El fenómeno retrogaming - Entre el primer amor y la nostalgia
Nos vamos poniendo retro
Las fiestas Guachi Guau que se llevan adelante en nuestra ciudad, más la publicación de la Revista Replay, van siendo los últimos reductos donde uno puede conectarse con los videojuegos de antaño. Un trabajo artesanal y autogestivo son los que logran traernos nuestros recuerdos y la nostalgiaUn día presenciaste la llegada de algo novedoso, lo disfrutaste, lo presumiste. Luego el tiempo pasó y solo quedó en tus recuerdos.
Una tarde, caminando en algún lugar random, te lo volviste a encontrar con lo mismo, lo recordaste de nuevo y te dieron ganas de volver a disfrutarlo, a presumirlo y a compartirlo. Esa sería una buena definición de nostalgia: ese pensamiento de tristeza mezclado con placer y afecto cuando una persona piensa en tiempos considerados felices del pasado.
Por esa línea camina esta nota abocada al retrogaming: volver a los videojuegos de antaño, jugar los clásicos, recolectarlos y hacer partícipes a todos.
Pero no solamente hablamos de las consolas domésticas (Nintendo, Sega o Playstation 1), sino también de aquellas conocidas como “arcade”, las cuales solamente se encontraban en las salas de videojuegos y las aventuras duraban lo que una ficha (Cadillacs and Dinosaurs, Virtual Striker o Snows Bross, por ejemplo).
No son tantos los escenarios donde hoy se comparte este placer peculiar y, cada vez que se da con uno, se celebra.
En primer lugar, y para alegría de muchos, existe la Revista Replay, una entrega -en papel ilustración (algo que no es barato por estos tiempos)- especializada y apuntada a aquellos consumidores de 8 y 16 bits.
A nivel doméstico, en las fiestas Guachi Guau, la música, las caracterizaciones, el renacer de los 90 y la simpatía generalizada son el clima ideal para posar diferentes máquinas de arcade que los asistentes utilizan hasta el cansancio.
Impresionados
Sergio Rondán, uno de los editores y jefe de redacción de la Revista Replay, dialogó con El Diario y se desenvolvió respecto a lo que significa la publicación: “Escribo en la revista desde el inicio. En 2016 comenzó el camino hacia la concreción de la revista, ya que la misma se fundó en el marco de una campaña de Idea.me (una plataforma latina que apuesta al financiamiento de proyectos de un modo colectivo)”.
La publicación tiene también a Juan Ignacio Papaleo y Carlos “Cabuto”?Maidana, entre otros colaboradores.
“Una vez ideada (la revista) fuimos buscando en Facebook y en distintas redes sociales a la gente ligada con retrogaming. Justamente “Cabuto” tenía un local y se sumó”.
-No debe ser fácil publicar una revista en papel hoy por hoy, con el costo de los insumos...
-Realmente. Cada número que sale es como una final del mundo ganada. Es complicado imprimir de por sí, y ni hablar del papel ilustración. El proyecto se sostiene porque gustó desde el principio y porque está hecho como nadie lo pensaría jamás. Nadie pensaría tampoco que algo tan autogestivo -y que se ve tan profesional- fuera hecho por un grupo tan reducido. Mis viejos solían comprar un diario que venía con una revista los domingos y cuando vi la revista no pude creer que estuviera hecha con un papel tan malo.
-¿Cómo se sostiene económicamente la revista?
-Y... rápidamente se formó un núcleo de gente que nos banca y les gusta el enfoque que le damos. La revista se sostiene gracias a la suscripción, ya que ninguno de nosotros cobra un peso. Esto es todo por amor al arte.
Estamos metidos en una agrupación de revistas culturales, en las cuales también hay medios webs y eso nos ayuda a conseguir tal vez una cantidad de dinero.
-¿Y de cuánta es la cantidad de suscriptores?
-Deben ser, prácticamente, 300. Es un flash que nos pidan revistas desde lugares como la provincia de Tierra del Fuego. Es increíble que una revista viaje tanto. De igual manera, tenemos el núcleo en el AMBA?y hemos también enviado revistas al exterior.
-¿Y cómo se mantiene el perfil?
