A Fuego y Sangre - Se presenta este miércoles
“Eran momentos de extrema violencia”
Raúl Costa presentará esta semana su segundo libro, en el cual narra hechos de fusilamientos y muertes violentas en la historia argentinaRaúl Costa vuelve a ser protagonista en el plano literario, y lo hace con un nuevo título que tiene que ver directamente con la Historia Argentina.
El autor de “Pequeñas historias, grandes personajes”, redobla la apuesta y este miércoles desde las 20 en el Salón de Usos Múltiples (SUM) de Villa María con la presentación de su nueva placa: “A fuego y sangre (Fusilamientos y muertes violentas en la historia argentina)”, editado por El Mensú.
Barbarie
El texto de presentación, destaca que “a partir de 1810 comienza un proceso revolucionario, y también se inician décadas de violencia extrema en nuestra patria. Fue tremenda la crueldad del período que se inaugura con la revolución de mayo, y que continuaría e incluso se acentuaría con la guerra civil entre unitarios y federales.
Nadie quedaría exento de los excesos. Fusilamientos sin juicio previo, degüellos, decapitaciones, ahorcamientos, exposición de cabezas cortadas en plazas públicas e incluso en la puerta de iglesias, descuartizamientos, matanzas indiscriminadas, cadáveres en fosas comunes o sin enterrar, entre otras crueldades, abundaron como forma de imponer las ideas.
La barbarie era tal que incluso se invitaba a la gente a presenciar los fusilamientos, auténtica reminiscencia del circo romano. Se utilizaba el “castigo ejemplificador”, el crimen como advertencia del castigo para todo aquel que se opusiera a los dictados del momento. El escarmiento, el premiar a los ejecutores y en algunos casos también a los delatores que posibilitaban las detenciones, eran característicos.
Algunos fusilamientos, los más, fueron absurdos y totalmente evitables. Otros, pocos, anunciados, o “justificados”. Trataremos de desentrañar la verdadera trama detrás de cada uno de ellos, de cada muerte violenta, cuáles podrían haberse evitado y cuáles no, y también de casos verdaderamente fatídicos, como que el aviso del indulto llegue media hora tarde, o la orden fuera malinterpretada.
Espero ayudar a comprender la violencia del pasado, y ello sirva para entender y prevenir hechos desgraciados del presente y del futuro”.
-¿Qué tiene de distintivo este título?
-El título habla de los fusilamientos y las muertes violentas en la historia. En principio se había pensado solamente el hecho de los fusilamientos, pero quedaban degüellos, descuartizamientos y otros crímenes alevosos. Iban a quedar algunos personajes afuera, que eran importantes.
-Imagino nombres obligatorios y nombres que también sorprenden…
-La limitación en toda esta obra era el espacio. Había alcanzado las 240 páginas y Darío Falconi, editor, me advirtió que deberíamos cortar porque el texto iba a hacerse muy largo y la gente lee cada vez menos. En ese punto, hacerlo largo podía ser conspirar contra el espíritu de la obra.
Corté todo el recuento en el año 1865 por una cuestión caprichosa. Nos quedó afuera uno que no debería faltar: Urquiza, pero bueno, será motivo para una nueva edición.
Los que sí están son Santiago de Liniers, Francisco “Pancho” Ramírez, Manuel Dorrego, Facundo Quiroga, Martín Miguel de Güemes, Juan Lavalle y demás… Pero también hay otros personajes que no son tan conocidos y vale la pena relatarlos: Mariano Gómez, Juan Francisco Borges -que fue muerto de una manera increíble-, el general Juan Vicente Gómez o los hermanos Reynafé. Y lo que intento rescatar, en el hecho de investigar, es cuáles fueron evitables y cuáles no.
A modo de ejemplo, los fusilamientos de Dorrego y de Liniers fueron absurdos. Hubo otros, como el de los hermanos Reynafé, que estaba medio cantado porque habían confesado ser autores de la muerte de Facundo Quiroga y no les quedaba otro destino que la muerte.
