Las calles - Jorge Luis Borges

La mejor poesía en una calle

­El nombre de la calle le fue impuesto por medio de la Ordenanza Nº 3.685 del 15 de marzo de 1996, durante la gestión de Miguel Ángel Veglia
domingo, 23 de noviembre de 2025 · 08:40

Jorge Francisco Isidoro Luis  Borges nació el 24 de agosto de 1899 en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Era hijo de Jorge Guillermo Borges y de Leonor Acevedo Suárez.

 Su recorrido, de veintiún cuadras de extensión nace en Deán Funes y termina en Arturo Jauretche, en el barrio Parque Norte

Su relación con la literatura comenzó a muy temprana edad: a los cuatro años ya sabía leer y escribir. Estudió en Suiza e Inglaterra y vivió en España entre 1919 y 1921. Durante esos años colaboró en revistas literarias francesas y españolas, donde publicó ensayos y manifiestos.

De regreso a su tierra, participó con Macedonio Fernández en la fundación de las revistas Prisma y Proa y firmó el primer manifiesto ultraísta. En 1923 publicó su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires. En la década del 30 su fama creció en Argentina y publicó diversas obras en colaboración con Bioy Casares. Durante estos años su actividad literaria se amplió con la crítica literaria y la traducción de autores como Virginia Woolf, Henri Michaux o William Faulkner.

Fue bibliotecario de 1937 a 1945, conferenciante y profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Academia Argentina de las Letras y director de la Biblioteca Nacional de Argentina desde 1955 hasta 1974.

A la edad de 55 años quedó casi completamente ciego; numerosos investigadores han sugerido que su ceguera progresiva lo motivó a crear símbolos literarios innovadores a través de la imaginación, así como a preferir la poesía y los cuentos breves a las novelas.

 Borges utilizó un singular estilo literario, basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. La simbología que utiliza remite a los autores que más lo influenciaron, como William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad, además de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la filosofía.

Sergio Vaudagnotto, de nuestra Redacción, iniciaba su carrera en medios porteños cuando en el año 1983 le realizó un largo y valioso reportaje del cual extraemos lo siguiente:

- “Usted acaba de mencionar el tema de la matanza del indio. Cuando Roca hace la campaña, ¿no comete el error de matarlo en lugar de incorporarlo a la vida en sociedad?

-Cuando Roca hace la Campaña al Desierto ya estaba todo hecho. Fue un verso militar. Mi abuelo participó en esa campaña y quedó en mi casa un libro titulado ‘La estupenda conquista’. Si observamos que de un lado había rifles y del otro lanzas, la conquista sería menos estupenda de lo que pensamos.

Los indios no sabían lo que era un aljibe, una casa, pero se los hubiera podido integrar.

-¿Ni una sola reflexión sobre la actualidad nacional?

- Parece un cuento fantástico lo que ha pasado aquí. Hubo una dictadura digamos... irresponsable, que ha matado de muchas formas... La plata que se ha gastado en el fútbol, las autopistas y, mientras tanto, en un hospital de aquí, de la Capital, todos los días se presentaban casos de niños hambrientos.

Como los militares han demostrado su enciclopédica incompetencia y de los otros partidos mejor ni hablar, me alegra que hayan ganado los radicales. De modo que yo creo que nuestro deber de argentinos es sostener a este Gobierno que, por lo pronto, es un gobierno de caballeros.

-¿Cómo recibiría el Premio Nobel?

-Con mucho asombro y con mucha gratitud. Parece que se ha agregado un rito más a tantos otros hoy en el mundo; ese rito escandinavo de prometerme cada año el premio y dárselo después a otro, prometérmelo al año siguiente... Una ceremonia casi exacta, que se repite año tras año como la Navidad o el Día de Reyes. Está incluida en el calendario y no creo que se atrevan a romper esa tradición. Ahora ya soy el candidato número uno para el año que viene, siempre para el año que viene, lo cual hace que todo dure más y se vaya dilatando la esperanza”, concluía Borges.

Su obra se ve reconocida con innumerable cantidad de premios y reconocimientos, entre los que se destacan el Premio el del Fondo Nacional de las Artes 1963, el Premio Miguel de Cervantes 1979 y varios reconocimientos en universidades como la designación de Doctor Honoris Causa, Orden de Méritos y medallas de oro.

Ya anciano, Borges afirmaba: “Si tuviera que señalar el hecho capital de mi vida, diría la biblioteca de mi padre. En realidad, creo no haber salido nunca de esa biblioteca”, y también sentenciaba: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer:  no fui feliz”.

Murió en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986. Según cuenta Adolfo Bioy Casares, “murió diciendo el padrenuestro, lo dijo en anglosajón, inglés antiguo, inglés, francés y español”.

Kodama y Borges paseando por París­. Ella afirmaba: “Nosotros, como nos entendíamos tanto, debíamos venir de muchas vidas anteriores juntos”

Los amores  de Borges

Según sus más allegados amigos, Jorge Luis Borges era muy enamoradizo, pero solo tuvo tres mujeres que lo marcaron en su vida: Estela Canto, una joven traductora y periodista de 28 años (él ya tenía 45 años) y con quien estuvieron de novios siete años. Elsa Astete Millán, con quien se casó el 21 de septiembre de 1967 y se divorció en 1970, y  María Kodama, (foto) con quien se unió en matrimonio el 26 de abril 1986, poco antes de su muerte. Kodama era una exalumna y, posteriormente, su secretaria personal.

La vida afectiva del poeta, ensayista y cuentista argentino está signada por el idilio, la desilusión y se refirió a la épica del enamoramiento como un estado permanente. El gran escritor no tuvo hijos.

Todas sus publicaciones

Poesía                                       

Fervor de Buenos Aires (1923)

Luna de enfrente (1925)

Cuaderno San Martín (1929)

El hacedor (1960).

El otro, el mismo (1964)

Para las seis cuerdas (1965)

Elogio de la sombra (1969).

El oro de los tigres (1972).

La rosa profunda (1975)

La moneda de hierro (1976)

Historia de la noche (1977)

La cifra (1981)

Los conjurados (1985)

Ensayos                                        

Inquisiciones (1925)

El tamaño de mi esperanza (1926)

El idioma de los argentinos (1928)

Evaristo Carriego (1930)

Discusión (1932)

Historia de la eternidad (1936)

Otras inquisiciones (1952)

Nueve ensayos dantescos (1982)

Cuentos                                         

Historia universal de la infamia (1935)

Ficciones (1944)

El Aleph (1949)

El informe de Brodie (1970)

El libro de arena (1975)

La memoria de Shakespeare (1983)

Prólogos con un prólogo de

prólogos (1975)

Biblioteca personal (1988)

Prólogos de la biblioteca de Babel (2000)

El círculo secreto (2003)