Entrevista al poeta y cantor de Los de Siempre

Altamirano y Villa María, historia de una pasión setentista

Vino por primera vez a la ciudad en 1970, un año después de que su grupo de entonces, Los Altamirano, fuera elegido como revelación en el Festival de Cosquín. Este fin de semana peñero regresó, no para cantar, sino para estar con amigos. Acaba de musicalizar un poema de uno de ellos

Daniel Altamirano no trajo su guitarra a Villa María esta vez. Vino con su esposa desde Córdoba capital, donde reside, “para disfrutar de los amigos, en especial de Eduardo”.

Eduardo es Belloccio, quien lo acompañó en la tarde de ayer hasta la Redacción de El Diario, donde tuvo lugar una charla en la que se repasó la especial relación que entabló con Villa María, la actualidad del folclore y de la comunicación en los tiempos que corren.

-¿Cuándo fue la primera vez en Villa María?

-Fue en 1970. Veníamos de lo que fue un boom en 1969 en el Festival de Cosquín, donde fuimos la revelación. Acá estaba Tito Suárez y nos trajeron. Tocábamos en ese escenario del Anfiteatro que era tan largo y se metía entre las sillas, entonces la gente se subía, nos tocaba, nos abrazaba y hasta llegaba a cantar con nosotros. Caímos de 10 acá. Era una gran peña y en ese ambiente lleno de poesía lo conocí a Eduardo, con quien seguimos esa relación de amistad, de poemas suyos que van y poemas míos que vienen, más allá de las veces que regresé para cantar con Los Altamirano, primero, con Los de Siempre, después, y como solista las últimas veces...

-Y después, el beso en la boca a la ciudad, con la canción Los amantes de Córdoba...

-Sí, esa es de 1976, con letra mía y música de Walter Suárez, un bellvillense...

-¿Qué cambió en la música y en los festivales en este medio siglo?

-La gente nos escuchaba por radio o en el tocadiscos e imaginaba cosas. Ahora le dan todo hecho, con un video para que entienda... Parece que se habla diferente y hay gente del rubro a la que no le vendría mal un diccionario de castellano, más allá de que uno perciba que hay una generación que habla así y la industria lo exacerba, lo impone, del mismo modo que ocurre con el tema de la información en las redes, donde todos saben de todo, pero nadie sabe nada.

-¿Y los festivales?

-El Festival de Folklore de Cosquín no es de folclore. El Festival de Peñas de Villa María no es de folclore. El negocio es el negocio y a todo esto lo mantiene el dinero...

-¿Cómo está el folclore para, por así decirlo, subirse nuevamente a los escenarios? ¿Cuáles son las figuras que usted cree que van a trascender?

-Hay buenos y muy buenos artistas en el folclore, pero es gente que estimo, lamentablemente, que no va a trascender en el plano nacional ni en el internacional, porque no hay interés en promocionar lo nuestro. Ni el folclore ni el tango, que está reconocido en el mundo con todos los honores. Por un lado, los argentinos somos argentinos solo para ir a ver el Mundial. Lo digital hizo mucho daño, además. Hay que prestar atención a los comentarios cuando actúa un conjunto folclórico con la indumentaria típica de tierra adentro. “Se disfrazan de gauchos”, se dice, sin entender la tradición. Y, por otra parte, a los dueños de las redes sociales (Facebook, Twitter...) no les interesan los mensajes que transmiten nuestras letras, no les interesan los mensajes que hablan de nuestras cosas, imponen los temas de los que se tiene que hablar a través de sus algoritmos...

-Contracorriente, usted sigue haciendo canciones...

-Sí, hago canciones porque lo considero importante. Una poesía me llega, me cuenta una historia. Y no hago canciones de folclore porque esté de moda, precisamente. Es lo que siento. Me gusta el folclore, como me ha gustado escuchar a Los Beatles y a todos los que hacen buena música. Y ahora, releyendo un libro de Eduardo, me encontré nuevamente con el poema Villa María en septiembre y me fue naciendo la música según avanzaba verso a verso.

