De la realidad a la ficción: la historia de la poeta Ana Ulehla, villamariense durante 50 años, nacida en Santiago del Estero y ahora radicada en La Rioja

La abuela Ana, una poeta con historia

Su historia de vida da para escribir uno o varios libros, y acá cuenta una buena parte de ella, donde Villa María es protagonista, así como las vivencias que acá la llevaron a ser escritora y divulgadora de las artes y la cultura

Ana Ulehla nació en 1936 en Icaño, Santiago del Estero. Luego vivió en Clorinda, Formosa, en donde convivió con los originarios pilagás, siendo parte de las comunidades que se dedican a la cosecha de algodón, en ese entonces una zona muy pobre de país, donde vivió con su familia en un galpón con piso de tierra, moviéndose en carretas jaladas por bueyes, como si vivieran en el siglo XIX. Su papá era checoslovaco y su mamá austríaca, y llegaron a la Argentina como tanto otros inmigrantes. Sus primeros tres hermanos fallecieron chicos, de gastroenteritis, después nació su hermana mayor, luego ella y siguió su hermano Pablo, que fue comisario de la policía en Villa María.­­

Ella, tras vivir también en Chaco y Buenos Aires, llegó a esta ciudad en 1948; tenía 12 años, y se trajo consigo el peso de una infancia difícil, que, sin embargo, acá sería larga y próspera. Estudió en el Nacional, “el viejo colegio al lado de la Catedral; ahí fue fantástico, porque los que enseñaban no eran profesores per se, sino médicos, abogados, farmacéuticos. Tuvimos a Madame Binache, que nos daba francés, y que vivía en el Palace Hotel (hoy, la Municipalidad). Son muchos los recuerdos. Algunas cosas se me olvidan, y eso que tuvo tres isquemias cerebrales”, cuenta Ana, lucidísima. En charla con elDiario, contó que prefiere que la llamen como todos la hacen hoy: abuela Ana.

Desde 1998, la poeta y difusora cultural, que forma parte de videochats y blogs con diferentes personas de las artes y de la cultura de varias partes del mundo, reside en La Rioja, donde se fue a vivir junto a la familia de uno de sus hijos, “pero a Villa María la tengo en el corazón. Viví 50 años ahí. Hice toda una vida. Y sin duda fueron mis mejores años”.

Durante mucho tiempo participó a distancia en un programa de Uruguay, en Radio Guardabosques, junto al reconocido locutor uruguayo Ricardo Salaberry, y por esa labor en dicha emisión ganó, hace 5 años, el Premio Victoria, de Uruguay, por su labor como difusora de arte, poesía, literatura y música.

 

Su lugar en el mundo

Más allá de vivir hace 26 años en La Rioja, la abuela Ana confiesa con emoción que fue, y es, Villa María, su lugar en el mundo, porque “al principio, fuimos muy pobres. Primero, viví en Villa Nueva, y luego en Villa María, en un barrio que denominaban ‘la boca del tigre’, cerca de la terminal, que ya no sé si exista; en un cuarto, toda la familia. Al final, papá, que trabajó en el frigorífico Carnevalli, pudo, a través del crédito hipotecario de Perón, comprar una casita donde viví muchos años. Trabajé de cajera en una de sus carnicerías, y luego estudié en el profesorado del Colegio Rivadavia. Y por mi buena pronunciación, gracias a que hablaba el checo que tiene esos sonidos difíciles, me dieron una beca para ayudar a mis compañeros con la dicción”.

“Luego abrí una escuela de inglés, que funcionó primero arriba de la tienda Los Vascos, frente a lo que fue Garavale. Además de mi escuela, en el Rivadavia di Fonética y Dicción e Historia de la Lengua. En el 65, a los 29, me casé con Oscar Parnenzini, nacido en Villa María y tuve dos hijos villamarienses. Con el instituto, que se llamó School of English, y que llegó a tener 140 alumnos, me fue muy bien, e hice un patrimonio, pero por temas personales y familiares muy tristes e injustos, me fui de la ciudad en 1998”, señaló.

Expresó que sigue conectada con mucha gente, y sobre todo con varios alumnos que tuvo en Villa María “que me recuerdan con mucho cariño, como Patricia Arias, Gastón del Río y Elsa Carmona, entre otros”.

 

La poesía en su vida

Hoy, Ana Ulehla tiene cuatro nietos, que ha criado como sus hijos, y vive tranquilamente en La Rioja. Ahí comenzó a escribir poesía, y ya tiene dos libros publicados, “Navegando a la deriva tras la estela de mis sueños” y “Buceando en lo profundo”: “El primero es más de amor, y el segundo más de introspección”, además de otros en camino. Pero pasó algo curioso, uno de sus nietos, con 14, cuando ella comenzó a grabar sus poemas y hacer video recitándolos, le dijo que le iba a armar una computadora y ayudarla grabándole sus videos, “grabé videos recitando poemas del libro Tabaré, y algunos poemas míos.  Eso, junto a videos sobre cantantes y otros poetas,  me relacionó con grupos de videochats y programas de radio, con los que colaboro también en YouTube”.

“Con Kurt Savoy, músico español, leyenda viviente y famoso silbador de los Spaguetti Western, base de la música de  las películas del viejo oeste hechas por el cine italiano, con directores como Sergio Leone y actores como Clint Eastwood, tengo un programa en YouTube que se llama “Silbando por la vida”, que tiene mucho éxito, y otro que se llama “Un café para dos”, que los hace Manuel Antonio Rodríguez Retamal, de la radio Krisol de Chile, y la gente los puede ver. Ahí tengo mucha participación, junto con otros, donde me dicen la abuela Ana, y me encanta, son mis amigos virtuales”, explicó.

De hecho, su relación con Savoy hizo que este le pidiera escribir su biografía, “pero como ya estoy muy grande y soy más poeta, lo conecté con mi amigo colombiano, Carlos Julio Correa Molinares, novelista, que escribe poesía por mí, y él fue quien escribió el libro ‘Así es y fue mi vida’”. Pero hay que decir que este proyecto fue por el empuje de Ana.

“Yo, con 88 años, sigo escribiendo poesía y algunos cuentos. Tengo dos proyectos poéticos, uno es un libro de haikus y otros sobre inteligencia artificial, con mucho humor. Participo en un grupo de estudio literario a distancia con España, y eso me ha llevado a ser más agresiva y experimental en mi escritura. Obviamente, en mis poemas se trasluce mi vida en Villa María, que tanto extraño y que tan importante ha sido para mí, una bella ciudad con gente muy hermosa. Extraño mucho la ciudad, las calles, a mis amistades, como Lucía Veleira, la escritora Puqui Charras o Teobaldo Morales, el río, todo, extraño lo abierto que allá son, porque en La Rioja la sociedad es más cerrada, que le tiene miedo a la cultura, y allá es todo lo contrario”, finalizó la abuela Ana.

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