En el archivo y en la memoria

Supertaxi para un viaje por los 90

En 1993, Félix Sosa le colocó una televisión portátil a su remise. Tal recuerdo trajo consigo, a modo de eslabón, una serie de remembrazas referido a la realidad local y nacional
domingo, 24 de septiembre de 2023 · 10:05

El hecho de escribir tal vez sirva para que traigamos a la memoria aquello que olvidamos.  Algunos escritores decían que leer era escuchar la voz de los muertos. Algo de eso tendrá, salvando las distancias.

A veces aseguramos que no nos vamos a olvidar de las cosas, pero cuando traemos con nosotros anécdotas, historias y noticias, ahí está la emoción de nuevo (y también la sorpresa).

Hace exactamente 30 años, este diario contenía consigo una batería de noticias que envejecieron, o no tanto.

El Concejo Deliberante de Villa Nueva preparaba su nuevo hogar, sobre calle Sarmiento; se llevaba adelante una intensa campaña por el cólera, epidemia que nos afectó y nos atemorizó; se celebraba a nivel nacional que Diego Maradona iba a ponerse la camiseta de Newell’s Old Boys de Rosario y el escritor local Alejandro Schmidt se aprestaba para presentar un poemario que hoy es mítico: “Dormida, muerta o hechizada”. Un Dacia se comercializaba a $10.950 y La Madrileña anunciaba su sucursal en la esquina de bulevar Cárcano y avenida del Libertador.

En medio de todo esto, nuestro matutino presentó una nota que llamó la atención: “Querida TV, te llevo en el auto”.

El texto, firmado por el periodista Leonardo Villafañe (con paso más tarde en diversos medios gráficos), narraba una colorida semblanza de un taxista villamariense que a su coche le había sumado una televisión portatil.

El año 1993 estuvo marcado por diversas cuestiones -políticas y más-. La globalización ya era una realidad y el consumo televisivo picaba en punta. Inclusive, por aquellos momentos también se hablaba del valor de la televisión por cable.

Diego Maradona iba a ponerse la camiseta de Newell’s y el escritor local Alejandro Schmidt se aprestaba para presentar un poemario que hoy sería mítico: “Dormida, muerta o hechizada”

 

“Empieza la novela”

La nota -publicada un viernes 10 de septiembre de 1993-, narraba lo siguiente: “La mujer se trepa al coche tipo 4 de la tarde. Se desparrama en el asiento trasero, bien en el medio, cosa que le quede en frente el hueco que se abre entre las dos butacas de adelante”.

“Confirma al chofer su destino y mientras se calza los lentes, pide por favor “póngame la tele en el 10, que empieza la novela”.

“Lo dice con inocultable satisfacción, aunque disimulando el entusiasmo, como quien trata de insinuar que está acostumbrado a esas comodidades”.

“Mándeme el auto con televisor”, reclama desde el teléfono el hombre trajeado, mientras acaricia la manija del maletín, listo para marchar al centro en procura de un trámite”.

“El sumun de la fruición para los tevemaniácos, o el berretín de los que gozan el mínimo detalle de la comodidad a cualquier nivel, el punto es que Félix Eduardo Sosa, adquirió a esta altura cierta popularidad en la ciudad desde que decidió instalar, hace tres, un pequeño aparato de televisión en la unidad 113 de “Remises Villa María”, a cuyo volante se lo puede encontrar diariamente en largas jornadas”.

“Parece que el hombre se aburría cuando le tocaban largos ratos de estar estacionado “en espera” y no tuvo mejor idea que colorar, sobre el tablero de su vehículo, casi a la altura de la guantera, un televisor chiquito, en el que engancha los canales 8, 10 y 12 de Córdoba”.

“En realidad mató dos pájaros de un tiro: resolver, por un lado, su propio entretenimiento, distracción o necesidad de estar informado toda vez que se detiene a comer o esperar, y adozar a su servicio una curiosidad, un toque de color, (aunque, claro, el TV es en blanco y negro) que le aseguraron unos porotitos de fama entre los usuarios”.

“Félix descarta ser un obsesivo de la televisión. El problema es que arranca tipo 6.30 de la mañana y no se baja del coche hasta la tardecita, incluso, en ocasiones, se estira un poco hasta la noche”.

“En todo ese tramo, casi no regresa a su casa. Entonces, con el tele, además de escaparle a la realidad, impide que la realidad lo pase por el costado sin mirar algunas noticias cuando almuerza”.

“La gente lo recibió bien”, confiesa Félix, al tiempo que en la atribulada pantalla comienza a cobrar definición la sonrisa bonachona del chico “Golden Rocket”, que conduce El Agujerito sin fin.

Todavía no cundió el ejemplo, pero el chofer recuerda el gesto de un simpático locutor de una FM local, quien captó la novedad y enseguida mandó al aire el chivo tras recomendar a la audiencia que “pida el 113 y no se pierda la novela”.

“¿Qué es lo que tenés ahí?, ¿Un televisor?”, se sorprenden algunos. “¡Mirá, nos toco el auto con tele!”, suele ser la reacción de los chicos, comenta a El Diario el conductor, mientras enfila hacia las afueras de la ciudad en busca de un cliente que pidió expresamante “el auto con tele”.

El recorrido por el viejo ejemplar sigue: “$2,50 el kilo de milanesa de aguja; Haga banco, hasta que se caiga el sol. Banco del Suquía ahora atiende por la tarde; Compro casa chica, pago contado hasta 18 mil pesos; Cerró Pizzería Edén, que estaba emplazada en calle Entre Ríos, a metros de avenida Hipólito Yrigoyen”.