Palabras como tortas fritas
Mate argentino y firme
Escribe Baruj (Especial)
Al mate amargo había que aguantarlo. No era para cualquiera. Pero como mi amigo Pepe lo tomaba así, y yo quería ser más amigo de él todavía, lo acompañaba con algo de sufrimiento al principio, y con placer después, a tomar amargo y duro. Cosas del querer. Acompañar al otro. Hacerse parte de ese rato que va a agregar nostalgia dulce a los recuerdos que tendremos de viejos. Porque en definitiva el tiempo, a la edad que tengo, ya comienza a medirse en melancolía para atrás y para adelante. De la buena. De esa que no es un fantasma, sino una mujer maga y dulce. Tan dulce como los mates adolescentes del Chala, mate dulce en la costanera de Villa María. Tres cucharaditas de azúcar por mate. La yerba no importaba. De postre el mate. Dulce, dulce. Entre esos dos extremos fue que me hice fiel a la cultura matera. Y ya integrado al rito no tenía problemas en aceptar los dos de rigor donde fuera.
El mate con limón que me sorprendió en la casa de la mamá de Graciela; el mate con bombilla de palo santo en la casa del Enrique; el mate en jarrito en la casa de mi otra querida Graciela; el mate en porongo largo en la casa del Norman, que después me lo regaló. Y un mate, lo recuerdo bien, una mañana casi madrugada de invierno duro, me tocó en una rueda alrededor de un fuego rural, porque había que calentarse, porque el frío sí que era de los de antes, por eso tomar calentito valía doble, yo tomé con ganas, y la pucha que tomé fuerte, y me incendié por completo, mientras Fencho se moría de risa y a mí, se me hervían los ojos y se me quemaba el pelo. Tenía grapa. Mucha. Una, para mí, parecida a la nafta por la combustión. Ardió.
Después Fencho me sumó a su cuadrilla de viejos en la que había un gringo canadiense que no decía nada, pero sí tomaba el mate, y después nos hizo trabajar a todos, toda la mañana en la de la casita para jubilados que él ya llamaba Bethel. Y así fue, te digo, porque esa casita, al final, fue casa de todos.
Yo sigo creyendo que en eso el mate tuvo mucho que ver. ¿No es cierto, gringo?
……………………………………………………………………………
Buenos jubilados, buenos mates con grapa y con una fe que extraño, buenos los mates en jarrito. Buenos todos.
