Un buen café, por el amor de Dios
La consulta es simple, pero difícil de responder ¿dónde puede conseguirse un buen café? La crisis imperante genera que tomarse un café con leche o un cortado se conviertan en cuestiones lujosas para algunos. Así las cosas, y ante el deseo de pasar un buen momento, uno circula las calles de ambas Villas y elige el sitio que puede para merendar o desayunar, costumbre que ya forman parte de nuestra cultura.
Triste es el momento en que, tras el primer sorbo, uno nota que el café está (o sabe) quemado. Otra vez. ¿Por qué? ¿Tan difícil es?
Leyendo y buscando respuesta, uno halla la palabra “torrefacto (café torrado, en nuestras pampas)”, se trata de un producto obtenido al someter la semilla del cafeto a la acción de calor, añadiendo azúcar en la parte final del proceso. El azúcar, en este punto, tiende a abaratar el precio por taza (ocupan un 15%). Lo cierto es que ese amargor y potencia no son sinónimo de buen café, sino todo lo contrario. El torrado tiene más cafeína y se aleja bastante del natural.
¿Será? Lo cierto es que uno continúa en la búsqueda.
