Calles - Saturnino Urtubey
Tiempo de dos intendentes
El nombre le fue impuesto por la Ordenanza 949, del 13 de septiembre de 1954, durante la Intendencia de Jose´ PerazzoloEl apellido Urtubey nos remite a un tiempo de la historia villamariense, donde la contienda política local rozaba casi siempre hechos tan violentos, como rutinarios.
El historiador y colaborador permanente de elDiario, Bernardino Calvo en La ciudad, las obras y los días, reseñaba en su momento: “El Concejo Deliberante de Villa María envió una nota al farmacéutico Jacobo Repetto para que se hiciera cargo de la Intendencia municipal considerándolo el ‘intendente legal’. En realidad, existían dos gobiernos municipales paralelos en Villa María, como consecuencia de tumultuosos episodios políticos que se venían sucediendo desde meses atrás. Uno era el ‘oficialista’ Saturnino Urtubey, electo en aparente fraude electoral, y otro el mencionado ‘opositor’ Jacobo Repetto, representante de un grupo de ciudadanos que pretendían renovar las metodologías políticas de la época”.

El concejal Rafael Pellegrini se dirigió entonces al jefe político, José María Altamira, quien era representante del gobernador, tenía a su cargo las fuerzas policiales y era amigo de Urtubey, para que ordenara la apertura de la Sala de Sesiones del Concejo Deliberante y, el 6 de abril de 1905, dispuso que se procediera a habilitar el acceso de los concejales. El enojoso pleito político e institucional entre los bandos concluyó con la intervención de las autoridades provinciales que designaron a las primeras "autoridades municipales de facto", vale decir, no electas por el voto popular, que asumieron con el nombre de "Comisión Administradora" para que procedieran a normalizar la situación institucional y convocaran a nuevas elecciones municipales.
A la vez el exintendente Horacio Cabezas, recordaba oportunamente: “En 1905 Urubey fue promovido a intendente municipal por el Partido Autonomista Nacional. El candidato de la oposición era don Jacobo Repetto, idóneo en farmacia. El proceso electoral fue calificado de fraudulento y de parodia electoral por los adversarios de Urtubey.
Don Francisco Seco, presidente del Honorable Concejo Deliberante (HCD) adherido a la denuncia, se negó a la entrega de la intendencia al Sr. Saturnino Urtubey, reclamando una nueva elección.
Firmaban el manifiesto acusatorio los señores Víctor Seggiaro, Bruno Ceballos, José Esteban Prieto, Fernando Correa y Manuel Reyno. Seco, presidente saliente del HCD, se plegaba a la denuncia y se proclamó intendente interino de la ciudad, en tanto no se hiciera una nueva elección.
Seco, presidente saliente del Concejo, invocando las mismas razones de fraude, se negaba a entregar la intendencia a Urtubey. Se sucedieron numerosos actos de protestas y graves y violentas denuncias de uno y otro bando que solo fueron amainadas por los sucesos nacionales que ocurrieron con motivo de la revolución de 1905 y que tuvieron significativa repercusión en nuestra ciudad.
Seco encabezó la Comisión de Resistencia e invocando su carácter de intendente interino insistía en reconocer como válida únicamente su propia convocatoria y constituyó su despacho en el domicilio de su adepto Martín Rey, pero las circunstancias le fueron adversas y pasó a ser encarcelado, aunque por breve tiempo.
Esto dio como resultado la coexistencia de dos intendentes. Desde la casa municipal Saturnino Urtubey posesionado de hecho de toda la administración municipal, apoyado incondicionalmente por la Jefatura política. Al otro, lo ejercía Seco, que contaba con mayoría en el Concejo.
Las elecciones convocadas por Seco, se realizaron el 20 de marzo de 1905 y dieron el triunfo a Jacobo Repetto.
