Cantata 2023 EN EL INSTITUTO SAN ANTONIO
Una revolución de música y baile
Como sucede cada dos años, se llevó a cabo este evento especial a cargo de los alumnos del secundario del colegio, quienes con dos funciones hicieron emocionar a las madres, padres y otros familiares que llenaron el patio central de la instituciónA través del arte, el movimiento y la música, la gran familia que conforman alumnas y alumnos, docentes madres y padres de familia y todos lo que trabajan en el Instituto San Antonio, se hizo realidad una fiesta que comenzó en 2007, la Cantata, la cual resalta los valores de franciscanos y educativos de esta institución fundada en 1901.
En la jornada del viernes último por la noche, y bajo el título de “La revolución soy yo”, quienes asistieron al colegio se rieron, disfrutaron y cantaron a full, a través de cada uno de los temas que escucharon, y con las variadas y coloridas coreografías protagonizadas por las chicas y chicos del secundario, dándolo todo en el escenario, que explotó con sus intensas ganas y energía.

“La Cantata 2023 se da en el marco de un proyecto que cumple 16 años, gracias al empuje de una profe, Sonia Marbo, y es un encuentro de jóvenes para que puedan expresar, a través de la música y el baile -una escusa si se quiere- sus inquietudes y problemáticas, mientras nosotros los oímos y acompañamos, promoviendo el trabajo en conjunto entre docentes y alumnado, generando un sentido de pertenencia a nuestra escuela, y fomentando la alegría, la espiritualidad franciscana y los valores que nos identifican”, explicó Alfonso Riera, director del colegio, con quien El Diario habló previo al evento.
Expresó que la estructura y el fundamento de la Cantata es, en esencia, hablarse y oírse entre todos, y este año la temática tuvo que ver con el concepto de revolución, como motor de cambio y transformación, y también celebrando 40 años de democracia “a través de este caminar en la vida democrática de nuestro país, celebrándola a través de la expresividad y otras formas de arte, porque también incluimos lo que las alumnas y alumnos quieren expresar con las artes plásticas, algo que se podrá ver en la pantalla del show”.
Además de la música, el baile y el arte, la Cantata, que contó con la presencia de 550 chicos en escena, se montó un patio de comidas para que las familias y todos los presentes también pudieran disfrutar de una variada opción de comida y bebida, y para que quien lo quisiera se tomara unos minutos, de las tres horas que duró cada unas de las dos funciones, para picar o tomarse algo.
El evento explotó
Pasada las 7 de la noche, el patio central del Instituto San Antonio estuvo casi colmado. El movimiento de chicas y chicos, de los distintos grupos de bailes, iban y venían, y en el ambiente se sintió ese normal nerviosismo antes del espectáculo, una mezcla de emoción e incertidumbre, mientras la hora de subirse al escenario se acercaba.
Antes, se los pudo ver a las chicas y a los chicos en el patio exterior, realizando los últimos ensayos, mientras madres y padres se fueron acomodando en sus asientos, expectantes. Por lo que algunos, como no queriendo la cosa, espiaron sutilmente desde lejos y por las ventanas a ver si veían a su hija o hijo por ahí.
Entonces, la luz se apagó y se encendieron los reflectores. Los encargados de conducir la Cantata saltaron con toda su contagiosa energía al escenario. Y rápidamente, tras la presentación formal, encendieron los ánimos de las familias ahí reunidas y, primero y principal, las de los protagonistas del evento, todas las alumnas y todos los alumnos del secundario, representando al Instituto San Antonio, quienes se entregaron de cuerpo y alma para beneplácito de los presentes.
Fue así que, tras más de dos meses de incansables ensayos, se cumplieron todos lo objetivos que el colegio se planteó, como proyectar los valores de unión, democráticos y del espíritu franciscano que los representa y motiva ante la familia toda del colegio. Y esta no se perdió detalle alguno, porque fue difícil abstraerse de un evento que celebró, sobre todo, al colegio en su conjunto, así como su manera de ser, educar y ver al mundo.
Desfilaron así uno a uno todos los cursos, cada uno con su música, cada uno con su baile, pero todos juntos. Unidos para fortalecer y proyectar en el tiempo a una institución que es parte vital de la Historia de Villa María, a través de su propia visión y valores humanos, y de familia, y de comunidad, y de espiritualidad, expresados por todo lo que los chicos y chicas hicieron, y que quedó absolutamente plasmado en el escenario.
