Queremos la tercera (estatuilla)
Esta noche se llevará adelante en el Dolby Theatre (Los Ángeles, Estados Unidos) una nueva entrega de los Premios Oscars -la número 95- y la expectativa es alta.
En ese panorama, con actores, productores y demás integrantes de la industria, se llevará adelante la competencia más famosa que tiene la pantalla grande. Los nombres abundan y los amantes del cine estarán invadiendo todas las plataformas aprobando o criticando las decisiones (sí, ya pasó un año de la bofetada de Will Smith).
En ese contexto, y luego de ocho años, nuestro país volverá a decir presente en la ceremonia de la mano de “Argentina 1995”, filme que toca una fibra muy importante en nuestra Patria y la ilusión -por el tercer Oscar- se enciende.
Siempre teniendo en cuenta la categoría “Mejor película extranjera”, en un precedente cercano, “Relatos Salvajes”, de Damián Szifrón, fue el último filme considerado por los miembros de la Academia, pero le tocó perder con Ida (de Pawel Pawiloswksi) en tal categoría. “La historia oficial” y “El secreto de sus ojos” fueron -hasta hoy- las dos películas nacionales que se llevaron el mayor galardón.
¿Cómo arriba nuestro país? Con “Argentina 1985”, creación de Santiago Mitre, que aborda el juicio a las juntas militares con Ricardo Darín y Peter Lanzani en sus protagónicos. Se trata de una coproducción de Infinity Hill con Primer Video y está disponible para ver en streaming justamente por Prime Video.
La dupla Darín-Lanzani encarna en sus personajes (el fiscal Strassera y Moreno Ocampo) el hecho de enfrentarse a los dictadores y comenzar a condenarlos luego de la vuelta de la democracia y el fin de la noche más larga que le tocó vivir a la Argentina (y a los argentinos).
Con las votaciones ya cerradas, y a la espera de ser reveladas, Argentina compite de forma muy pareja con otra favorita para la velada, se trata de la creación alemana “Sin novedad al frente”, una apuesta antibélica de Netflix que fue estrenada en diciembre pasado.
Si bien hay otros nombres que se destacan como “EO” (una road movie polaca que narra la historia de un burro), “Sin novedad al frente” (“All Quiet on the Western front”, en su versión inglesa) pica en punta por varios motivos básicos.
La película dramática, dirigida Edward Berger, retrata los horrores de la guerra desde el punto de vista de un joven de 17 años que -sin el apoyo familiar- se alista para ir al frente de batalla. Se trata de Paul Bäumer, quien forma parte de un grupo de soldados en el frente oeste de la Primera Guerra Mundial.
Al inicio de la narrativa, Paul está muy entusiasmado -al igual que sus pares- por ir a combatir, pero todo parece complicarse por la sombría realidad que se vive en las trincheras.
Con buena fotografía, y una esmerada puesta en escena, uno va sintiendo y palpitando lo mismo que el personaje principal. Aquella sonrisa de soldado que le sirve a su Patria se termina transformando en terror, pavor y dudas que emergen a cada paso que hace el personaje en la frontera francesa.
Y también su valor testimonial es superlativo porque son justamente los alemanes quienes con esta obra comienzan a quitarle el velo al conflicto y a demostrar que sus soldados también sufrían y que no todo era heroico.
Otro contrapunto que se destaca es el de las clases políticas con respecto al “ejército”. Mientras unos se matan, otros engullen grandes banquetes sin culpa y con vajilla dorada. Por lo menos eso narra la historia paralela de la propuesta fílmica. Así, desde aquellas películas donde hay héroes y “grandes guerreros”, se termina llegando a una que pone en debate algo obvio: ¿qué sentido tiene tanta sangre derramada? Justo ese es el tema central: “La pérdida del idealismo y la cruel desilusión de los jóvenes”.
Un punto a favor para nuestro país es el hecho de que dicho filme es un remake de una versión de 1930 (que puede verse en YouTube) dirigida por Lewis Milestone -adaptado de una novela de 1929- que fue ganadora del Oscar a Mejor Película y Mejor Dirección.
También se hizo otro remake en 1979, por Delbert Mann, que no fue tan aclamado, pero sí tuvo críticas positivas. Son nueve las nominaciones que tiene en total la película, entre ellas también se suma Mejor Guion Adaptado, Mejor Película y varias de categorías técnicas como fotografía, sonido y efectos visuales. Algo inédito para una obra que no es de habla inglesa (su idioma original es el alemán).
Así las cosas, la Argentina tiene la posibilidad durante las últimas horas de hoy de llevarse el tercer Oscar (y el segundo para Ricardo Darín).
Que así sea.
Daniel Rodríguez
“Argentina 1985”, un filme necesario
Solo documentales se pudieron ver, específicamente, sobre los juicios a las juntas militares de la última dictadura. Lo que sí, películas sobre el tema, como “La noche de los lápices”, “Los rubios”, “Kamchatka” o “Garaje Olimpo”, entre otras. En el tiempo quedó el juicio a las juntas en el Gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, opacada por aquella “obediencia debida y punto final”, una medida que le quitó la épica a una decisión política acertada. El único juicio de tribunales civiles a una cúpula militar, se rescata en los títulos, pero no la aclaración sobre: la obediencia debida, punto final, el indulto de Carlos Menem y la posterior reapertura de los juicios del gobierno de Néstor Kirchner. En el firmamento, las banderas tironeadas de los derechos humanos quedó para el Gobierno kirchnerista, sin olvidar que aquel peronismo del 83 había prometido no juzgarlos para hacerle mérito a su visión corporativa.
Así, este filme es tan oportuno como pocos, con el avance del negacionismo de la derecha y un radicalismo (oficial) cobijado en dicho discurso. Y uno de los valores más destacables de ese hecho es en la relación de fuerzas: “En ese entonces, a los militares se los iba a buscar a los cuarteles y no como después, a los geriátricos…”, sentenciaba Leopoldo Moreau. Puso en conocimiento un genocidio que una sociedad quería tapar; el fiscal Julio César Strassera batalló en soledad con escaso tiempo y mucha resistencia de los afectados por el temor de los años oscuros, si bien se le recuerdan pocos babeas corpus en la etapa de la dictadura, y que también habría que hacerlo por esos tiempos en Santa Cruz. Es una película que está fuera de “la grieta”, ya que tanto su director como los actores no están emparentados con circuitos antagónicos. El filme es un desglose puntual posterior a la decisión de iniciar el juicio a las juntas, encontrar los colaboradores y testigos con un somero reconocimiento a la Conadep, agregando una dosis de humor para reforzar un guion para amortiguar las dos horas y medias de duración. Una película informativa para las nuevas generaciones, ante el avance de un discurso neonazi y promesas de mano dura, como entrar con una metralla a la provincia de Buenos Aires. Esta noche posiblemente pueda obtener “el tercero”, lo que sería muy positivo para despertar la memoria de una sociedad que quiere guardar la basura debajo de la alfombra.
Víctor Alvez
