José de San Martín - Una mirada en un mes especial

Los momentos en el ostracismo

Un recorrido por los últimos años del símbolo nacional

Escribe: JORGE DAHER FUNDACIÓN CIESO

 

En agosto conmemoramos un año más del fallecimiento del ilustre argentino José Francisco de San Martín, nuestro Padre de la Patria. Hoy queremos rendirle humilde tributo rememorando sus últimos años en el ostracismo y últimos días en Boulogne-Sur-Mer.

¿Por qué ostracismo?: San Martín, por propia voluntad y luego de la entrevista con Simón Bolívar en Guayaquil, decidió apartarse de toda responsabilidad política, militar y gubernamental  en el territorio del Río de la Plata, ya liberado del dominio español. Se dedicó a la educación de su hija Mercedes en Europa desde 1824.

En 1826 le transmitió a Tomás Guido por escrito: “He trabajado dos años consecutivos en hacer extractos y arreglar documentos que acrediten no mi justificación, pero sí los hechos y motivos sobre los que se ha fundado mi conducta en el tiempo que he tenido la desgracia de ser hombre público”.

Esta etapa de su vida se extiende desde 1822 hasta su muerte, en 1850, caracterizada por su exilio voluntario, aunque sin romper completamente sus lazos con la Patria.

 

Primera etapa

En 1824, San Martín embarcó hacia Europa con su hija Mercedes, iniciando un período que duraría hasta su regreso a Argentina, en 1829. Durante su estancia en Europa, residió un breve período en Londres, pero se estableció en Bruselas (Bélgica) y París, manteniendo contacto con figuras políticas y militares, pero sin involucrarse.

En ese retorno a su país, en Río de Janeiro  se enteró de que Juan Lavalle había ordenado fusilar al coronel Manuel Dorrego, ambos soldados a su cargo en la campaña libertadora, lo que le produjo una  profunda conmoción y gran tristeza.

En el puerto de Buenos Aires, sin desembarcar por tales acontecimientos,  muchos amigos y compañeros lo visitaron en el barco. En sus Memorias leemos que él les confesó: “Me enteré en Río de Janeiro, y luego en Montevideo, sobre los tristes acontecimientos sociales que se viven en la Argentina. Entonces decidí no desembarcar y regresar a Europa. Mi sable no se desenvainará jamás en guerras civiles”.

En febrero de 1829, San Martín descendió en Montevideo y permaneció tres meses. Desarrolló una intensa actividad social y política, a través de reuniones, agasajos y reconocimientos. Incluso, con ofertas de poder. Antes de emprender el regreso definitivo a Europa le escribe al oriental Fructuoso Rivera: “Dos son las causas principales que me privaron del consuelo de estar en mi Patria: la primera, no mandar; la segunda, la convicción de que no podría habitar mi país en tiempos de convulsión, y sin mezclarme en divisiones”.

 

Estancia definitiva

De regreso en Europa, San Martín vivió en Francia. Alternaba viajes a otros lugares y se reencontró con su compañero Alejandro María Aguado, quien prometió ayudarlo “sin límites”.

Aguado vivía en un palacio de Petit Bourg y era alcalde del lugar. Muy pronto hallaron una casa en venta, junto al río Sena, ubicada en Grand Bourg. La adquirió San Martín  en el año 1834, gracias a la operación crediticia facilitada por su amigo y, además, con el excedente, el General adquirió otra casa, situada en el centro de París.

En Gran Bourg vivió 14 años, hasta 1848, principalmente en épocas veraniegas, mientras que en invierno se instalaba en París. La casa de Gran Bourg, en Francia, tiene su réplica en la sede del actual Instituto Sanmartiniano en Capital Federal.

La tranquilidad y el disfrute con su familia: matrimonio de Mercedes con Mariano Balcarce (1832), abuelo de María Mercedes, nacida en Buenos Aires en 1833. Segunda nieta, Josefa Dominga, nacida en Gran Bourg en 1836, ambas de apellido Balcarce y San Martín.

Algunos contratiempos de salud perturbaron su estancia feliz en Europa, pero logra sobreponerse. Con el tiempo, su amigo Aguado fallece y lega a San Martín joyas, diamantes y lo designa “albacea testamentario y tutor de sus tres hijos”. En septiembre de 1842, San Martín le escribió al general Guillermo Miller: “Mi suerte se halla mejorada, y esta mejora es debido al amigo que acabo de perder, el señor Aguado, el que, aun después de su muerte, ha querido demostrarme los sentimientos de la sincera amistad que me profesaba, poniéndome a cubierto de la indigencia”.

