Mildred Martínez, Psicopedagoga, psícologa y escritora
Atmósfera y memoria
La villamariense fue premiada por su texto “Chipacas y jamón crudo”. La vuelta de la democracia, Córdoba en los 80 y la tarea de una autora académica que marca su crecimiento en el campo ficcionalEn el relato “Chipacas y jamón crudo”, la doctora en Psicología, psicopedagoga y escritora local, Mildred Martínez, expone un tema que sigue realzando su valor semana a semana: el retorno de la democracia y los 40 años desde aquel grito de “Nunca Más”.
Tal vez sea esa la razón por la cual la obra consiguió el tercer puesto en el Certamen Literario de Narrativa organizado por la Reunión de escritores independientes de Avellaneda (Buenos Aires).
“El regreso de la democracia y la explosión cultural de teatro, música y cine... fue tremenda [...] el relato no busca bajar línea, sino que se hizo pensando en las prácticas sociales bajo la represión que imperaba”.
La atmósfera generada, la imagen de la docta de antaño y un final que deja sin aliento son algunos de los recursos que le dan al texto su valor.
“Yo había publicado libros académicos durante mi etapa de trabajo en la universidad”, destacó Martínez en diálogo con El Diario, y agregó: “Luego publiqué un libro de textos llamado “Sincronicidad, señales para reinventarse (2021)”?y comencé un taller de cuentos en El Volcán Azul (en Córdoba capital) con Favio Martínez. Tal vez desde allí, cuando pasé por la escuela Deán Funes me surgió la historia que envié en junio, cuando vi la convocatoria del concurso”.
En “Chipacas...” la escritora desarrolla una atmósfera bastante particular. La de Córdoba en el regreso de la democracia que supimos conseguir. (El texto se encuentra a continuación).
Según sus palabras, “el relato tiene aspectos de una manera que no baja línea, sino que se hizo pensando acerca de las prácticas sociales y la represión que imperaba antes del triunfo de Alfonsín”.
“Estar en Córdoba y ver toda la explosión cultural, con cines, recitales y demás, fue tremendo... en Villa María también sé que sucedió algo similar”, rememora la escritora que sigue creciendo con textos ficcionales. Si bien la mayoría de su tiempo se dedicó a cuestiones de índole académica, hace días también se publicó “Táctica y estrategia” en la Revista Ardea de la Universidad Nacional de?Villa María. Allí se narra el cruce del futbolista local Mario Requena y Marcelo “el Loco”?Bielsa.
Perfil
Mildred Martínez Nació en Villa María, Córdoba en 1959. Es psicopedagoga, animadora Socio Cultural y doctora en Psicología.
Es autora de bibliografía especializada en su campo de investigación sobre Capital Cultural y Educación.
En el año 2017 emprende una serie de viajes contactándose con originarios de pueblos ancestrales, experiencias plasmadas en el libro Sincronicidad, señales para reinventarse (El Mensú, 2021).
Es autora de cuentos, microrrelatos y crónicas entre los que destacan: Táctica y estrategia, publicado en Revista digital ARDEA ((UNVM: noviembre 2023).
Recibió Mención de Honor en el género Narrativa por el relato Orgonita, en el Concurso Internacional Renacer de las letras - 2023 y Tercer premio por el relato Chipacas y jamón crudo en el Certamen Literario de Narrativa y Poesía convocado por Escritores Independientes de Avellaneda 2023 (Argentina)
Chipacas y jamón crudo
A veces me gusta recorrer las calles de Córdoba. Por Perú e Independencia, me topo con la escuela Deán Funes. Como un rayo vuelvo a abril de 1983, acá mismo, la misma fachada, los mismos muros, los dos sin trabajo con Alfredo, yo tratando de ocultar una panza de cinco meses para poder trabajar de preceptora. A los pocos días me piden que me haga el apto psicofísico. Imposible. No puedo entrar a una sala de rayos X, sin embargo, sigo yendo, no sé qué espero.
Por su parte, Alfredo ha dejado cartelitos en la Facultad de arquitectura para dibujar perspectivas en proyectos de tesis. Todavía no sale nada, vendemos algunas cosas de oro de cuando éramos chicos, una cadena bastante gruesa con una medalla de Alfredo, una pulsera mía con dijes: la medallita del bautismo, mis primeros dientes de leche engarzados en oro, una estrella, una llavecita. Me apena… son los recuerdos que me unen a mi madre en nuestros mejores tiempos.
Entro al bar cerca de casa. La puerta es pesada. El aroma a café envuelve el ambiente. El mozo se acerca, es joven, más joven que yo. Me pregunta qué voy a tomar. Dudo un poco, hasta que le digo que nada. Que solo vengo en busca del diario.
—¿Necesitas los clasificados? —me pregunta.
Y antes de que responda se acerca al mostrador y saca esa parte del diario y me la da. En uno de los avisos leo: «Se buscan vendedores de espacio publicitario para una guía telefónica comercial»: Listas argentinas se llama. Me anoto, me avisan que vaya para hacer un curso de entrenamiento en ventas.
