave para interpretar al fenómeno creciente en torno al Indio y Los Redondos, que concita multitudes, que corean sus canciones sin comprender del todo sus letras, pero intuyendo, desde la sensibilidad de los cuerpos, que allí encuentran un mensaje que los interpreta y expresa. Un tesoro oculto.
Fue en los 90, en la Argentina, donde circulaba la poesía de Lamborghini y los Redonditos sumaban cada vez más jóvenes que se apropiaban de consignas y de un lenguaje nuevo desde donde poder expresarse. En este sentido, ambos lenguajes representaron la capacidad de resistir al modelo neoliberal que arrasaba y arrasa todo a su paso. En esos años, la poesía argentina se pensaba en términos estéticos políticos. Recientemente, se publicaron los artículos sobre poesía de Marcelo Cohen3, aparecidos en diversos medios. El libro cierra con un texto titulado “Comas, política, poesía”, en donde retoma esta idea que proponía Lamborghini. En la nota, Cohen cita al filósofo Bifo Berardi, quien “había advertido que, en la medida que el tecnolenguaje implantado por el totalitarismo bioeconómico desposeyó de autopercepción al intelecto general, cualquier forma nueva de autonomía depende de revitalizar poéticamente el lenguaje”. La palabra de la poesía debe obrar.
En este mismo sentido, Lamborghini sugería “un nuevo camino: de liberación, porque tenemos que poner la palabra. De liberación. El lenguaje es como una cárcel. El poeta lo siente así en un momento dado. Y empieza a romper los barrotes y entonces ocurren cosas: el lenguaje muestra todas sus posibilidades de locura. Porque se saca el corset de la sintaxis y se ve la posibilidad de una nueva combinatoria, y que, en todo caso, el sentido es emergente de esa combinatoria”.4
En las letras del Indio, el sentido de emancipación se encarna en millares de cuerpos desde las misas ricoteras hasta sus últimas bandas con estadios desbordados, cuando una multitud converge en el “pogo más grande del mundo”. En toda su producción, la dimensión política sostiene una mirada crítica sobre el mundo y, a la vez, la invitación a la liberación.
“Vivir solo cuesta vida”, se repite como un mantra en tiempos de marginación y desempleo en aquella Argentina del todo por dos pesos.
En algún sentido, la poesía de Solari interpreta a la Argentina de la post-dictadura, de la misma manera que Discépolo interpretó la década infame. Y aquí podríamos aventurar una idea disparatada, tal vez influenciada por Lamborghini, y afirmar que el Indio realizó una “reescritura” poética del tango. Sin embargo, esa conexión no es tan descabellada. La menciona en su muro de Facebook el poeta uruguayo Martín Palacio Gamboa5. Allí respondió un planteo similar del poeta Jotaele Andrade6, quien anteriormente había sugerido similitudes entre Alfredo Zitarrosa y el Indio como artistas populares.
Es claro que ambos enuncian sentires populares como formas de resistencias desde lenguajes diferentes. Palacio Gamboa ensaya con desprejuiciada escucha las obras, a las que califica como “galaxias cercanas y dialogantes”, y establece un punto de partida de ambas líricas. Dice: “Ambos despliegan propuestas que no solo trascienden la producción musical, sino que se inscriben profundamente en el imaginario colectivo a través de un mecanismo fundamental: la interpelación ideológica”.
Según Gamboa, la misma práctica artística deviene en formas de resistencia cuando a través de sus letras son “capaces de movilizar emocional e intelectualmente a sus audiencias, configurando formas de resistencia y de reflexión crítica frente al contexto social y político en el que se desarrollan”.
Al recorrer la biografía del Indio, y por inscripción general de la generación del 70, resulta evidente que la mirada del poeta sobre la realidad conlleva una conciencia de la posición política.
Agrega Gamboa: “Esta capacidad de generar adhesión popular a partir de una gramática ‘delincuente’ que desobedece las reglas del orden lingüístico y cultural es, en sí misma, una forma de subversión ideológica. Otro punto en común entre Zitarrosa y el Indio es su relación con el proceso creativo. Ambos reconocen la existencia de un componente irracional e intuitivo en su arte, ya sea en las melodías que Zitarrosa rescata del sueño...”
