Crónicas urbanas - Lo independiente al poder
Darle una vuelta al Mundo
Desde 2004 hasta 2014, el bar y pub fue lugar de encuentro de bandas locales emergentes y artistas que más tarde serían consagrados. ¿Cómo lograr que los Talking Heads suenen en la pista y todos lo bailen?Son las 12 de la noche y un grupo de jóvenes, en medio de un frío que cala los huesos, aguarda en la vereda.
El recital era a las 12, pero son las 2 de la madrugada y aún no ha llegado ni siquiera el dueño de la bendita llave (ni que hablar del sonidista).
Esta noche hay música en vivo. Algunos creen que es Marioneta Mundana, otros hablan de Motorblues; otros, de Mutilador; otros, de Preciosas Ridículas; Sopló el Fantasma, dice uno; No deje al niño gritar o Juventud Suicida, o Guillotes, o Control Remoto, o Los Miedos, o Audio, o Kalzevitoz, o Penumbras, o MDO, o Prisma, o José Azocar en versión solista, o Fingiendo Ser Felices.
“¿Eskoria ya se separó? No hablé con Jairo”.
El más avispado camina un par de pasos y observa un afiche pegado contra la pared. “Toca Benigno Lunar”, responde seguro. Al resto no le importa, porque saben que hay show. Algunos estuvieron antes en La Brújula y otros en Néctar (también estaba Octavo Pecado). El resto había hecho previa, sabiendo que “se pone” a las 4 de la madrugada, cuando el Negro Pérez se sube a la cabina o Mayco Vera, que todos los viernes hace “eso”.
Detrás de la barra, ya están bien frías las Budweiser. Es el bar de Pablo Batán Becerra y Nicolás Barri. Aunque detrás de la barra puede estar Juan Ranco o Javier Páez.
“Al Javi hay que preguntarle cuando vuelve Macroporno”.
El escenario, primero bajito y de madera; más tarde, alto y de cemento, tuvo con el paso de los años presencias destacadas (y no tanto).
Toda la escena independiente tuvo su espacio en Mundo Bar. Sí, de Mundo estamos hablando, aquel local ubicado sobre avenida Hipólito Yrigoyen 263, que con el paso de los años se volvió de culto.
En los primeros años de 2000, a pesar de la mala prensa que tuvo el nuevo milenio, Mundo -ex-Bang Bang- fue un oasis para todos los cansados de tanto plástico y pop.
El piso blanco y negro, con sus columnas en el medio y un par de mesas con sillas desordenadas lo eran todo.
Perdón, vuelvo al tema, en Mundo sonó Billordo, Boom Boom Kid (con Nekro, ex-Fun People, a la cabeza), Alfonso el Pintor, Matilda, 107 Faunos, Cabezones, Demonio de Tasmania (DDT), Chapasound, Flema y demás bandas de culto. Vienen a la memoria también Los todopantalla, Él Mató a un Policía Motorizado, Los Látigos, Dos Minutos, Carajo, Cadena Perpetua, Onda Vaga, Valentín y Los Volcanes, Cucsifae, Catarro Vandálico, Sr. Tomate, el Perrodiablo, She Devils, Francisco Bochatón (exlíder de Peligrosos Gorriones), Varicela, Juan Terrenal, Daltónicos, Fuckin Flanders y Poliéster. Porque también había presencia de la región. Venían desde San Francisco o desde donde sea.
Imposible olvidarse del mítico recital de Rosario Bléfari.
El fotolog y la cámara digital.
El Nokia 1100 y las botitas Converse (o John Foos).
Entradas a cinco pesos y cigarrillos encendidos en los pasillos.
Circuyt City y el Cuini Chiappero grabándolo todo.
Camperas tiradas a un costado y jóvenes dormidos en el largo sillón negro.
Eran tiempos de mochilas negras repletas de pins. Tiempos de pelo largo, fanzines y feria de discos independientes a un costado de la pista.
“A la Pía le compré Smiles from Chappanoland”, dice uno que se entera de que esta crónica se está escribiendo.
“Había un boliche en Córdoba al que siempre íbamos con las bandas: Belle Époque, pero después de la pandemia, tras convertirse en una verdulería, terminó cerrando”, recuerda. Y también recuerda que el mismo edificio que tuvo a Mundo y a Bang-Bang -cuyo titular era el Yiyi Aprile, con el paso de los años cambió de nombre a otro bar y también fue un salón de fiestas infantiles, y también la unidad básica de un partido político. Paradojas de la vida.
A la vuelta de los años, alguien tenía que dejar un mojón de lo ocurrido. El intento es no hablar de uno mismo, pero -al finalizar la nota- parece que la empresa no ha sido posible.
“Fue parte de una época única, había muchas bandas de Buenos Aires que quedaban encantadas con el lugar por el clima que había; Nunca se le cobró a una banda por tocar..., como solían hacer en otros lugares”, afirmó Javier Páez en diálogo con elDiario.
Páez, docente, escritor y rockero?(líder de Body Boo, Los Miedos y la mítica Macroporno), aún tiene en su memoria cada una de las canciones que sonaban en la pista hasta el amanecer, y lo valora. Sobre todo, valora la época 2004-2014, momentos en donde el lugar fue un hormiguero -que solía luchar contra las clausuras municipales- donde la pista explotaba con un repertorio imposible de repetir. ¿Cómo se baila un tema de Sex Pistols? ¿En serio que Picaflor de Chappasound tiene coreografía? En Mundo lo sabían.
