Vicente luy, el escritor cordobés maldito

Escribir sin vender el alma

Un recorrido por los textos, la obra y el pensamiento del escritor cordobés que dejó una huella e ideó una forma diferente de escribir. Visceral, directo y sin tabúes, Luy sigue siendo releído en el día a día
domingo, 27 de marzo de 2022 · 09:10

¿Por qué será tan difícil hablar de nuestra poesía contemporánea y no mirarnos siquiera un poco? 
En nuestras tierras, entre tantos escritores que día a día siguen apareciendo -y publicando- hubo varios que dejaron su huella y rompieron aquellos esquemas a los que estábamos acostumbrados.
Entre tantos libros que aparecen, explotan y se apagan (como fuegos artificiales), otros siguen brillando o llamando la atención.

Uno de ellos fue Vicente Luy, dueño de un carisma muy particular. 
Reflexivo, directo y con palabras como puñales, el escritor cordobés (que se suicidó tirándose al vacío desde un departamento de la ciudad de Salta, en 2012) dejó un “legado” (si se le puede llamar de alguna forma).
En sus libros, que fueron varios, Luy narraba su vida, sus intoxicaciones, su consumo de antidepresivos (Prozac a la cabeza) y el dolor que lo atravesó durante mucho tiempo.
El hecho de pensar que todo lo escrito era biográfico es disminuir su calidad como escritor -o no-, así que nos corremos de eso.
“La única manera de vivir a gusto es estando poseído” (2010), que más tarde mutó a “Plan de operaciones”, contiene poemas inéditos, mails, una entrevista y hasta fragmentos encontrados en hojas sueltas o cuadernos y anotaciones fechadas entre 2009 y 2011. De allí se desprende el último pensamiento de Vicente, o por lo menos, el eje de este artículo.
La manera de abordar su vida y las descripciones que fue generando de su espacio parecían adelantar lo que haría. Si hasta en una poesía el mismo escritor desarrolla su deseo de suicidarse tirándose desde una ventana, pero su miedo era sobrevivir. 
La idea de suicidarse se había vuelto un plan, que lastimosamente lo cumplió mientras “miraba” un departamento para alquilar en Salta. Sí, así de desgarrador.

De igual modo, en sus textos uno puede encontrar una mezcla de diario íntimo con cuadernos de pensamientos y hasta una charla de hombres en un café.
La política, Charly García, Spinetta y el escritor peruano Cesar Vallejo eran algunos de los personajes recurrentes y queridos.
También tuvo en los textos su pata creativa y un sinfín de opiniones respecto a política y más. 
Hablaba de fútbol, de crear un “superequipo” con los equipos cordobeses o rememoraba antiguos amores.
Tenía amigos en el ambiente musical, y a veces, entre canción y canción -o al final de los shows- subía al escenario, tomaba el micrófono y leía algunas de sus obras mientras algunos lo escuchaban y otros se iban. 

Apuntes de su camino
Algunos dicen que vivió como un poeta, otros (en tanto) dicen que lo hizo como pudo.
Pensaba que el trabajo era esclavizante, o tal vez no conocía demasiado ese paño, porque en medio siglo jamás trabajó (en el sentido propio de la palabra). 
Lo cierto es que Vicente perdió a sus padres en un accidente aéreo cuando tenía seis meses de vida. Hasta los siete vivió con una familia adoptiva, hasta que su abuelo, el poeta español Juan Larrea, se hizo cargo de él. 
Pero Larrea murió a los 18 años de Luy y allí el hombre vivió con una gran herencia -que fue dilapidando hasta su final, cuando tenía 50 años-.
Luy amaba a Vallejo y detestaba a Neruda, si hasta en alguno de sus escritos le dio muy duro. 
El hecho de no tener a sus padres también le generó dolor y angustia. 
Y lo cuenta textual: “Yo tenía seis meses/?Mamá se fue de viaje y se cayó el avión/ Se ve que la nurse alemana no soportó mi llanto y me zarandeó/ Ahora, focalicemos/ ¿Puede una madre dejar por un mes a su niño de tan temprana edad?” 


Explosión y declive
Tras el fallecimiento de Larrea, Luy se quedó viviendo solo en la casona de Jardín Espinosa. 
Tenía 18 años y ya era parte de las familias patricias. Por su fama y prestigio, se fue haciendo conocido.
 Primero, lo conocieron en el underground por apoyar las bandas emergentes imprimiendo sus afiches; en su morada se llevaban adelantes eventos y ayudaba desinteresadamente.
 Leía poco, escribía mucho y, a veces, parece que publicaba todo lo que escribía.
De igual manera, hay textos que quedan en el inconsciente colectivo, como el de la lluvia, el de “Venderle el alma al Diablo”: “Venderle el alma al diablo?/ Sí, pero cara/ Y si se puede, venderle también otras cosas/ Y venderle a Dios lo que el diablo no compre”.
Hay que ser sinceros, o por lo menos recoger lo que otros dicen. Y se dice que Luy no tenía una relación directa con la poética porteña y Vicente tampoco tenía relación con la tradición poética de cordobesa. No lo invitaban a leer a ciclos, y tampoco se juntaba con poetas.
Vanguardista, popular, político, sabio, inconformista y visceral. Todo eso era Luy. Y?más.
Uno no puede saber donde termina el autor y comienza su obra.
De igual modo, la vida de Luy merece ser contada. Y?también su obra, leída.

Perfil
Vicente Luy, escritor (1961- 2012). Nació el 3 de mayo de 1961 en Córdoba. Sus padres fallecieron en un accidente aéreo solo seis meses después. Hasta los 7 años, pasó de una familia adoptiva a otra hasta que su abuelo, el poeta español Juan Larrea, dijo que quería hacerse cargo. Gracias a él conoció la literatura de los malditos, de Vicente Huidobro, de César Vallejo. Lo dejó solo y con mucho dinero a los 18 años. Luy nunca se recuperó de esa muerte. Además de su abuelo, según él, lo educaron Charly García, Luis Alberto Spinetta, Mafalda y Dostoyevski. También el cine. A los 14 años empezó a escribir, justo cuando decidió abandonar el colegio.
Publicó su primer libro, Caricatura de un enfermo de amor, en 1991. Le siguieron La vida en Córdoba, de 1999; Aviones, de 2002; No le pidan peras a Cúper, 2003; La sexualidad de Gabriela Sabatini, 2006; Vicente le habla al pueblo, 2007 y Plan de Operaciones/ La única manera de estar a gusto es estando poseído.
 

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