Entrevista

“No se dejen obnubilar por espejitos de colores”

Uno de los grandes referentes populares del folclore pasó por la ciudad con su proyecto familiar Riendas Libres y brindó una fiesta en un parador de la costanera. En una charla con este medio abordó muchos temas, entre ellos el camino que tomó el Festival de Festivales

Peteco Carabajal, una de las figuras más significativas del folclore, subió días atrás al escenario de Ribera Vivo. Fue a pura fiesta como son siempre los conciertos del santiagueño. En esta ocasión se presentó con el proyecto Riendas Libres, el cual está conformado por sus hijos Homero y Martina, y su sobrino Ricky.

Ante un excelente marco público, Peteco desató una fiesta, sobre todo luego de que bajara del escenario con su violín y se mezclara entre los abrazos de la gente. Presentó un repertorio compuesto de nuevas canciones y también algunas clásicas que animaron a los y las bailarinas que hicieron levantar el polvo y la tierra del excamping municipal.

Al término del show, con la amabilidad y humildad de siempre, nos ofreció un espacio para una conversación que compartimos a continuación.

-Otra vez por estos pagos Peteco…

-He venido muchas veces a Villa María en la vida. La primera vez fue en el año 79 u 80 no recuerdo bien, en ese entonces fue con Los Carabajal. Después, por supuesto, tuve la suerte de estar en varias oportunidades en el Anfiteatro, también en otras ocasiones en las que me convocaron a diferentes peñas, y hace no mucho visité la Usina Cultural donde realizamos un trabajo con la escuela de música y el conservatorio.

Ha sido una noche muy linda, nos hemos sentido muy bien, y eso se dio porque uno se da cuenta de que la gente que vino lo hizo para venir a escucharnos, te da seguridad y confianza, y la posibilidad de presentar temas nuevos, diría que darnos todos los gustos.

-Pasa el tiempo, las formaciones, pero la esencia de la familia y el escenario siguen tan vigentes como juntas…

-La cuestión familiar para nosotros es muy fuerte. Mientras podamos encontrar dentro de la familia las condiciones para seguir uniendo ese conocimiento lo vamos a seguir haciendo. Si bien son mis hijos, veo sus cualidades individuales: Homero es realmente bueno en el sentido de intérprete musical, como guitarrista, con su voz, y con su personalidad para tocar y estar al frente, diría yo que ya tiene su lugar; Martina en la percusión también nos brinda algo muy especial, su presencia y su fuerza son necesarias para sostener la música del grupo; Ricky (sobrino) también está desde muy changuito entre nosotros y le hemos enseñado todo, quien mejor que él para saber cómo se tiene que tocar una chacarera en el bajo, viene casi de sangre. Pasan los años y las formaciones, y la familia es un lazo fundamental en nuestra construcción musical, es parte de nuestra identidad.

-En el escenario, hizo usted una referencia que llamó la atención risueñamente: “Hemos venido durante muchos años al Festival de Peñas, trataremos de ensayar más para estar a la altura del Festival. No se dejen obnubilar con espejitos de colores…”

-Desafortunadamente, hoy en día resulta muy difícil poder escapar a la tentación y a lo que todo el mundo pareciera tener como normal y común. Digo que es muy difícil no caer en eso, en hacer lo que hay que hacer, en hacer lo obvio, lo que la orden manda. De pronto, a mí no me gusta atacar a nadie, ni poner énfasis especial en algún festival, pero en líneas generales vengo observando que todos los festivales se van dejando llevar por lo que la gente pide, pero nadie dice ni conoce quienes son esas gentes que lo piden, o al menos quien ha empezado a decir que la gente lo pide. Los artistas graban cosas que a la gente le gusta; los productores les piden a los artistas que graben porque eso a la gente le gusta; la gente cuando va a ver un artista va porque a la gente le gusta, pero resulta que nadie es “la gente”, nadie quiere ser “la gente”, aunque todos hablamos de “la gente” como si estuviésemos fuera. Por eso digo, se hace muy complicado no caer en esa lógica, siento que en lo personal me resulta difícil y al mismo tiempo fácil también, porque lo que yo hago es lo que sé hacer, con solo ser auténtico uno ya podría contrarrestar eso, pero entiendo que sea difícil descartar la condición del éxito. Nosotros esta noche y en Cosquín (sábado) abrimos con una vidala nueva que es buena musicalmente, que tiene buena letra y es hermosa, pero ¿quién de los artistas exitosos de hoy tocaría una vidala?, ninguno, creo… todos están en la búsqueda del reggaetón con charango. De todos modos, lo que dije fue una humorada si se quiere.

-¿Cómo resiste el artista como usted ante un contexto que está alejado de las raíces?

-Más que de resistencia, me gusta hablar ya en estos tiempos y sobre todo después de la pandemia, de las cosas que el ser humano hace y de cómo nos comportamos socialmente. Por supuesto que voy a seguir trabajando, siempre haciendo cosas, tratando de dar lo mejor y de elevar la puntería para quien está escuchando también, que disfrute y que eso lo lleve a pensar. Pero honestamente, no tengo mucha fe, sobre todo con este contexto y conflicto bélico de escala mundial que seguramente traerá consecuencias y nuevas formas para la vida. Aquí en Argentina, como en todo el mundo, predomina y manda el mercado, y la música no está a salvo de esto, que se ve desplazada en términos de pérdida cultural más pura, genuina, auténtica. Ni siquiera se trata de tradición, porque hasta la tradición es y fue utilizada por los tipos exitosos. De pronto, la tradición que han marcado Los Chalchaleros a mí nunca me ha servido, en cambio, la tradición que yo he conocido en mi casa, en el patio con tierra, el sabor, el ritmo y el tocar bien, esa sí me ha servido mucho en la vida. De repente, si uno tuviera que analizar a los grandes grupos de la Argentina, ve que se han movido mucho con el mercado. Los que representan al folclore en los diferentes festivales como Abel Pintos, Soledad, Jorge Rojas, Los Nocheros, Los Tekis, Galleguillo son una primera línea de número, pero no una línea de calidad. Esa línea está medida por lo que cobran. Pueden cobrar 3, 4, 5 millones y hasta 10 también. Digo esto porque yo sé lo que está pasando, sé que toca Abel, Soledad, sé que tocan algunos temas míos, hemos compartido festivales incluso. Me doy cuenta de que es un éxito de inercia, pero no de creatividad. A la larga mi repertorio quedará, aunque sin haber tenido el éxito de ventas de discos, números de actuaciones y dinero en juego, mis canciones están en la memoria de la gente, en la memoria del pueblo. En cambio, el éxito que tienen estos artistas es muy diferente. A ver, cántame una de Abel que esté metida en la médula del pueblo, cántame una de Luciano Pereyra que esté metida en la médula del pueblo… yo tengo la tranquilidad y la alegría de tener canciones que están en la memoria de la gente y seguramente a estas nuevas canciones cuando pasen 10 o 15 años les pasará lo mismo.

Aquí (por la organización) hubo una decisión de querer realizar una noche de folclore para la gente. Si bien, yo cobro por mi trabajo, ha sido 20 veces menos que lo que cobra un artista de los que nombré. Esta noche ha sido posible porque los artistas y la organización tuvieron la decisión de hacerlo así, pensando en traer a la familia a una reunión que no es solo musical. Si yo hubiera cobrado dos millones hubiese sido imposible hacerlo gratis, así que celebramos esta noche en la que todos hemos disfrutado muchísimo.

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