Nota N° 860

Rogelio "Paco" Tavecchio y las glorias del turf

domingo, 21 de septiembre de 2025 · 08:30

Escribe: Jesús Chirino

 

De la mano de su nieto, retorna el  “Mago” Tavecchio, hombre de gran prestigio en el turf argentino. Vuelve en un libro que cuenta parte de la historia de este trabajador, uno de los cuidadores más reconocidos en el mundo de las carreras de caballos. A la par, se cuenta el desarrollo del turf en la ciudad de Villa María.

El cuidador y su mundo

Tanto la historia de las carreras de caballos como la de todo el mundillo del turf no han sido de gran preocupación entre los historiadores locales. El villamariense, reconocido cantautor, profesor de Historia y documentalista Sergio Castro presentó- su libro “El Mago Eterno: Rogelio ‘Paco’ Tavecchio. Glorias del Turf”. Según el propio autor, las 142 páginas de este material son  “...un homenaje a un grande indiscutido, que dio tantas alegrías a los amantes del turf, en todo el país”. Se refiere a su abuelo, el prestigioso cuidador de caballos, al cual describe como “...un hombre de campo, bohemio, un ‘niño grande’, con un gran sentido del humor, un ‘hinchapelotas’ acostumbrado al trabajo diario sin vacaciones, sin domingos ni feriados. Lejos de toda etiqueta, muy poco afecto al dinero y muy poca conciencia del verdadero prestigio que tenía en su profesión en todo el ambiente turfístico de todo el país”.

Si bien “el Mago” Tavecchio es la figura central del libro, Castro, de manera inteligente, amplía la mirada y a lo largo de cada página va corriendo un velo permitiéndonos acceder a las particularidades de ese mundo de hombres, caballos, apuestas y relaciones entre los integrantes de diferentes sectores sociales. Las mujeres que aparecen nombradas son Amalia, la pareja del cuidador, y su hija Elsa, madre de Sergio.

 

Transformación del turf local

Los aportes del libro, editado por El Mensú, son varios. Entre ellos podemos mencionar que el autor presenta datos extraídos de documentos escritos y también de entrevistas que él mismo realizó, y logra organizar un recorrido del desarrollo de las carreras de caballos, arranca en las cuadreras en zona rural o en distintas pistas ubicadas en la ciudad. Así menciona, entre otras, las del bulevar España y otra en la cercanía de los tanques de Obra Sanitaria de la Nación. También aborda la decisión que un grupo de vecinos tomó en 1921, reunidos en el bar Victoria de la calle General Paz 57, de crear una entidad bajo el nombre de Club Social de Villa María. Tiempo después, el 6 de junio de 1924, quedaron aprobados los estatutos de la nueva organización social que, en 1935, adoptó el nombre de Jockey Club de Villa María.

Castro también se detiene en el surgimiento de Villa Hipódromo, “sobre la prolongación de la llamada calle Honda, o bulevar Vélez Sarsfield, y que, más tarde, sería la zona de quintas que rodeaban a la ciudad”. Por otra parte, menciona el nombramiento del juez de carrera Tadeo Padilla, quien se desempeñó como autoridad competente en las carreras cuadreras de entonces que se desarrollaban con numeroso público asistente. Entonces, los pleitos eran bastante habituales en el desarrollo de las carreras que no contaban con un marco regulatorio ni autoridades competentes que intervinieran para la solución de los conflictos.

El autor del libro avanza en la historia y nos va presentando la profesionalización de la actividad. Cuenta “la inauguración del Hipódromo, en su nuevo predio, sobre la ruta a Río Cuarto, donde permanece desde 1942...”. Se ocupa de las diferentes instalaciones necesarias para el desarrollo de la actividad, la localización de los studs “...en su mayoría, se encontraban en casas humildes de patios grandes los trabajadores del incipiente turf villamariense en los años 40. Era gente simple, muchos de ellos analfabetos, casi niños que se empleaban a cuidar caballos para ayudar económicamente en sus casas, los mismos cuidadores, su origen, por lo general, son gente de campo, con escasa escuela muchos de ellos, hijos de peones, dentro de un sector social diferenciado, incluso aquella clase media que mejoró sus condiciones a partir del primer peronismo”.

 

El adiós y el regreso de “el Mago”

Castro cita a Miguel Andreis, quien escribió diciendo que Tavecchio “de muy pequeño emigró a Buenos Aires, a trabajar en el stud de un cuidador-compositor, estrella de los años 20 y 30: Francisco Maschio: en San Isidro. El mismo que le había cuidado a Carlos Gardel, un legendario caballo llamado Lunático, bautizado el ‘caballo del pueblo’, que corría Irineo Leguizamo, otra leyenda del turf argentino de todos los tiempos”. Mucho tiempo después, en 1967, el famoso jockey Leguizamo visitó Villa María y recorrió la pista del hipódromo local montando la yegua “Costera”, que cuidaba Paco Tavecchio. Este acontecimiento se cuenta en detalle, mediante el testimonio de Manuel Albornoz, hombre que también fue protagonista del turf local.

También prestó su testimonio Juan José Reale, médico veterinario, titular del Haras “El Arroyo”. De muy pequeño conoció a Tavecchio, pues acompañaba a su papá, también apasionado por los caballos, al stud de “el Mago”, que se encontraba en la calle que actualmente se llama Müller, a una cuadra de la “Escuela del Trabajo”.  El veterinario y propietario de caballos que cuidaba Tavecchio señaló: “...no hay y creo que no va a haber un cuidador de caballos como Tavecchio, en relación a la vinculación y al conocimiento que tenía del caballo, solo con verlo, era realmente único. Cuando a mí me llamaba para que yo fuera a verle algún caballo, él ya tenía un diagnóstico con el cual yo, como profesional, también coincidía, algo realmente llamativo... Bueno... por eso era quien era...”.

El 24 de junio de 1984, en el Peugeot 504 que manejaba Cacho Calderón, viajaban el entonces senador provincial José María Parola, el jockey Hugo Ortiz, Tavecchio y el propio Sergio Castro. Regresaban desde Buenos Aires, luego de haber ganado con el caballo “Macho Tumbao” el viernes 22, en Palermo. Cerca de la localidad de Ballesteros, en la Ruta Nacional 9, un accidente vial terminó con la vida de Calderón y de Tavecchio. El cuidador había nacido el 25 de marzo de 1926, en Santa Eufemia. Fuera de las aulas escolares pudo aprender a leer y escribir y desarrolló un inmenso saber en su relación con los caballos de carrera. Ahora su vida forma parte de un libro que recoge varias decenas de nombres de cuidadores, dueños, peones y otras figuras del turf local. Ese material ya está disponible y cubre muchos más aspectos de los que se reflejan en esta nota.