Nota N° 873

Lian Flores Soraide, el niño desaparecido hace 10 meses

Este lunes 22 se realiza una marcha pidiendo por la aparición del niño de tres años, Lian Gael Flores Soraide, que desapareció en las inmediaciones de Ballesteros Sud. Entrevista con sus padres
domingo, 21 de diciembre de 2025 · 07:30

Escribe: Jesús Chirino

 

Llevar adelante un trabajo duro con el peso del dolor

El padre de Lian tiene sus manos callosas, fruto del duro trabajo que hace en el cortadero de ladrillos. Elías Samuel Flores nació hace 38 años, en Potosí. Le pregunto cuántos hijos tiene con su esposa, responde “seis hijos”, y con un tono más sombrío y triste, agrega “cinco nos quedan”. Hace silencio y mira a su compañera, Plácida Soraide Colqui, de 36 años, la mamá del pequeño Lian Gael Flores Soraide. Los dos comparten el dolor del hijo que hace 10 meses desapareció de las inmediaciones de ese predio que habitan. Un terreno cuadrado de 70 metros de lado que alquilan a Sergio Bollo. Hace unos cuatro años que en ese lugar tienen su humilde vivienda y trabajan haciendo ladrillos. Llevan poco tiempo cortando el barro con una máquina, antes los hacían a mano, logrando producir unos 2.500 por día. Tienen que sumar unos 80.000 para apilarlos de manera tal que formen un horno donde prenden el fuego para cocinar el barro.

La quema de cada horno de ladrillos lleva alrededor de una semana, un tiempo en el cual hay que estar, de manera permanente, cuidando que no cese el fuego. Plácida, señalando a su esposo, dice “a ese trabajo lo hace él, principalmente”, aunque, explica, también colabora en esa tarea, pero debe dedicarse a cuidar a los niños. Es un trabajo de vigilancia del fuego, aportando leños para que el mismo se mantenga y los ladrillos salgan en estado óptimo para poder venderlos.

Cuando les pregunto cada cuánto queman un horno, responden de tal manera que es claro que todo cambió desde aquella siesta del 22 de febrero de este año, cuando desapareció Lian. El matrimonio se mira entre sí y dice que después de que se llevaran a su hijo tardaron casi cinco meses en armar otro horno y hacer una nueva quema de ladrillos. Antes podían quemar un horno cada tres meses. Pero desde aquella siesta, de calor agobiante, la desaparición de su hijo ha vuelto todo más difícil a la familia completa: “No trabajamos bien, con este dolor no se puede trabajar...”.

 

Con un acento de dolor profundo

Plácida dice que los cinco hermanitos lo extrañan mucho a Lian, pero “más que nada la nena”. La niña les repite a sus padres: “En mis 15 no va a estar acá mi hermanito”, y llora. La madre dice que su hija, de 14 años, quería ir hasta el puente del río, en Ballesteros Sud, “quería tirarse, quería morir. Eso me da pena a mí”. También cuenta cómo sus otros hijos, de 13, 8, 7 y el menor, con casi dos años, preguntan por su hermanito desaparecido.

Hay dolor en la voz de estos padres, pero, a la vez, entereza para reclamar que los ayuden a encontrar a su hijo. La mamá, nacida en Sucre, dice algo que describe, en parte, su dolor: “Todos los días lloro, en la tarde, en la mañana. Ayer también. Fui a Córdoba y casi me desmayé. No se puede llorar ya, me duele mucho la cabeza, me estoy enfermando”. Agrega que cada día está peor.

Tanto Plácida como Elías han nacido en el extranjero y, por ello, tienen acento al hablar español, como lo tiene la mayoría de quienes han emigrado de Italia, Alemania, Francia, Inglaterra u otro país donde se habla un idioma diferente. En el caso de los papás de Lian, tienen el acento propio de quienes se criaron en un lugar donde se habla el quechua y el aymara, además del español. Pero su lenguaje corporal, las lágrimas, la tensión de sus músculos, las miradas de esos padres que sufren la ausencia de su hijo, no tienen otro acento que el del dolor profundo. Eso se nota en lo que hablan, en lo que escriben, en su caminar, en el trabajo, en los abrazos que les dan a sus otros hijos.

