La banquina de la fe
Un santo que no va por la calle
Con el paso de los años, la figura del Gauchito Gil se afianza en las Villas. Banderas, tatuajes y calcomanías con un rojo que lo invade todo. ¿Por qué? Un testimonio fotográfico y oralLas Villas y la región poseen varios altares de agradecimiento. Decenas de ellos. Hay grutas elaboradas en los ingresos de las viviendas o emplazadas en el centro de las plazas. Barrios con nombres de santos (San Nicolás, San Justo, Santa Ana o San Antonio, en Villa Nueva). No podemos olvidar la Gruta de la Virgen de Pompeya, repleta de placas de agradecimiento.
Pero existe un santo que no está en las calles ni en las veredas, sino en la banquina o en las pieles. Hablamos del Gauchito Gil, tal vez uno de los más populares a nivel nacional. Nos referimos así a íconos religiosos legitimados -o santificados- por el pueblo mismo que no han sido reconocidos como tales por la Iglesia Católica. Así como Gilda, Rodrigo, San Expedito o la Difunta Correa, Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido como el Gauchito Gil, se ha ganado un espacio en el imaginario popular.

Recorriendo la ciudad uno puede ver a personas tatuadas, otras con una calcomanía en su motocicleta (o auto) o hasta una bandera de Leandro N. Alem de Villa Nueva que tiene en el trapo la imagen del correntino.
Le agradecen, le piden protección o “un favorcito”. Sobre avenida Libertad (ruta 4) de Villa Nueva, o en avenida Colón, saliendo de Villa María, nadie se olvida de tocar bocina al pasar. Otros se detienen y bajan, prenden una vela, le acercan cigarrillos o le convidan un trago de vino. “Gracias, Gauchito”, “Siempre en mi corazón, Gaucho” o “Gracias Antonio, Familia R.”, son algunos de los mensajes que se van depositando. Algún transeúnte, que se ha quedado sin tabaco que fumar toma un cigarrillo prestado y promete que más adelante, cuando consiga dinero, se lo dejará en otro santuario. Y tiene que cumplirlo.
Pero esto no es nuevo y también ocurre en otras zonas de nuestra provincia, como, por ejemplo, en la ruta que va a Laboulaye, siguiendo por la ruta 4. Varios camioneros se han encomendado a él. Algunos asegurando que existen arterias peligrosas donde no queda otra que solicitar una protección extra que parece funcionar.
Promesa
El Pepo, La Piedra Urbana o La Liga son algunos de los grupos musicales que le dedican sus canciones. Damián, un tatuador villamariense radicado, asegura haberlo realizado infinidad de veces, aunque en muchas otras ocasiones, el Gauchito fue realizado por algún ilustrador amateur a cambio de la nada misma o a un precio mucho más bajo que el de un profesional. Lo mismo puede ocurrir con San La Muerte, pero esa es otra historia que se termina uniendo con la que nos convoca.
“Siempre que me ha tocado tatuar un Gauchito Gil tiene que ver con una promesa”, inicia Damián, quien agrega: “Sabemos que son promesas porque el mismo cliente lo cuenta… no es algo que tenga que ver con las modas o los gustos”, agrega.
En ese punto, y salvando dimensiones y distancias, reflejó: “El sentimiento, en este caso, es otro. El sentido era mayor, superando los tatuajes de la Copa del Mundo de fútbol del Mundial de Qatar 2022 o el mismo Lionel Messi… acá la cuestión es otra”, afianzó.
¿Quién fue?
Poco se sabe de los santos paganos, pero (aun así) se sabe que Antonio Mamerto Gil Núñez, hijo de José Gil y Encarnación Núñez, nació un 12 de agosto de un año que podría ser 1847 en Mercedes, provincia de Corrientes, en una zona que en guaraní llamaban Paiubre.
Amaba los bailes y las fiestas, en especial la de San Baltazar (un santo que era devoto de San La Muerte) y tenía buen manejo del facón, además de una mirada hipnótica.
Sufrió los horrores de pelear en una guerra entre países hermanos -durante la Triple Alianza- y fue reclutado por las milicias que luchaban contra los federales.
La leyenda narra que Ñandeyara, el dios guaraní, se le apareció y le dijo: “No quieras derramar sangre de tus semejantes”. El Gauchito no dudó y desertó del Ejército. Esa rebeldía, y conquistar a la mujer que pretendía un comisario, fueron algunos de los motivos de su sentencia de muerte. Le siguieron otras desobediencias intolerables para el poder de turno.
Con el paso de los tiempos, se ganó el amor y la complicidad de la peonada que lo empezó a reconocer como un justiciero que amparaba a los humildes (una especie de Robin Hood). Lo protegieron y lo alimentaron hasta que fue capturado. La Policía lo atrapó mientras dormía una siesta tras una noche de fiesta. Sus amigos fueron-en ese momento- abatidos, pero a él no le entraron las balas: lo salvó el amuleto de San La Muerte que colgaba de su cuello.
Acá hay múltiples versiones. Dicen que un 8 de enero -de 1874 o 1878- fue trasladado a Goya, Corrientes, para ser juzgado, pero en el camino cambiaron de planes y decidieron colgarlo boca abajo en un árbol de la zona para ultimarlo.
Ninguno de los presentes se animó a ejecutarlo. Sabían bien quién era. Finalmente, el coronel Velázquez -contra su voluntad, pero recibiendo órdenes “de arriba”- lo degolló. Dicen que su sangre cayó como una catarata que la tierra se bebió de un sorbo. En ese mismo instante nació el mito y su asesino se convirtió en su primer devoto.
“Con la sangre de un inocente se curará a otro inocente”, fueron las últimas palabras que le dijo el gaucho a su homicida. El coronel, luego de entregar la cabeza de Gil, fue a su casa y encontró moribundo a su hijo. En su desesperación recordó las palabras del gaucho, cabalgó a toda velocidad hasta la zona, juntó los restos de la tierra todavía húmeda por la sangre, untó a su hijo con ella y ocurrió el milagro.
Cercanía
La investigadora argentina María Rosa Loja identificó tres características fundamentales de los santos populares: cercanía con los más humildes, haber pasado pruebas y hacer milagros. Así, en lo últimos 30 años, el Gauchito Gil se convirtió en el santo pagano más querido y cada 8 de enero un millar de personas concurre a su santuario improvisado, a la vera de ruta 123, en la pequeña localidad de Mercedes, Corrientes. Si uno la visita, por Google Maps, se encuentra con un lugar donde abunda la humildad.
La crisis del 2001 y la migración de correntinos rumbo a otras partes de nuestra Patria tal vez sean algunas de las cuestiones que afectaron a la devoción popular y que se haga más conocido. Como parte de la identidad litoraleña, las banderas rojas comenzaron a poblarlo todo.
La cuenta de Instagram santuariosgauchitogil posee más de 500 fotografías y videos de santuarios del gaucho alrededor del país… uno de ellos en Nápoles, Italia, a metros del mural de Diego Maradona… y si de personajes populares amados por el pueblo hablamos.
