Ahí está el periodismo
Hacer el bien. Esa sería la síntesis del periodismo en estos tiempos. Hacer el bien informando, denunciando, advirtiendo y, sobre todo, pensando.
En tiempos en donde el poder llama a los periodistas “ensobrados” o donde muchos han suspendido su pauta, este oficio debe persistir y defenderse como siempre lo ha hecho: por el buen camino. La pauta, en sí misma, no obedece más que a una cuestión obvia que siempre es necesaria de destacar: cada vecino, que abona sus impuestos, debe saber en qué se invierte su dinero y cómo vuelve -ya sea en obras, salud u educación-.
La Inteligencia Artificial o las redes sociales no nos son ajenas en esta tarea. Pero poco saben los algoritmos de sentimientos, historias y contextos. Pocos saben los algoritmos de fake news mal intencionadas. Oscar Wilde dijo una vez que mientras la mentira dio la vuelta al mundo, la verdad se está poniendo los pantalones..., o algo así.
Ahí, donde una mujer solicita ayuda porque una prótesis no le llega…, está el periodismo. Ahí, donde dos equipos de pueblo se miden en un partido ajeno a la agenda nacional, está el periodismo fotografiando, escribiendo y corrigiéndose. Está en la planta alta de algún edificio o en el ruido de ollas de un comedor comunitario, está en las manos de los gobernantes y los gobernados, fortaleciendo la democracia que nos permite elegir y ser elegidos.
La tarea, hoy tan jaqueada, sigue persiguiendo el mismo fin: hacer el bien por los demás e informarlo todo.
Como periodistas, el desafío es reflejar la realidad, dejando de lado los microclimas o el hecho de querer transmitir una realidad que solo el profesional percibe.