En tanto la visión de José Pedernera, en su “Historia de la ciudad de Villa María”, remarcaba: A pesar de lo resuelto por el Concejo en su última sesión, se llevó a cabo el comicio convocado por el doctor de la Colina. Presidió el acto el conjuez Silverio Bermúdez y en él resultó electo intendente Urtubey, sin la concurrencia del radicalismo, que hizo todo lo posible por obstaculizar esos comicios. Llegóse hasta secuestrar electores que, por ser conocidos amigos del situacionismo, hubieran concurrido a sufragar, si no se los hubiera impedido por la violencia.
La mayoría concejil, integrada por los señores José Estévez Prieto, Cardarelli y Pellegrini, se preparó para frustrar el triunfo de Urtubey. Contaba para ello con sus votos, además del Departamento Ejecutivo municipal ejercido interinamente por el presidente del Concejo.
Calificaban aquellos comicios de ilegal y fraudulento y en su consecuencia, se negaban a entregar la situación municipal al candidato electo en el mismo.
Los concejales Martínez Ferrer y Urtubey (Abelardo) se constituyen en sesión extraordinaria, aprueban la elección y toman juramento al electo, según así lo hacen constar en acta especial que agregan al expediente electoral.
Abelardo Urtubey, en su carácter de vicepresidente segundo del Concejo, cursa sendas notas al intendente interino, al ministro de gobierno de la provincia, doctor Nicolás M. Berrotarán, al jefe político don José María Altamira, y a los gerentes de los bancos locales, comunicándoles que, en sesión extraordinaria, celebrada en esa fecha y bajo su presidencia, había sido aprobado el acto electoral realizado el 18 de diciembre del mismo año y que el electo, don Saturnino Uturbey, había prestado el juramento legal para hacerse cargo de su puesto del que lo posesionaría el intendente interino don Francisco Seco.
Al día siguiente, Estévez Prieto, invocando el título de vicepresidente primero del Concejo, trasmite un extenso telegrama al ministro de Gobierno, desautorizando las comunicaciones de Urtubey, a las que califica duramente y termina formulando airadas protestas por lo que aquí ocurría y que señalaba como groseros atropellos perpetrados por las autoridades policiales contra la ley y el derecho.
Urtubey, invocando su carácter de intendente electo, reclama de Seco la entrega del puesto, pero este se lo niega terminante y categóricamente.
Urtubey cuenta con el apoyo de la fuerza y hasta con la aquiescencia de casi todo el personal municipal, desde el secretario contador Juan A. Verdaguer hasta el ordenanza. Muy fácil le resultó posesionarse por la fuerza de la Casa Municipal y de todas las reparticiones dependientes.
La toma de posesión la realizó el 24 de diciembre de 1904.
Ante numerosos antecedentes que obraban en poder del gobernador de la Provincia, doctor José Vicente de Olmos, este resolvió poner punto final al desorden imperante en el municipio de Villa María.
Por ello, el decreto del Gobierno provincial dictado el 12 de mayo de 1905, según el cual se declaraba la acefalía de la administración municipal villamariense, mereció el más franco aplauso de la población. Todos estaban hartos de complicaciones y ridículos espectáculos de tinte demagógicos.
Por el mismo decreto, y de conformidad a la ley municipal entonces vigente, se nombraba la primera comisión administradora. La integraban Vicente Martínez Ferrer, Bernardo Soto y Rafael Pellegrini, que ejercerían, respectivamente, los cargos de presidente, secretario y tesorero.
El día 15 del mismo mes, la comisión asumió sus funciones, labrándose el acta pertinente que suscribieron los señores Martínez Ferrer y Soto, en carácter de presidente y secretario, respectivamente, conjuntamente con el jefe político, don José María Altamira, quien concurrió como representante del Ejecutivo provincial.
El largo conflicto institucional del municipio de Villa María terminó así por aquel momento.
Para organizar las autoridades constitucionales del municipio el Gobierno provincial dispuso que se convocara al electorado para nuevos comicios, que luego de realizarse el 2 de setiembre de 1906 y resultó electo nuevamente Felipe Poretti.