Estando en París y a instancia de su hija Mercedes, utilizando la técnica del daguerrotipo (primera forma de fotografía), San Martín posa por única vez, en 1848, a los 70 años. Este retrato se encuentra conservado en el Museo Histórico Nacional.

En febrero de 1848 estalló en París el movimiento revolucionario que fundó la “Segunda República”, con graves desbordes populares y sangrientas luchas callejeras. Por eso decide volver a Grand Bourg, como etapa transitoria. Su intención era trasladarse, junto a su familia, a Boulogne-Sur-Mer, hecho que logra gracias al periodista Alfred Gérard, y adquiere el departamento del 2° piso en el mes de julio. Este lugar tenía fácil acceso a Inglaterra, estrategia de protección que San Martín elaboró en caso de que la revolución pudiese extenderse.

Quedó tan impresionado Gérard con la personalidad de San Martín y, luego de haber conocido su gesta patriótica, escribe: “Es un anciano muy gentil, alto. Y ni la edad, ni las preocupaciones, ni los dolores físicos lo pudieron doblegar. Su rostro es expresivo, simpático y de mirada penetrante y alerta. Sus modales amables evidencian a una persona muy instruida. Habla varios idiomas y es un gran lector. Su conversación, fácilmente jovial, ejerce gran atractivo para el oyente. Más la bondad que trasluce constantemente, no tiene límites…”.

 

Agosto de 1850

El mes comienza para el general con muchos achaques. Le cuesta mucho subir las escaleras, debe siempre ser ayudado, pero no se queja, al contrario, no perdía su buen talante. Sin ayuda no podía leer ni escribir, la mala operación de cataratas lo había imposibilitado.

El día 13, por la noche, se sintió atacado por fuertes y agudos dolores al estómago. Tomó su calmante aumentando la dosis. Presintiendo su fin, le dice a su hija: “C’est  l’orage qui mene au port” (esta es la tormenta que lleva al puerto).

Miércoles 14: San Martín estuvo moribundo, pero debido a la intervención de su médico tuvo una reacción muy favorable, a pesar de la fiebre.

Jueves 15: transcurre un buen día, bien vestido, participa nuevamente de la vida familiar. Día de calor y agradable cielo. Mucho mejor dispuesto y con mayor fuerza que los días anteriores.

Viernes 16: igualmente, excelente jornada veraniega. Animado y vestido con armonía y decoro.

Sábado 17: nuevamente buena temperatura. Lo visita el cónsul chileno Manuel José Gandarillas. Almuerzo liviano con la familia.  A los postres se queja de un fuerte dolor de estómago y expresa que siente frío. Lo recuestan en la habitación de su hija y le expresa: “Mercedes, esta es la fatiga de la muerte…”. Fallece a las 15 horas, rodeado de su familia.

El Dr. Louis-Joseph Rosaz certificó su defunción.

 

Su cuerpo

Luego de tres días, sus restos ya embalsamados son llevados a la iglesia de San Nicolás, allí, en Boulogne-Sur-Mer. Posterior a las oraciones religiosas, los depositan en la cripta, lugar donde permanecerían hasta el año 1861.

Desde el 21 de noviembre de 1861, con el fin de tener cerca los restos de su padre, Mercedes lo traslada al cementerio de Brunoy (ciudad de Francia) y lo deposita en la bóveda de la familia Balcarce. Allí queda hasta 1880.

Nicolás Avellaneda, presidente de la Nación, concreta la repatriación de los restos cumpliendo lo que el General dejó en su testamento: “Desearía que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires…”

Hoy descansa el Gran Capitán en el lugar que se denomina “Capilla Nuestra Señora de La Paz”, en la nave derecha de la Catedral de Buenos Aires, desde el 27 de agosto de 1880.

 

Homenajes de la época

La prensa francesa destacó la gesta libertadora de San Martín. También el diario “Le Fígaro”, de París, publicó: “Ha muerto uno de los más grandes ciudadanos que haya producido la revolución de América del Sur. Nadie ha sido más valiente y hábil sobre el campo de batalla, más prudente y capaz en los consejos, ninguna vida política ofrece el ejemplo de una abnegación más completa y de un patriotismo más puro y modesto…”.

En Argentina, frente a sus restos repatriados, brindaron sus discursos Sarmiento, el presidente Avellaneda  y el embajador de Perú en Argentina, Evaristo Gómez Sánchez.

Por haber definido la identidad de Argentina como país libre e independiente ante el mundo, San Martín será por siempre reconocido como dignísimo “Padre de la Patria”.

Bibliografía: Del Instituto Sanmartiniano. Efemérides de Jacinto Yaben. Camino de Historia, de Adriana Gaitán, y Wikipedia.

Tuvo intensa difusión para el centenario del fallecimiento, en 1950.