Carlos Anselmo - Expone sus fotografías de etnias y vida silvestre
Diez horas por una foto
Con paciencia, dedicación y sus pies en el barro, el fotógrafo documental villamariense comparte sus experiencias en imágenes por una causa solidariaCarlos Anselmo es un arquitecto villamariense por nacimiento, pero ciudadano del mundo por adopción. Anselmo se fue de Argentina en 1980 y, tras visitar diversos países, su destino final fue Sudáfrica.
Eran tiempos del Apartheid, y una vez finalizada la segreación racial, la liberación de Nelson Mandela y el referéndum, consiguió ciudadanía sudafricana. De igual modo, nunca olvidó sus raíces y durante esta semana, y hasta el próximo 5 de agosto, estará exhibiendo sus fotografías en la Medioteca. El fin de esta intervención tiene un doble propósito: poner las fotografías en venta y donar parte de las ganancias a comedores solidarios y a las asociaciones que se encargan del rescate de animales.

Sus fotos dimensionan dos hechos: el comportamiento de la vida silvestre (animales salvajes) y las diferentes etnias del mundo. Obviamente África tiene mucho que ver con sus imágenes.
El fotográfo, que también colaboró durante varios meses con la BBC de Londres, dialogó con elDiario y expresó: “La idea de toda esta muestra es volver a la naturaleza. A las etnias uno las encuentra en todo el mundo. En Asia, América o África vas a encontrar culturas y sociedades que mantuvieron un gran contacto con sus tradiciones y su naturaleza. En un mundo donde hay tanta destrucción, ellos respetan volver a las fuentes”, inició. Al mismo tiempo, y también relacionando sus palabras con la naturaleza, resaltó “la necesidad de proteger a ambos (las etnias y la flora y fauna)”.
Para hacer un perfil de su historia, explicó: “Me fui de Argentina en 1980. Nací en Villa María, estudié arquitectura en Córdoba. Siempre tuve apetito por recorrer el mundo, y en junio de 1980 me tomé un avión. Empecé por España, como casi todos en esa época. Viví, trabajé; me fui a Suecia, pasé por Israel y trabajé -con gente- en todas partes del mundo. Hice contactos y conseguí un permiso de trabajo. En 1982 llegué a Sudáfrica y, tras recorrer varias ciudades, terminé en Ciudad del Cabo. Me hice ciudadano en 1992. No me casé, no tengo hijos y tuve libertad para viajar. He estado en 78 países y espero llegar a los 80”, resumió.
Carlos, que cosechó uvas, lavó baños y trabajó en empresas de limpieza -más algunas tareas relacionadas con la arquitectura- destacó que su vida nomáda le permitió romper “la mirada tan cerrada que teníamos los argentinos”.
“Empecé a amar mi cámara de fotos y tomé los instantes sencillos. Muchas fotos están tomadas con lentes de 400 mm; en la mayoría de las fotos no se dan cuenta que las estoy sacando (las personas). Con los animales fue otro tema. Hay que tener paciencia y entender su comportamiento. Fue mucha dedicación”, resumió.
Los “bichos”
Referido a cómo gestionó cada fotografía de animales salvajes, relató: “El animal depende mucho de las estaciones. Si vas a observar, tenés que aprender su comportamiento sexual. Lo que un animal más quiere es reproducirse. Uno tiene que aprender sus peleas, donde un macho controla su territorio. Y también cómo funcionan las sociedades: la hiena tiene una sociedad muy matriarcal. Se trata de un animal con mala prensa…, lo mismo que el perro salvaje”.
“Una vez que le agarrás el gusto te empiezan a gustar los pájaros, los insectos, las plantas y la interrelación de cada una de las pertes. Si a eso le sumás los problemas sociales, viendo que Sudáfrica es el país más desigual del mundo, uno se pone a pensar que el planeta está en peligro y Argentina no es la excepción, porque forma parte del mundo”.
“Hay fotos que he esperado 10 horas para sacar. Me quedaba en una aguada casi toda la mañana - o la tarde- porque veía (por ejemplo) un animal herido que era una potencial presa”, rememoró.
Los hombres
Existen muchas imágenes en la muestra, pero una de las sociedades que destacó Anselmo fue la de los himbas, una etnia de nativos de la región árida de Kunene, en Namibia (África).
“Quedan 20 mil miembros. Los himbas viven en clanes familiares. El hombre que tiene más recursos puede tener 5 o 6. Yo conocí uno en 2014, cuando estaba trabajando para buscar leones”.
“A veces tenemos una mirada colonizada sobre las etnias. Los investigadores suelen ser gente blanca con un ideal propio de cómo le gustaría que sea el mundo y las relaciones sociales. Al llegar a una tribu tan básica como los himbas, hay que tirar todo lo que uno sabe por la ventana, hay que empezar de abajo, con humildad y sin imponer nada. Lo he visto a esto con el tema de la conservación de la vida silvestre. Pueden llegar grupos a querer imponer, y no se trata de eso. Creo que toda comunicación, y forma de tomar confianza aunque no tengamos el mismo lenguaje, tiene que ver con los niños y la forma sincera en la que uno se relacione con ellos”.