-La revista se inició con el perfil de una revista británica llamada “Retrogamer”. Ellos tienen un sistema de licenciamiento que te otorga material, pero luego tenes que sumarle algo local. Pero no es barato, así que decidimos abocarnos a los 8 y 16 bits.
-¿Y?vos cómo ingresaste?
-Me di cuenta de que me gustaba el periodismo, en mi adolescencia tuve blogs, me agradaba, por suerte la revista hoy me dio el espacio y puedo hacerlo.
Además, empezamos a escribir sobre algo que no había. Es como esa contracultura donde, no solamente se habla del pasado, sino cosas que están pasando también ahora y que no están registradas.
-No es lo mismo una web que un papel. Escribir una nota floja puede plantear un desperdicio...
-Tal cual. Además, el papel tiene algo especial. No es lo mismo estar en una web, desde el teléfono o desde la compu a tener algo en tus manos. Eso sí, debe controlarse los errores, porque cuando cometiste algo malo no hay vuelta atrás. Un número con cinco notas malas te puede quedar horrible, y ese es el desafío.
-También realizaron varias notas icónicas, como la de Ana María...
-Sí, Ana María fue la autora de las marquesinas de muchos de los videojuegos que hay en el país. Es una de las joyas que logramos descubrir. Después de contactarla, al año siguiente falleció. Si no la hubiéramos contactado hubiera quedado perdida en la historia, y ella es alguien que hizo mucho por los videojuegos de la Argentina, les dio una identidad, una cara.
- ¿Existe un feedback con los lectores? Aparentemente, hay una buena relación...
-La relación es buena, no es mala, aunque tampoco hay tanta relación como se imagina. Nunca tuvimos quejas sobre el contenido, más allá de que en alguna ocasión escribimos una nota con lenguaje inclusivo y algunos mostraron su molestia.
Buscar el contexto de la época
César “Chapa” Muñoz, quien junto a Elías Vercellino forman parte de la organización de las fiestas Guachi Guau -fiesta popular de la cual fueron los creadores- se refirió a la experiencia de incorporar máquinas arcade en tal espacio. Es que allí, junto a la pista, están disponibles “los fichines”, para que la experiencia retro sea completa.
“Creo que el retrogaming para la generación de los milenialls tiene la riqueza de que lo vivimos cuando fue lo último en tecnología y, a medida que vimos el avance de los videojuegos, eso se fue haciendo retro”, inició Muñoz, quien también oficia de DJ bajo la denominación de Bimanco.
“En el caso de los videojuegos, a nuestra generación nos pasó de ir en búsqueda de gráficos nuevos y luego empezaron a salir gráficos mejor logrados. Contrariamente a lo esperado, vimos juegos con excelentes gráficos, pero muy malos”, contrarrestó, y aplicó: “En ese momento vimos que el Mario seguía siendo divertido y no tenían nada que hacer frente a un juego de Play 2”.
“Fue importante darse cuenta de que la jugabilidad es lo más importante, por encima de los gráficos, esto no es novedoso, pero fue bueno descubrirlo en aquella época”, relató.
El hecho de sumar las máquinas a las fiestas no es algo simple. Aún así, se las ingenian “de una forma artesanal”, para que estén allí presentes.
“Esto fue sumar más al concepto retro. Porque más allá de la música, siempre quisimos agregar cosas que tienen que ver con el contexto de los 90”.
“Así, no todo quedó en los vestuarios, la cultura pop, los famosos del momento... los videojuegos no podían quedar afuera”.
Es importante destacar que tales “fichines” juegan con ventaja para los jugadores oportunos. “Son prácticos, solamente tenés que apretar un botón para iniciar la partida, no te pide un menú ni nada, lo hacen dinámico para la fiesta”, afianzó. En pocas palabras “vas, jugás y seguís bailando”.
“Siempre apostamos a juegos para dos jugadores, y cuando podemos conseguir de autos también los sumamos”.
“De igual manera, es difícil conseguir en Villa María alguien que tenga las máquinas y que, a la vez, tenga ganas de alquilarlas”.
De esta manera, las Guachi Guau, además de poseer la música característica de una época, también tiene aquellas máquinas que han sido, y siempre serán, nuestro primer romance culposo.
