Una monja ermitaña nos introduce en un “mundo desconocido”

¿Qué es el “eremitorio San José” de Villa María?

En Argentina hay unas 30 personas que llevan la vida eremítica o ermitaña. Una de ellas lo hace en Villa María. Y hoy comparte su experiencia con nuestros lectores
domingo, 29 de diciembre de 2024 · 07:45

Introducción

La pregunta de muchos acerca de en qué consiste la vida ermitaña en que yo me desempeño como servicio a Dios y a los hombres, me ha animado a escribir estas breves líneas en la esperanza de que muchos otros conozcan este modo de ser eclesial, y, si se sienten llamados, puedan acceder a él. Así sea.

 

Parte primera

¿Qué es la vida eremítica?

1) La vida ermitaña

La vida ermitaña o eremítica se caracteriza por un mayor apartamiento del mundo hacia una relación contemplativa más profunda con Dios y en relación directa con Él.

 

2) Cinco formas de vida consagrada en la Iglesia

La vida eremítica está contemplada en el Canon 603 del Código de Derecho Canónico y se suma a otras cuatro formas básicas de consagración que tiene la Iglesia: los Religiosos, los Institutos Seculares, las Sociedades de Vida Apostólica y las Vírgenes Consagradas.

En Argentina hay aproximadamente unas 30 personas que llevan la vida eremítica en diversos lugares.

 

3) La tarea del ermitaño

Habitualmente los que han dedicado su vida a Dios y a los demás en el seno de la Iglesia adoptan un área específica de servicio: la catequesis, Cáritas, visita a enfermos, cárceles y hospitales, la escuela, misiones, etcétera. Todo ello consiste en actuar sobre el prójimo para agradar a Dios.

El ermitaño tiene un trayecto inverso de servicio: realiza todo su apostolado directamente hacia Dios, invocándole a Este las diversas necesidades o situaciones del prójimo, para servir a este.

Se trata de dos caminos y modos de servicios complementarios.

 

4) El día de un ermitaño

Para el cumplimiento de su misión, el ermitaño comienza su jornada en la madrugada y la concluye al ponerse el sol, en armonía con la naturaleza. En ese intervalo diario se distribuyen siete momentos de oración: la madrugada, el comienzo de la mañana, antes del mediodía, el mediodía, la siesta, el atardecer, y finalmente la oración conclusiva del día. Este método, denominado Liturgia de las Horas, con sus variables según los siglos, ha sido aplicado por la Iglesia casi desde sus orígenes, y es llevado a cabo también con menor intensidad por las otras formas de vida consagrada.

Los laicos están invitados a sumarse a esta corriente de oración a través de un formulario más breve. En todas las variables del método, lo que se busca es la santificación de las horas. A todo lo anterior se le suma en cada jornada en horarios variables, la Santa Misa, el Santo Rosario y momentos de Adoración.

Esta relación directa del ermitaño con Dios, suele complementarse con el auxilio circunstancial a situaciones de vida en las que laicos y consagrados solicitan al ermitaño, el acompañamiento espiritual puntual en situaciones complejas.

 

5) El sustento del ermitaño

A través del trabajo de sus manos, el ermitaño elabora artesanías, alimentos comestibles para la venta, entre otras diversas tareas.

A ello se suma la abnegada colaboración de donantes, para sufragar el monto del alquiler, cuando el Monasterio no es propietario de la vivienda.

Otros benefactores ayudan para abonar los servicios públicos, aportes jubilatorios, gastos de salud y otras necesidades que habitualmente surgen en la vida diaria.

 

6) La vivienda del ermitaño

Habitualmente el ermitaño vive solo, requiriendo, sin embargo, varios lugares para el cumplimento adecuado de sus fines. En primer lugar, una habitación con baño y cocina como vivienda, una dependencia destinada como capilla y una tercera dependencia para la realización de trabajos y artesanías. En la medida de lo posible una cuarta dependencia estará destinada a hospedería ante la llegada circunstancial de algún familiar o bien de consagrados para su atención.

“Esta relación directa del ermitaño con Dios, suele complementarse con el auxilio circunstancial a situaciones de vida en las que laicos y consagrados solicitan al ermitaño”. 

Parte segunda:

El “Eremitorio San José”

7) Mi vocación monástica

Después de varios años de vida laboral, resurgió en mí la vocación a consagrar mi vida a Dios, cuyo llamado había comenzado a manifestarse en mí, desde la primera infancia.

Tuve breve experiencia en vida religiosa activa y años en vida monástica y finalmente bajo el acompañamiento de un Abad Trapense en el Monasterio de Hinojo (Provincia de Buenos Aires), se cristalizó en mí la vocación dada por Dios a la vida ermitaña.

 

8) El “Eremitorio San José” en Villa María (Córdoba)

A principios de 2023 a través de visitas y diálogos previos con el obispo del lugar, con su conocimiento, el 6 de noviembre de 2023 comenzaron las actividades del Eremitorio “San José” en la calle Tucumán 210-218 del barrio General Paz, de la ciudad de Villa María.

Tras mi llegada, he recibido la acogida cordial de la comunidad y me siento integrada en ella.

“Me ha animado a escribir estas breves líneas en la esperanza de que muchos otros conozcan este modo de ser eclesial, y, si se sienten llamados, puedan acceder a él...”. 

9) Gracias a todos

Como agradecimiento deseo asegurar mi oración de intercesión por toda la comunidad y por cada persona en particular, intercesión que realizo cotidianamente desde la madrugada hasta el atardecer.

¡Gracias por todo, gracias a todos, gracias a Dios!

Hna. María Viviana en el Bautismo de Jesús.  Monja ermitaña

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