Jon Fosse es Nobel: tiempo de elogios y de lectura
Mucho (o no tanto) se ha hablado de Jon Fosse, el multifacético escritor noruego que se llevó el Premio Nobel de Literatura este año.
Se trata de un hombre que lo escribió todo: obras de teatro, cuentos infantiles, poesía y narrativa. Su obra es inmensa, ajena y está distribuida más en escena -por el teatro- que en papel.

Está llegando
No se ha publicado mucho de Fosse, y es lógico, el Internet genera la circulación, pero sin traductores todo es mucho más difícil. Aun así, hace un par de años, una editorial española publicó tres de sus otras de teatro: “Un día de verano”; “El hijo” y “Alguien va a venir”.
En las tres obras existe un tópico que las une a todas: la falta de puntuación. Asimismo, los personajes tienen su profundidad, aunque en todos prima el silencio.
En “El hijo” se describe la historia de un matrimonio que vive en un pueblo prácticamente olvidado…, esperando.
“Alguien va a venir” tiene como obvio título la espera. Se presume aquí un homenaje a “Esperando a Gotod”. Finalmente, en “Un día de verano” se comparte la historia de una viuda que, asomada en la ventana, aguarda.
Algunos hablan del “arte del silencio como su sello persona”. Incluso, un apartado de su obra destaca, a modo de didascalia, que el personaje debe haber cuando no es más que inevitable.
Fosse es el cuarto escritor noruego en ganar el Nobel de Literatura, pero el primero que escribe en “nynorsk”, uno de los dos estándares oficiales del idioma noruego escrito.
Lo mejor que uno puede hacer en esta instancia es tener cautela. Todos los premiados invaden todos los espacios y se cuelan en la agenda. Tal vez Fosse no sea nada de otro mundo, pero es un soplo de aire fresco al esnobismo que es costumbre.
Otra de sus obras es Septología, una novela de siete libros sobre el sentido mismo de la existencia. Asele es un pintor viudo que vive solo en un fiordo noruego y contempla el mar todo el tiempo. Por otra parte, “Mañana y tarde” es un texto breve e intenso en el que se aborda el nacimiento y la muerte.
Daniel Rodríguez
