Ozymandias de Percy Shelley
No quedarán ni las ruinas
Un soneto que cumple 200 años se presta a la reflexión acerca de lo inevitable del paso del tiempoEl poder es efímero, y eso es algo que deberían entender quienes hoy se encuentran en espacios de toma de decisiones.
Para ejemplo de este axioma, claro está el caso de Ozymandias. Al final de los tiempos solamente quedan las ruinas e incluso el inminente olvido.
Quienes asisten, como turistas, a viejas ciudades, suelen encontrarse con ruinas que son una incógnita, ya que el paso del tiempo vació toda majestuosidad y todo deseo faraónico. Y hacia allí vamos.
Para poner en blanco sobre negro acerca de la historia de Ozymandias, tal denominación era otro nombre para Ramsés, el Gran Faraón de la decimonovena dinastía del antiguo Egipto.
Ozymandias, justamente, representa una transliteración en griego de una parte del nombre del trono Ramsés User-maat-re sete.
Según escribió hace más de 200 años el escritor Percy Bysshe Sheley en 1818, un viajero que vagaba por el medio del desierto se encontró con una estatua de la que solo se conservaban erguidas sus piernas. Al lado, en el suelo, aún estaba la cabeza, con facciones de poder y majestuosidad.
Una inscripción, al pie de la obra, detallaba: "Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: ¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!", pero a su alrededor no había nada. Solo habían quedado las palabras.
Una sola palabra puede definir todo lo que aparece a su alrededor: la decadencia.
Los líderes poderosos y sus imperios, con el paso del reloj, desaparecen y ya no importa cuán poderoso fue en su tiempo.
Ese mismo ejemplo es válido para los dictadores y también para aquellos políticos que se creyeron todopoderosos, pero terminaron sucumbiendo ante un olvido voraz.
¿Rey de reyes?
Realizando un análisis respecto al texto Ozymandias, los conocedores de La Biblia saben que el nombre “Rey de Reyes” le corresponde propiamente a Dios. Aquel ser celestial, omnipresente y omnipotente. En este caso, Ozymandias, se atribuyó a sí mismo tal mote. Y allí quedó, pidiéndole a la posteridad que asista a sus obras y desespere por no poder igualarla… pero no hay ninguna obra en pie.
¿Sabe el poder político o la clase dominante que todo tiene una fecha de vencimiento? Y el texto no solo puede hacer atribución a la arquitectura, sino también a todas aquellas medidas, decisiones y atribuciones.
Pensando en Ramsés, en él existía una especie de obsesión por construir templos espectaculares. No solo se dedicó a llenar las riberas del Nilo de increíbles construcciones, sino que también usurpó muchas de ellas a sus predecesores.
La edificación más destacada es la nueva capital del norte que recibió el nombre “Pi-Ramsés-Aa-Najtu” (La ciudad de Ramsés). Sí, bastante autorreferencial.
Ozymandias
Conocí a un viajero de una tierra antigua quien dijo: “Dos enormes piernas pétreas, sin su tronco se yerguen en el desierto.
A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño y mueca en la boca, y desdén de frío dominio, cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras: "Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!"
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas”.
Percy B. Shelley (foto) (1822)