Llego al lugar del curso, es en el hall de un hotel céntrico, escalinatas de mármol, vidrios ahumados, líneas geométricas de gran altura. En la sala una mesa tendida con un mantel blanco con infusiones y mini facturas. Somos alrededor de veinte personas jóvenes, la mayoría varones. El curso resulta muy entretenido, lo da un hombre de aspecto elegante, zapatos náuticos, muy locuaz, nos interpela con la mirada, se sienta medio de lado en una especie de banqueta alta, el bronceado le hace resaltar el pelo canoso. Impecable. Me re entusiasmo.
Me quieren poner en blanco. De nuevo el requerimiento del apto psicofísico que incluye radiografías. Les pido que me dejen trabajar en negro. Me dicen que lo lamentan, pero la política de la empresa no lo permite.
Alfredo se anota en un concurso para crear el logo de una empresa de turismo, horas sentado en el tablero, raya hojas, llena el papelero con bocetos. Le alcanzo un mate de vez en cuando y miro de reojo. El dibujo se va simplificando hasta llegar a una síntesis que se fusiona con el nombre de la empresa. Para mí está buenísimo, Alfredo lo sigue perfeccionando, todavía hay algo que no le cierra. Lo llamo a almorzar, se demora, viene cuando la comida está fría. En dos días se cierra el plazo de entrega. Luego tendremos que esperar diez días más para saber el resultado. Dejó el número de teléfono de una tía para que le avisen si llega a ganar. Es sábado, baja a hablar por el teléfono público de la esquina cada una hora. Al fin de tantas idas y vueltas, se lo escucha venir corriendo por el pasillo.
—¡Ya avisaron!, ¡lo gané!
Tendremos para pagar dos meses más de alquiler…
Por la mañana Alfredo se va a trabajar en su tesis, ya no se afeita antes de irse, se ha dejado el pelo largo y la barba. Hasta hace poco tiempo entraban a la facultad y un guardia militar, fusil en mano, les controlaba el largo del pelo y la cara que estuviera bien afeitada, deslizándole un papel filoso a contrapelo.
Mientras él se va, me quedo en el departamento. Todavía no he ido al médico, nadie de mi familia sabe que estoy embarazada. Por la ventana que da al patio de luz, escucho algunas canciones cuando la vecina sube el volumen de la radio. Pasan seguido una que dice “…Mi unicornio azul se me ha perdido ayer…”. Me encanta la melodía y la voz de la mujer, aunque no distingo bien lo que dice la letra.
—Es Mercedes Sosa que ha regresado al país luego del exilio, —dice Alfredo. Esa noche vuelve con una radio.
Hay un clima de ebullición cultural en la ciudad, una tarde nos topamos con una obra de teatro callejero Juan Moreira a la hora de la siesta en plena plaza San Martín. Grupos de música latinoamericana como Quilapayun en el parque Sarmiento, ciclos de cine de películas que estaban vedadas. Con Alfredo nos vamos a pasar los domingos al cine del gremio de Luz y Fuerza, dan películas continuadas toda la tarde. También me puse en contacto con una psicoanalista famosa, militante por los Derechos Humanos. Están por armar un equipo de apoyo para los niños que sufrieron violencias durante la dictadura. Alfredo me mira de reojo, no le parece conveniente, dice que tenemos que cuidarnos todavía, se va a la cocina y come unas galletitas con picadillo, solo, parado al lado de la mesada, no me dirige la palabra, visiblemente malhumorado ante el planteo.
Por las mañanas voy hasta la biblioteca. Saco libros sobre “parto sin dolor”, la panza crece. Allí leo también los avisos clasificados en el diario. Se busca maestra particular, dice un aviso mezclado en el rubro “varios”. Apenas dos líneas. Calle Oncativo 850, Barrio General Paz. Allá voy, no queda lejos, vivimos cerca de la terminal, calculo que serán unas diez cuadras. Camino. No me separo del mapa que despliego con frecuencia en las esquinas. Llego al lugar indicado, toco el timbre…
«—Nosotros no pusimos ningún aviso» —dice una mujer a través de una reja. Consulto el mapa nuevamente, no hay dudas, este debería ser el lugar. Me siento perpleja por un momento. (¿Y si el que escribió el aviso se equivocó?)
Camino diez cuadras más, (tal vez les faltó tipiar el primer número). Toco en el 1850, sale un viejito que me escucha a través de un postigo. Me doy cuenta que ahí tampoco han puesto ningún aviso. Estoy cansada, pero sigo la corazonada, hago diez cuadras más, Oncativo 2850. Toco. Por el portero me responden:
«—Sí acá pusimos un aviso, sos la primera en venir».
La casa tiene más de veinte metros de frente calculo, garaje para dos autos, una bignonia naranja que cae en cascada por uno de los balcones del primer piso. Es un empresario famoso con dos hijos a cargo. Me detengo en los portarretratos que hay en una estantería de madera que tapiza la pared del fondo, veo algunas fotos en las que está abrazado con personajes de la dictadura en Córdoba. Siento un escalofrío. Me hace una especie de entrevista. Él quiere una maestra, yo soy psicopedagoga. Duda un momento. Aunque nunca se me hubiera ocurrido ocupar ese lugar de maestra, le explico que mi título de psicopedagoga puede adecuarse a lo que necesita. Acepta y me paga por adelantado. Vuelvo casi levitando, me imagino contándoselo a Alfredo. Compro chipacas y jamón crudo, esta noche habrá festejo.
Mildred Martínez
