NOTA Nº 733, escribe Jesús Chirino

Identidad regional: vertientes autóctonas

 

Cuando hablamos de ese conjunto de rasgos que, más allá de la apariencia y la formalidad, otorgan aire propio a nuestra zona, suelen destacarse los provenientes del componente cultural europeo aportado por los inmigrantes. Suele quedar al margen, tanto aportado por quienes fueron traídos desde África, como los rasgos originados en la cultura de las naciones preexistentes a la llegada de la conquista en la región. Aquí recuerdo una costumbre contada por un escritor de la zona.

 

Lo no gringo

No solo se trata de invisibilización histórica de los aportes de esas culturas, sino la creación de una visión que construyó como vergonzante la identificación con las mismas. Por largo tiempo, en los discursos imperantes, todo rasgo proveniente de esas culturas fue maltratado o considerado de manera negativa. Pero, a pesar de eso, allí están, en vocablos, en costumbres y prácticas de las cuales solemos ignorar su procedencia. Siempre es bueno recordar que esta zona, mucho antes que algunos la denominaran "pampa gringa" (dejando de lado todo lo "no gringo"), fue territorio fronterizo de la influencia de diferentes culturas.

 

Varias etnias bajo el nombre de Pampas

En esta oportunidad pretendo rescatar los relatos de José E. Cacciavillani, quien, en 1980, publicó su libro "Historia de Ballesteros", material en el cual da cuenta tanto del surgimiento de esa población como de Ballesteros Sud y rescata datos relacionados con las poblaciones anteriores a la presencia europea en la región.

El autor habla de "la gran familia indígena de los pampas", quizás aceptando que con esa denominación, impuesta por los europeos, nombraron a diferentes etnias que, antes de su llegada, poblaron la región pampeana. Cacciavillani plantea un proceso mediante el cual avanzaron algunas particularidades culturales de "parcialidades araucanas y ramas descendientes o colaterales, tales como los ranqueles y otros parientes". Esos procesos, señala el autor, dejaron su huella en la región, vocablos y costumbres. Allí hace mención a nombres de poblaciones.  

 

Zona de encuentros culturales

Para el autor de la historia de Ballesteros, "nuestra comarca se halla en los extremos límites de las parcialidades ranquelinas. En los postreros límites norteños de los imperios de Calfucurá, Yanquetruz, Namuncurá, y otros grandes caciques tan allegados de nuestra comarca de muchas vacas". A la vez reconoce la zona como fronteriza, espacio en el cual se encontraron diferentes culturas, pero lo que aquí nos interesa es señalar cómo rescata la influencia ranquelina en la cultura de la zona. Es así que escribió: "en la inmensidad impresionante de nuestras pampas, es más propio el sonido de una trutruca que el de una quena, dice más del paisaje un ñandú corredor que una esbelta vicuña. Es más imaginable un toldo que una vivienda de piedra, cuero, huesos, astas; barro cocido, maderas o fibras perecederas son mucho más auténticas en nuestra cultura aborigen de la pampa húmeda que la piedra y el quebracho".

 

Registro de la conciencia de un vínculo

En una parte del texto aborda lo que sabe de las creencias de esos pueblos, es así que refiere a "Sey-Chu, el espíritu bueno", y también "Guali-Chu, el espíritu malo", y los "Sey-Cuet, es decir, la gente que ya está con Dios", los difuntos. Si bien lo de Cacciavillani no es un estudio profundo acerca de estas culturas, sí permite dimensionar los rastros de ellas con los cuales tuvo contacto. Debo aclarar que el autor no se ocupa específicamente del estudio de estas culturas, sino de la historia de Ballesteros y Ballesteros Sud. Más allá de lo ajustado de los conocimientos expuestos, no puede negarse la importancia de dejar por escrito costumbres que quizás ya no podamos registrar de manera directa. Es así que en una parte del texto dice "hasta no hace mucho, nuestras abuelas de Ballesteros nos enseñaban a persignarnos en ranquel: a la vera la vera Garay tan tu, tapiri, tapiri amén ketru. Probablemente una traducción de los misioneros franciscanos de la señal de la Cruz hispana al idioma de los indígenas durante su catequización". Más allá de la justeza en la traducción, de lo que les enseñaban para hacer la señal de la cruz, dejó testimonio de la conciencia acerca del vínculo cultural con aquellos que poblaron estas tierras antes de la llegada de lo europeo.