NOTA Nº 737

Al maestro Ángel Diego Márquez

domingo, 11 de septiembre de 2022 · 09:54

El 11 de septiembre como Día del Maestro fue establecido, durante el año 1943, en la Conferencia Interamericana de Educación. El evento tuvo lugar en Panamá y contó con la asistencia de educadores de toda América. La fecha fue elegida por ser la que corresponde al día en que murió el polifacético Domingo Faustino Sarmiento. Villa María posee una larga tradición de educadoras y educadores sobresalientes, algunos llegaron desde otras geografías y muchos se formaron en las prestigiosas instituciones educativas de la ciudad. En honor a cada una de las personas que eligió ser educadora recordamos la figura del prestigioso pedagogo Ángel Diego Márquez.

 

Educar "para vivir la vida como riesgo existencial"

Intelectual reconocido internacionalmente en el mundo educativo, dejó un importante legado que va desde el campo teórico hasta los aportes concretos en la vida institucional de la comunidad regional. Márquez poseía una concepción de lo educativo de difícil concreción en el marco de los diseños institucionales propuestos por el neoliberalismo económico y el neoconservadurismo político. Para asomarnos a su idea de la educación podemos recordar lo que Márquez escribió en El Diario en el año 1986: "Nuestros paisanos suelen responder ante la pregunta ritual ‘cómo está’; ‘aquí estamos... durando’”. Durar no es vivir. La existencia como señala Paulo Freire, “no es resignación, ni desesperación, sino riesgo”. “Eduquemos para que el hombre logre superar la cotidianeidad y sea capaz de alcanzar la significación dramática de su existencia. Eduquemos –en síntesis- para vivir la vida como riesgo existencial”.

 

Director del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia

Nació en Buenos Aires, el 12 de noviembre de 1923, ejerció la docencia en diferentes niveles del sistema educativo. A principios de los años 50 llegó a Villa María para ser director del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia. Fue Antonio Sobral, educador y político radical, quien lo trajo a la ciudad. Márquez ocupó ese cargo hasta el año 1952 cuando todas las dependencias de la Biblioteca Rivadavia fueron intervenidas por razones políticas. Luego de un polémico proceso fue sacado de la escuela junto a otros docentes, alumnos y no docentes de esa casa de estudios. Regresó a la institución en el año 1955 cuando, el gobierno formado a partir del derrocamiento del peronismo, lo nombró interventor de ese mismo instituto y también de la Escuela Normal Víctor Mercante. Aprovechó ese espacio de poder que le otorgaron para, de manera inmediata, regresar esas instituciones a su conducción natural liderada por Antonio Sobral, quien también había sido alejado por la referida intervención peronista del 52.

 

Maestro de escuela primaria

Márquez realizó una exitosa carrera a nivel internacional que lo llevó a trabajar en diferentes países, llegando a ocupar cargos de importancia en la Unesco. En los años 80 regresó a nuestra ciudad y desde 1985 se radicó definitivamente aquí y al poco tiempo, luego de algunas desinteligencias con las autoridades del lugar donde trabajaba, lideró un importante grupo de educadores con los cuales emprendió la gran tarea de concretar un proyecto a medida de sus ideas pedagógicas. Su conocimiento de lo educativo no solo era resultado de los estudios teóricos que desarrolló o de su extensa experiencia internacional, sino también del profundo conocimiento de la práctica docente en los diferentes niveles de los sistemas educativos. No solo estuvo ligado a proyectos del Nivel Inicial, en Latinoamérica, sino que en Villa María ejerció, como ya dije, en el Nivel Medio y ejerció como maestro en el Nivel Primario, llegando a ser director de la que actualmente se denomina Escuela  Justo José de Urquiza.

 

Fundacer e Inescer

En cuanto al proyecto que encaró en los años 80, el mismo fructificó en la institución educativa que actualmente lleva su nombre: Inescer Dr. Ángel Diego Márquez, ubicado en bulevar España 1050. Antes de la creación de esa casa de estudios sumó voluntades que dieron nacimiento a la Fundación para la Educación Superior y  la Investigación del Centro de la República (Fundacer) donde confluyeron representantes de diferentes organizaciones de la sociedad, entre los cuales se encontraban dirigentes gremiales, sociales, deportivos, etc. Esa fundación fue desde donde se originó el Inescer.

La construcción de la Fundascer muestra la manera que Márquez entendía la construcción de una institución educativa realmente integrada a la comunidad. No concebía instituciones educativas de elite, con poca inserción comunitaria o con relaciones limitadas a lo protocolar con otras instituciones. Es por ello que, como cabeza del proyecto, se ocupaba de mantener relaciones con entidades gremiales, vecinales, profesionales, sociales, educativas, políticas y también organizaciones gubernamentales. En sintonía con esto, desde sus inicios impulsó que el Inescer fuera gobernado por un Consejo Superior cuyos integrantes fueran elegidos de forma democrática, mediante el voto. Lo integraban representantes de los claustros y también de la comunidad a partir de la participación de los directivos de la Fundacer. Esta última no podía ser dirigida por docentes de la casa de estudios, para que la misma no perdiera la representatividad comunitaria. Márquez supo declarar que "todos los miembros de la comunidad, las organizaciones sociales, los partidos políticos, los sindicatos, los colegios profesionales, las entidades que agrupan a los industriales, a los agricultores, etcétera, tienen el derecho, y más aún el deber de interesarse por la educación superior, de emitir juicios críticos sobre las actividades que esta  realiza, de evaluar sus resultados". Por otra parte, en los años 80, cuando era colaborador de El Diario, refiriéndose a las universidades e institutos de educación superior, supo declarar que  "son castillos-fortalezas que han levantado sus puentes y que se encuentran separados por un profundo foso del resto de la sociedad. Así, aisladas, las instituciones de nivel superior se encuentran imposibilitadas de percibir las observaciones, las críticas, las demandas provenientes de la sociedad". Es decir, que poseía una permanente preocupación por la vinculación de la institución educativa con el medio social en el cual estaba inserta, no solo para responder a las necesidades del sector productivo, sino también para las necesidades sociales, políticas y culturales. 

 

Compromiso con la defensa de la educación

Lejos de cultivar los silencios, muchas veces protectores de prestigios, Márquez ponía en juego su reconocido lugar de intelectual, argumentando en favor de lo que él mismo supo definir como la "escuela pública... la escuela del pueblo, y de los derechos educativos". Así, en 1993, desde su libro "La quiebra del sistema educativo argentino" denunció públicamente "la profunda crisis de la educación, la bancarrota del sistema" y no le tembló el pulso para señalar "la política neoconservadora que implementa el gobierno menemista, -que- genera la crisis iniciada a mediados de los años setenta, lo ha agravado". Desde la introducción a ese material, caracteriza de ese modo a la política desarrollada por el gobierno presidido por el peronista Carlos Menem. Márquez señalaba que la educación se desarrollaba en un contexto de "pobreza, desempleo, subempleo, desocupación encubierta, caída de los salarios, flexibilización laboral, pérdida de los derechos de los trabajadores, malnutrición o desnutrición, falta de viviendas adecuadas, carencias de agua corriente y de servicios cloacales, deterioro de los servicios de salud, etcétera". El maestro volvía a dar muestra de un real compromiso con la educación pública.