Presentaron como nueva una película de los 90
Momentos de expectativas se generaron a nivel nacional con Granizo, la película dirigida por Marcos Carnevale y protagonizada por Guillermo Francella que acaba de arribar al catálogo de Netflix.
La sinopsis oficial de la película, a prima facie, afirma lo siguiente: “Un famoso meteorólogo de la televisión, Miguel Flores, se convierte en el enemigo público número uno cuando falla al prevenir una terrible tormenta de granizo. Esto lo obligará a huir de la gran capital para encontrar refugio en su ciudad natal (Córdoba), lo que derivará en un viaje de redescubrimiento tan absurdo como humano”.
Si bien existe algo de cierto en tal resumen, la verdad es que al momento de ver el filme uno siente encontrarse con algo de los 90. Es decir, que, en algunos puntos, la obra atrasa, repite patrones que ya no atraen y aburre al tener una trama que poco interpela al espectador.
Podemos no exigirle siempre lo mejor a Francella -que a fin de cuentas poco tiene que ver- y podemos pensar que la película puede ser una excusa dominical para reunir a la familia, pero se esperaba mucho más luego de tanto marketing.
Hace tiempo atrás, la provincia de Córdoba se vio conmovida por el arribo del experimentado actor y todo un equipo técnico que (supuestamente) iba a mostrar a la ciudad –y a los meridianos cordobeses en la plataforma-, pero hubo poco: dos tomas del centro, una de la Cañada y el camino al aeropuerto con las sierras de fondo. Sabor a poco para todo el tiempo en donde el tránsito se vio interrumpido.
Respecto al reparto, la iniciativa “tal vez” (Sí. Entre comillas), fue buena, pero el desarrollo no sirve. Francella, en el papel de Flores, tiene un asistente homosexual (Nicolás Scarpino) -con todos los viejos prejuicios de los 90 alrededor de tal personaje: ropa colorida, gestos arquetípicos y voz forzada-, a lo que se le suma una “secretaria” (Laura Fernández) que hace el mejor papel de “rubia tarada” y un productor televisivo que la va de galán (Martín Seefeld).
Flores, luego de tantos años en el oficio, por fin tendrá su envío especial: un propio programa que se basa en un Show Meteorológico (¿?).
Paralela a la historia del meteorólogo “exiliado” a un par de kilómetros más lejos de donde vivía, aparece la narrativa de la familia de un taxista (Peto Menahem) que era seguidor (¿y fan?) del meteorólogo, pero que padece por el yerro cometido.
Desarrollo que acompaña el desenvolvimiento de la historia, pero que si lo quitamos, la esencia no cambiaría en nada.
La familia, más allá de ser “tipo”, tiene siempre a todos malhumorados, gritando –como si estuvieran en un teatro- y a Norman Briski en un papel de abuelito senil que da pena, ya que conocemos el gran valor que tiene tal figura en la actuación.
Por todo esto nombrado podemos decir que Netflix “estrenó” una película de 1990, que poco atrae, deja un sinsabor y no se sabe si es comedia, drama o una representación cultural (la cultura de la cancelación) que no llega a desarrollarse.
Todo esto sin mencionar la tonada cordobesa impostada en la actriz Romina Fernandes, que actuaba como hija del meteorólogo. ¿Tanto cuesta conseguir actores cordobeses? Tal vez en Córdoba no se consigan tan buenos cordobeses como en Buenos Aires.
