Un texto enviado al Concejo Deliberante con interés general
Buteler: para que siga en la calle
El docente de Historia y titular de la Dirección de Patrimonio Histórico y Archivo se refirió a la figura del padre José Buteler, dueño de una historia singular y el porqué del merecimiento de que una arteria de la ciudad lleve su nombreA pesar de la tradición clerical y conservadora, en Villa Nueva no tenemos muchas calles que recuerdan el nombre de algunos sacerdotes que dejaron su impronta, no solo en la vida espiritual de los ciudadanos, sino en las construcciones patrimoniales que hoy podemos admirar en la ciudad y en la región. El padre Hugo Salvato es el único ejemplo de este tipo de reconocimiento que la ciudad adeuda con personas que, más allá de su vocación espiritual, se transformaron en actores socioculturales de la sociedad local.
Armando Fabre dijo: “... los pueblos y los hombres que olvidan sus benefactores pueden titularse, sin temor, de ingratos, pero nosotros no queremos figurar entre ellos. Por esta razón creemos que no ha de pasar mucho tiempo en que una sencilla placa recuerde su nombre en la nomenclatura local con estas pocas palabras ‘calle José Buteler’. De esta forma habremos cumplido con un deber de hijos de un pueblo agradecido. Villa Nueva, de esta manera habrá sabido conservar una vez más esa nobleza que por tradición ha heredado del pasado…” (Legado Cultural de Armando Fabre, 2009).

Podemos citar algunos ejemplos: Silvestre Ceballos se destacó durante la epidemia del cólera y fue presidente de la corporación municipal. Antonio Lima, también fue presidente de la corporación municipal. Andrés Avelino López participó de la construcción de la iglesia. José Buteler, terminó la obra de la iglesia y construyó capillas en toda la región, creó el colegio San José. Antonio Alonso participó de la obra de la iglesia y construyó capillas en la zona. Carlos Cassina, fundador del instituto Pío Ceballlos. Anselmo Luque construyó las capillas del barrio La Floresta, María Goretti, y fue impulsor del festival del “Vino y la Amistad”.
El 1 de febrero de 2020 presenté personalmente el proyecto de ordenanza para que se estableciera en la nomenclatura de alguna calle villanovense el nombre de José Buteler, párroco de la ciudad entre 1915 y 1932.
Su historia
José Felipe Buteler nació en Los Molinos, valle de Calamuchita, el 21 de agosto de 1887. Siendo un adolescente de poco más de 12 años, ingresó al seminario en marzo de 1900, ordenándose sacerdote el 2 de diciembre de 1911. Fue hijo de Diego Buteler y Matilde Martínez. De 15 hermanos, cinco fueron religiosos: José Leopoldo y Alfonso, quienes llegaron a ser obispos de Río Cuarto y Mendoza, respectivamente; Justa, que ingresó a la Congregación de Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús; María del Pilar, que fue religiosa de la Congregación de Adoratrices Argentinas y José Felipe.
Su primer destino fue en el Seminario Mayor, siendo primero Prefecto de Estudios y luego vicerrector. Desde el 2 de marzo de 1915 hasta el 1 de mayo de 1932, fue párroco en Villa Nueva. Allí, muy pronto su idiosincrasia halló buena acogida en el vecindario. Lo respetaron y lo quisieron los pobladores del lugar, tanto que cuando debió retirarse, después de 17 años, se le tributa una emocionante despedida. Durante su estadía en Villa Nueva logró la construcción de las capillas de Sanabria, Ausonia, La Laguna y del Colegio de las Hermanas Franciscanas, el 16 de mayo de 1928.
Finalizó la construcción de la parroquia, se terminó el interior, se colocaron los mosaicos de los pisos, se revocó el frente, se modificó la parte superior de la fachada colocando la imagen de la Virgen del Rosario y la verja que lamentablemente ya no existe.
Fue párroco de Alta Gracia en 1932, donde también dejó una huella imborrable, falleció en casa de su hermana Virginia, en Córdoba, el 23 de noviembre de 1948. Sus restos descansan en la iglesia de la estancia jesuítica de Alta Gracia.
En un texto manuscrito inédito que se encuentra en la colección “Pablo Granado” del Archivo Histórico de Villa Nueva, el historiador cuenta en primera persona sobre José Buteler:
“… en 1922 creó el colegio San José, que vino a constituir un paralelo con el colegio de las hermanas Franciscanas, pero en la rama masculina, en un solar cedido por la Municipalidad, con una subvención de 25 pesos de la época, con fiestas, colectas populares y las limosnas de la iglesia.
Levantó la capilla del colegio Inmaculada Concepción en 1928, el 19 de mayo. Allí hice mi Primera Comunión. Renovó y terminó el templo de Villa Nueva, renovó el interior, colocó mosaicos en los pisos y la reja de hierro. Creó las capillas de Sanabria, Ausonia y La Laguna.
No puedo decir del padre Buteler lo que sí puedo decir de otros párrocos de Villa Nueva, que fueron además de sacerdotes, amigos íntimos; con el padre Buteler me une ese natural y simpático afecto de un sacerdote para con su monaguillo. Fui monaguillo del padre Buteler desde los cinco años.
Pero donde demostró realmente su valentía, su rapidez en las decisiones y un espíritu de caridad, fue durante la inundación de 1925. Pero todavía le faltaba algo al padre para probar su temple, el ciclón de 1928. Al frente de un grupo removía escombros, sacaba muertos y heridos, los graves los trasladaba al Hospital Pasteur y los llevaba a la iglesia. Así dos días y dos noches sin descanso.
Es aquí donde me llena de amargura y rabia, el padre Buteler no tiene una calle ni una placa que lo recuerde en Villa Nueva…” (Granado, Desconocido).
Otras propuestas
Siguiendo la temática de los sacerdotes y realizando un justo reconocimiento, a aquellos religiosos que trabajaron por y para Villa Nueva, sugerimos los siguientes nombres para las calles de nuestra ciudad.
Silvestre Ceballos, sacerdote que trabajó durante la epidemia del cólera y fue miembro de la corporación municipal.
Antonio Lima participó de la corporación municipal.
Andrés Avelino López participó de la construcción de la iglesia.
José Buteler terminó la obra de la iglesia y construyó capillas en toda la región, creó el colegio San José.
Antonio Alonso participó de la obra de la iglesia y construyó capillas en la zona.
Carlos Cassina, fundador del Instituto Pío Ceballos.
Anselmo Luque construyó las capillas del barrio La Floresta, María Goretti, y fue impulsor del festival del “Vino y la Amistad”.