-Y también hay mucho atrás, otra trama…
-Siempre. Después de todo esto buscamos la entretela. De Borges se dice que fue fusilado por media hora. La historia cuenta que le habían dado un indulto antes del fusilamiento y sale el chasqui (mensajero de aquel momento) llegó media hora después. Había salido un 31 de diciembre, se demoró una noche y al llegar, el primer día de enero, ya lo acababan de fusilar.
-¿Cómo se toman estas situaciones tan atroces?
-Es el lenguaje de la época. El siglo XIX en Argentina estuvo caracterizado por una violencia y crueldad absoluta, por eso hay tantos degüellos. A Marcos Avellaneda, padre de Nicolás, lo degüellan con un cuchillo mellado para que le duela más y fuera más lento el sacrificio (…), se disfrutaba eso, es el lenguaje de la época.
La violencia extrema impuesta en las guerras por la independencia o la Revolución de Mayo son un síntoma. Por eso, a los pocos meses de producirse, al primero que ejecutan es a Liniers que era el prócer que nos defendió de las invasiones inglesas. Esa violencia enmarcó todas las guerras por la independencia, y después -casi sin solución-, siguieron las guerras civiles entre Unitarios y Federales. Allí todo se acentuó hasta niveles increíbles… hay casos de violencia que ni en una serie uno los imagina.
-Recuerdo textos antiguos de la época rosista…
-Tomamos “La Mazorca” con algunos crímenes muy cercanos a Rosas como los Massa, padre e hijo, que eran cercanos y después lo traicionaron. Y tomamos ese periodo muy en consideración, porque a través de este “brazo armado” (La Mazorca) se produjeron muchos crímenes.
Otro dato que está bueno señalar, es que esa violencia era igual por los dos bandos: no es que los Federales o Unitarios eran unos buenos y otros malos: la violencia era ejercida por igual desde los dos sectores: sin juicios previos y cuando se tomaban prisioneros se los pasaba por las armas y esto no distingue entre ninguna de las dos fuerzas. La iglesia tuvo en esto un papel para nada neutral y para nada pacífico, porque muchas cabezas como la de “Pancho” Ramírez o la de “Chacho” Peñaloza -que se las cortaban para ser exhibidas- a veces también estaban en las puertas de las iglesias.
-¿Tiene algo que ver esto con la raigambre europea?
-Sí. Tiene mucho que ver con lo que venía desde Europa. Lo que llegaba, llegaba con muchos meses de atraso (las noticias eran en barco y podía tardarse dos meses en arribar). Nosotros tomábamos con atraso las medidas de tortura, de fusilamiento o de muerte que estaban siendo desechadas en Europa. Mientras (allá) se iba suavizando, acá estábamos en ese grado de violencia extrema.
-Apoyada por el contexto
-Sí. En este período se invitaba al público a asistir y se hacía en plazas públicas con la presencia de las personas. A veces los presentes vitoreaban, vivaban o hasta escupían al ya difunto.
-Imagino la cantidad de trabajo para este libro.
-Muchísimo. Y con mucha responsabilidad: no soy historiador, soy lector. Y al no ser historiador todo me exige el chequeo constante de datos y de esforzarme para no escribir algo que no es. Me baso en libros y no en internet. Voy a las bibliotecas porque considero que es una realidad distinta la de un libro con respecto a la de la web.
Siempre trato de encontrarle a cada personaje el costado inexplorado o desconocido, porque si voy a contar la muerte de Urquiza ya debe haber 500 autores muchos más reputados que yo hablando de eso. Yo pretendo agregarle algo, un valor extra. Que el lector vea en mi libro algo que no ha visto en los otros y eso exige una doble tarea.
Sobre el autor
Raúl Costa nació en la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba, el 15 de enero de 1961. Está casado, y tiene dos hijos y -por ahora- una nieta.
“A fuego y sangre” es su segundo libro, luego de “Pequeñas historias, grandes personajes. Relatos no tan biográficos”, editado en 2023. Además, es coautor del podcast “Siete minutos de historia”.