El rompecabezas conceptual que propone el Indio funciona, además, como una cartografía en la que la deriva se renueva en la apropiación del presente. Cada uno de los temas es un constructo musical donde la lírica se escenifica en la experimentación musical, produciendo el acontecimiento poético. Líneas oscuras, herméticas, conviviendo con expresiones populares como “el que la seca la llena”, citas literarias junto a un lenguaje reinventado para contar historias tristes de “esta tierra que es una herida que se abre todos los días”.
En el libro de memorias “Recuerdos que mienten un poco”7, el Indio insiste sobre la incomprensión que tenemos de nuestra manera de vivir. Al describir a los sectores más vulnerables de la Argentina dice: la vida de esa gente no vale dos mangos. Los que quedan excluidos solo disponen como respuesta vital la violencia, último recurso de los desesperados. Y en la hemorragia interminable del consumo se moldean subjetividades indiferentes, también intolerantes en tanto y en cuanto las frustraciones se agudizan.
La posición de combate se establece desde un principio y atraviesa toda la producción artística del Indio. En el texto antes citado se reproduce uno de los primeros manifiestos de los Redonditos, donde ya el estilo literario de Solari se deja ver. “Muchos Redonditos se oponen a un sistema que se dedica, por necesidad, a hacer apáticas a las poblaciones, destruyendo continuamente el estado de ánimo.
Los Redondos son amateurs (que aman y aman otra vez) porque hacen lo suyo sin espíritu de maestría ni de competencia.
Los Redondos no quieren un hombre homicida ni se suscriben a creencias extendidas como “el fin justifica los medios”. Ni soportan un sistema donde se encadena en nombre de la libertad, se mata en nombre de la vida y se miente en nombre de la verdad.
¡ETCÉTERA!...”
“Pabellón Séptimo” es, quizás, el tema que mejor ilustra la tragedia social en la Argentina. Como Picasso con el “Guernica” o Goya en “Los desastres de la guerra”, se narra la historia de la masacre del Pabellón Séptimo, cuando una brutal represión a personas privadas de la libertad por parte de agentes del Servicio Penitenciario Federal dejó como saldo 65 muertos asfixiados, baleados o torturados en el penal de Villa Devoto. El caso es investigado como delito de lesa humanidad. El hecho ocurrió la noche del 14 de marzo de 1978. La letra no es para los que están adentro, advierte el Indio antes de cantarla, es para nosotros, lo que estamos fuera, para sentir en el propio pellejo las condiciones miserables de un sistema judicial que, lejos de contener el delito, lo multiplica en los sujetos que formatea. Esos chicos son como bombas pequeñitas, la violencia del sistema, duplicada en nuevas subjetividades: “Esos pibes no sienten nada, no sienten que se pueden morir. Y nada por vos”.
El distanciamiento crítico de la poesía del Indio parte de un pleno reconocimiento de aquello a lo que se opone. Y desde ese lugar se piensa como un manual de resistencia, con el humor de los sobrevivientes. “Más de una vez me escuché decir que en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida”.
La invitación al ánimo, a salir a la ruta, a “mutar porque nos gusta el bondi a Finisterre y porque vale la pena la leyenda del futuro”. A descreer del consumo como fuente de felicidad, a sostener banderas, luzca el sol o no, a las pasiones alegres del encuentro con el otro, a ejercer la suerte del principiante, “Al amor, a jugar y a luchar te invité”, dice en el tema interpretado bellamente por Valentina Cooke8, y ratifica así su posición de rechazo a un sistema que hace a las personas desdichadas. En definitiva, a la necropolítica y su descarte humano.
