NOTA Nº 764
Maten a Alfonsín: atentados y repercusión local en 1986
El primer presidente de la Nación luego de la recuperación de la democracia vivió varias situaciones de peligro, entre las cuales se cuentan los atentados organizados en su contra. Hacemos memoria recordando, de manera especial, el que se produjo en una unidad militar de CórdobaNo salió la bala
Raúl Ricardo Alfonsín sufrió tres atentados. Uno, ejerciendo el cargo de presidente de la Nación, y dos más, luego de haberse retirado del mismo. En febrero de 1991, en la localidad de San Nicolás, ante la presencia de cinco mil partidarios, desde pocos metros de distancia, un joven le disparó con un revólver.
Al escucharse la detonación, el histórico custodio de Alfonsín, Daniel Tardivo, lo tiró al piso del escenario y tapó con su cuerpo al expresidente, a la vez que otros imitaron el gesto.
El agresor, Ismael Edgardo Darío Abdalá, de 29 años, fue capturado en el momento.
Quien tuvo a cargo la investigación, el juez Alberto Moreno, declaró que se trató de algo “milagroso”, pues, señaló, “la pistola estaba percutada, el plomo se hallaba salido de su vaina y se detuvo al inicio de su recorrido. Esto es absolutamente infrecuente porque, además, al quedar así, trabó el tambor, impidiendo que este girara y se continuara la secuencia”. Luego del terrible momento, Alfonsín se acomodó y continuó con su discurso.
Otro atentado se produjo el 6 de octubre de 1989, cuando estalló una bomba en un edificio al 100 de la calle Ayacucho de la ciudad de Buenos Aires, donde tenía sus oficinas el ya expresidente Alfonsín.
Una bomba preparada por manos expertas
El Diario, en la tapa de su edición del 20 de mayo de 1986, tituló “Desactivaron un explosivo en el Tercer Cuerpo de Ejército que visitaba Alfonsín”.
El hecho había sucedido el día anterior. El presidente, desde hacía un tiempo venía realizando visitas a unidades militares. Días antes, ya conociéndose su llegada al Tercer Cuerpo, se pintaron carteles contrarios a su visita, también se arrojaron panfletos en el centro de Córdoba con similar mensaje. Es decir, existía un clima hostil de parte de los militares a la llegada de Alfonsín. El jueves a la noche, antes del viaje del primer mandatario, el vicepresidente Víctor Martínez, en un programa de televisión, manifestó conocer ese clima, pero lo comparó con las protestas que pueden haber en ámbitos universitarios. Olvidaba que se estaba hablando de hombres armados.
También debe recordarse que un mes antes, el 21 de abril, el jefe del Estado Mayor del Ejército, Héctor Ríos Ereñú, visitó la misma guarnición. En esa oportunidad estalló una bomba en un refugio para pasajeros del servicio de transporte, ubicado en la entrada del barrio militar. Otro dato importante es que se había reportado el robo de explosivos a una empresa privada ubicada en la zona. Todo esto se daba en medio de los juicios que se le llevaban a integrantes de las fuerzas militares, luego de las condenas a quienes conformaron las Juntas.
Aquel lunes, a las 10 de la mañana, llegó el avión presidencial. Mientras suboficiales, soldados y empleados municipales borraban de las paredes de la unidad militar las pintadas infamantes contra Alfonsín, un oficial principal de la Policía de Córdoba descubrió dos cables. Al seguirlos encontró que se unían a un detonador eléctrico conectado a otro detonador que se podía accionar de manera remota. El material explosivo estaba compuesto por un mortero de 120 milímetros que contenía dos kilos y medio de TNT y, adheridos, dos tanques de combustible de un vehículo espacial, dos panes de trotyl de 450 gramos cada uno. La bomba, construida por manos expertas, estaba ubicada en una alcantarilla bajo el asfalto donde debía pasar el coche presidencial. El artefacto fue desmontado poco antes de la llegada de la comitiva al lugar. Alfonsín, como si todo se diera dentro de la normalidad, presenció los ejercicios militares y luego dio un discurso. El diario El País publicó: “Los jefes y oficiales recibieron sus palabras en silencio, no lo aplaudieron y renunciaron a hacer preguntas en el frustrado coloquio posterior”.
El repudio en Villa María
El primer comunicado que se conoció en Villa María repudiando el atentado estuvo firmado por Ismael Díaz y Carlos Giliberti, autoridades del partido radical, en lo local y lo departamental. Este posicionamiento se publicó en El Diario el 21 de mayo, junto a la convocatoria que hizo la delegación departamental de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos “a todos los defensores de la paz y la democracia” para que participaran en la marcha popular que se realizaría el 22 en el centro de Villa María.
El 23 de mayo se publicó que “alrededor de medio millar de personas participó en la marcha convocada por la delegación departamental de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, en repudio al fallido atentado perpetrado el último lunes en contra del presidente Raúl Ricardo Alfonsín”.
Entre quienes se sumaron a la concentración, convocada en la esquina de San Martín y Entre Ríos, se destacó una masiva concurrencia de jóvenes estudiantes del nivel Terciario, funcionarios del Gobierno municipal, autoridades de partidos políticos, gremios e instituciones de la ciudad. El titular de la delegación de APDH, Gregorio Felipe, junto a Victoriano Godoy, también directivo de esa organización, leyeron sendos comunicados repudiando el atentado. Por su parte, Felipe señaló que “el pueblo argentino ya está harto de violencia… Queremos paz y libertad”. En tanto, Godoy manifestó que el país “soporta todavía, en la larga noche negra del autoritarismo, una sucesión degradante de hechos nefastos”, agregando que “son ataques bárbaros contra la familia argentina y el Gobierno libremente elegido por el pueblo”. Emocionado, continuó su discurso remarcando que “sin dudas que, de haberse logrado concretar el terrible objetivo y muerte de Alfonsín, sería, en este momento, la hora en que todo el país sufriría una convulsión incontrolable, porque los enemigos de la democracia habrían reeditado la obra sádica, macabra y diabólica que nos amargó la vida”.
Luego de los discursos, los presentes, presididos por una gran bandera de APDH y un cartel del Centro de Estudiantes de la Universidad Tecnológica, marcharon por calle San Martín, giraron en Buenos Aires y siguieron por Yrigoyen y Corrientes, regresando al punto de partida.
El comité departamental de la Unión Cívica Radical repudió los ataques contra comités radicales en el país y el fallido atentado contra el presidente de la Nación, al cual, en una comunicación escrita, calificó como “una acción demencial por parte de quienes pretenden infundir temor y evitar la participación de la población”. El partido radical subrayó su apoyo a la marcha realizada el 22 de mayo en defensa de la democracia, “porque nadie defenderá mejor la libertad del pueblo que el pueblo mismo”. Por su parte, la Juventud Radical convocó a la marcha que ese viernes 23 se realizó en Buenos Aires, los ómnibus con jóvenes partieron desde la casa radical.