 

El paisaje

El cortadero donde trabaja la familia Flores Soraide está junto a otros predios similares, en los cuales también se hacen ladrillos de barro. Salvo esas tres o cuatro casas cercanas, el resto son sembradíos. En este tiempo, están madurando los maizales y los girasoles miran con devoción a nuestro astro mayor. Los distintos rastreos que hicieron las fuerzas de seguridad demostraron que el niño no estaba en esos campos aledaños. La familia cree que alguien del predio que reúne los cortaderos tiene que haber visto algo y piden que hablen, que digan la verdad, aunque sean cosas mínimas podrían servir para ayudar a esclarecer el caso.

Sosteniendo la imagen de su hijo, impresa en un papel, el papá de Lian dice que el calor que hace por estos días recrudece el dolor, porque el paisaje se va asemejando al de febrero y no se puede pensar en otra cosa que no sea en aquel sábado a la siesta, cuando se llevaron al niño.

Este conjunto de cortaderos de ladrillos están a unos tres kilómetros de Ballesteros Sud, solo se puede llegar por camino de tierra. Por ese mismo camino, pero en otro sentido, se puede ir a otras localidades; por ejemplo, Idiazábal. 

Según información pública, la Justicia encontró imágenes de pornografía y abuso infantil en celulares que pertenecían a vecinos de 21 y 16 años. También existen quienes recuerdan que en octubre de 2020 echaron de su cargo a un concejal de Ballesteros Sud luego de que el hombre, de 43 años, fuera detenido por delitos relacionados con la pedofilia. Ese caso judicial se inició a partir de un reporte internacional del Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados sexualmente de Estados Unidos. Desde ese lugar, se detectó que el concejal, de Hacemos por Córdoba, podría tener material con contenido sexual de niños y adolescentes, cuestión comprobada cuando fue detenido. El hombre, según Cba24, sería Lucas Nóbrega. ¿Qué relación tiene este último caso con la desaparición de Lian? Es probable que ninguna, pero pensar en esta y otras historias similares que se dan en la zona puede ayudar a abandonar la bucólica idea de que en los pueblos pequeños no pasa mucho. Estos datos también componen el paisaje de la zona.

 

Piden la ayuda del gobernador y respuestas de la Justicia

El padre cuenta cómo ve crecer a una niña que vive en la zona y que tiene más o menos la edad de su hijo desaparecido. Observa cómo la nena va aprendiendo nuevas cosas y piensa si su hijo también hará lo mismo. La mamá dice que desde hace un tiempo lo sueña, que antes no lo hacía, pero que ahora lo hace siempre y que, durante el día, se pregunta si está bien, si habrá comido. Lo recuerda diciendo que “Lian era buenito, muy inteligente, ya estaba hablando, algunas palabras faltaban. Él sabía mamá, papá...” y se queda repitiendo las palabras que decía su hijo.

El papá habla de esa ausencia que los atraviesa: “Al comer, se siente el vacío en el lugar que ocupaba Lian; por eso, nosotros pedimos a toda la gente que nos ayude, si saben algo...”. Plácida apela al sentimiento de las otras madres para que la ayuden, dice que no imagina regalo mejor en esta Navidad que el regreso de su hijo. Lo dice con esperanza en sus ojos y exclama que ella está convencida de que su hijo “está vivo, no está muerto”. Que si alguien sabe algo que pueda servir para la causa llame por teléfono al 134. Pide que la gente los acompañe en la marcha que se va a hacer para pedir por el regreso de Lian, este lunes 22 de diciembre, en Ballesteros Sud, a las 20 horas. 

Pide que el gobernador de la provincia, Martín Llaryora, los ayude. Hasta ahora, la Justicia no pudo dar una repuesta, ha fracasado en el intento de saber qué pasó aquel día, dónde está el niño. Los padres de Lian piden que no desaparezca de los medios de prensa la imagen de su hijo. Desesperados por el tiempo que va pasando, piden ayuda.

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