William Burroughs anticipó que el lenguaje es un virus del espacio exterior. Alienígena o mística, la palabra es eminentemente creadora. En el prólogo de “La Revolución Electrónica”9, Carlos Gamerro destaca que “Burroughs parece reclamar los mismos poderes para la palabra humana. La palabra poética nunca se ha resignado a la pérdida de este poder mágico que alguna vez fue suyo. Lo que equivale a decir que la palabra poética es, en su raíz, cinética. Y este podría ser su vínculo más profundo con la palabra política. La utopía última de la palabra política se vería realizada en una revolución cuya historia posterior comenzara con las siguientes palabras: ‘Y entonces Burroughs (o Marx, si prefieren) dijo: hágase la revolución. Y la revolución se hizo’”.
El indio simplemente nos dice “Yo sé que no puedo darte algo más que un par de promesas, no. Tics de la revolución, implacable rocanrol y un par de sienes ardientes que son todo el tesoro”.
Porque cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón. Y así podría seguir enhebrando frases para construir un texto personal de resistencia que por extensión afectiva se expande en diversos niveles.
Para finalizar me gustaría mencionar la naturaleza de hibridación en las composiciones del Indio, donde se advierte la convergencia desde lecturas diversas hasta los universos del comic, la citas filosóficas, los nuevos lenguajes y sonidos tecnos, el argot de bandas, las violencias físicas y simbólicas, y una galería de personajes que ilustran las formas humanas de lo que pasa en las calles. En las memorias le dice a Figueras “el escritor debe ser capaz de ver cualquier cosa, por horrenda que parezca. No perderse detalles, ser capaz de considerar las miserias más grandes, de intuirlas. Porque por ahí pasa su trabajo, esencialmente: dar cuenta de las dimensiones de la experiencia que van más allá del sentido común”.
Por estos días, el Indio está presentando su obra “Brutto”10 en el Museo Mar, donde ejercita otra de sus pasiones artísticas, el dibujo y la plástica. En este caso, se trata de obras digitales. Especie de collages donde pareciera que la técnica del Cut-up11 interviene las imágenes para describir al mundo de hoy. En la presentación se dijo que era “una experiencia visual en serie donde se entrelazan contornos de la naturaleza, la figura humana, conjuros, diablos y elementos mecánicos que se rebelan contra la mesura académica de la estética y las formas encorsetadas”.
En definitiva, un lenguaje que busca con-mover hacia un sentido liberador. Decodificar los códigos que nos esclavizan. Develar lo que los medios velan. Anunciar los signos de los tiempos. Y reencontrarse con el origen dionisíaco para enfrentar la maquinaria capitalista que mata o reduce a mercancía. En la apropiación personal de una colección de citas de las letras del Indio, al estilo de Walter Benjamin, uno puede construir su propio manual de resistencia. Y a la vez, un manual de poesía, para volver a leer el mundo. Comprender, pero también transformar. En uno de sus últimos temas nos advierte: “Viví tu memoria, asombrate. Dejá que tu mente te encuentre. Si lográs que no roben tu alma quizás puedas volver a dormir por el mundo en tu sleeping bag y soñar. Y soñar...”12
?1 Indio Solari - Otra ruta desierta.
2 Leónidas Lamborghini- “Cabeza Quemada” en el libro “Encontrados en la Basura”.
3Marcelo Cohen – “Una morada ambulante – (escritos sobre poesía)” – Ed. Entropía. Buenos Aires 2024.
4https://transtierrosblog.wordpress.com/2017/05/17/leonidas-lamborghini-una-entrevista/
5Poeta, nacido en Montevideo en 1977, es además ensayista, músico, investigador, periodista cultural y docente de Literatura por el IFD de Rocha. Es autor de doce libros y también ha grabado discos.
6Jotaele Andrade. Poeta. Nacido en La Plata. 1974.
7Indio Solari. Recuerdos que mienten un poco. Conversaciones con Marcelo Figueras. Ed. Sudamericana 2019.
8Serenata de los santos fumadores / Valentina Cooke - Indio
9“La Revolucion Electrónica” – William Burroughs – Ed. Caja Negra- 2009
10Museo Mar de la ciudad de Mar de Plata – Muestra inuagurada el 26 de febrero de 2025.
11Técnica de reinvención del lenguaje creada por W. Burroughs.
12Fragmento del tema “El tío Jack” (homenaje al escritor Jack Kerouac).