Belloccio, sindicalista de Comercio y presidente de la filial local de la Sociedad Argentina de Escritores, contó entonces que entabló amistad con Altamirano debido a la pasión por las letras: “Yo entré a la vida de Daniel a través de la poesía. A los 11 o 12 años me gustaban las letras de Jaime Dávalos. Después, en la secundaria, tendría 14 cuando una profesora de la Escuela Superior de Comercio, Susana Pipino, nos hizo hacer un trabajo sobre El General Quiroga viaja en coche a la muerte de Borges, y me sumergí en el mundo de Borges y no lo pude dejar. Y después empecé a leer las poesías de Daniel, a escucharlo también, y fue otro flechazo de poesía. Me animé a compartir con él mis escritos, lo visité en La Consulta, Mendoza, lo sigo visitando en Córdoba capital, como él viene a vernos a Villa María. Somos amigos y esta no es su primera canción que hace en base a una letra mía, ya que cuando fue invitado a la Velada de Gala en el Teatro Verdi, en la previa al 25 de mayo de 2011, estrenó Amarte así, con letra mía y música suya, esa noche interpretada junto a la Orquesta Estable dirigida por el maestro Kuki Soria”.

-¿También en ese caso, la lectura “le dictó” los acordes, Daniel?

-Creo que tiene que ver también con esta amistad de 48 años, ya. Me llega el amor de Eduardo por Villa María y recrea mi propio amor por esta ciudad que supo abrazarme tantas veces. El amor de Eduardo por Villa María no está solamente en las poesías que le escribe, sino en cosas que hace desde su Sindicato de Empleados de Comercio o la SADE. Es alguien solidario, generoso... Y bueno, toda esa carga está en sus letras y transmiten cosas que me hacen sentir que allí hay una canción.

-¿Cómo llegó a la música Daniel? ¿Cómo surgieron Los Altamirano?

-Mi padre era cantor y tocaba bien la guitarra. Mi madre se pasaba el día cantando. Ella era nuestra primera admiradora y la que nos alentaba para que siguiéramos adelante junto a mis hermanos. Después vino lo de Cosquín y ya no paré.

 

1976

Los amantes de Córdoba

Café "La Madrileña"

Enero de mil novecientos...

recuerdos hermosos

Y pienso donde quieras que estés

Y con quién estés

Algo de mí te subirá a los ojos

Recorrerá tu alma

Y secará en tu boca

La palabra o el engaño

De decir... ah lo que a mí me dirías

Ah lo que a mí me dirías

Porque yo... Yo te enseñé a

sentir, a soñar

A desear y por qué no,

por qué no

A sufrir del amor su condena

 

Cuando en Córdoba la luz

Baña el cielo con su azul

Yo imagino que aún estás

En la bruma del ayer

En los versos que escribí

Solamente por vencer

Tus caprichos de mujer

Tu inocencia y tu desdén

 

Yo te amé, ayer... hoy

Mañana, siempre

Cómo pretendes borrar

Con llanto y lluvia

Lo que la noche y la luna

Nos cediera

Sin más testigos que el mundo

Que giraba

Una guitarra que siempre

Te recuerda

Un corazón que nunca

Ha de olvidarte

Aunque golpee el olvido

Ante su puerta

Un día, un día he de prenderle

Fuego a mis poemas

El fuego ha de aventar cenizas

De aquellas canciones que yo

Escribiré por ti y para ti

Esas cenizas te dirán

Que te amo,

que te amo a pesar del

invierno que está cercando

mi juventud, mi orgullo

Porque siento que se van los días

Que se marchitan las flores.

Y No quiero, no quiero que el

Recuerdo de este amor

Hermoso, se apague

Como la luna en el mar

Como las mariposas

En la sombra

Como el rocío en la niebla

Como el otoño en el vino de la

angustia y la tristeza

 

Amame, Amame aunque sea lo

último en el mundo

Amame, aunque yo sea el

último amante de la tierra

¡Amame!

Letra: Daniel Altamirano

Música: Walter Suárez

 

2022

Villa María en Septiembre

En el verde aire de septiembre

un manso río de sauces cabalga

sobre el frío polvo ciudadano.

 

Verde claro, verde oscuro, verde nuevo,

como las luchas y vanidades de los hombres,

la primavera trae su luz de amor eterno

en un sinfín de besos alunados.

 

¿Quién dibuja un horizonte de paraísos en la vida?

¿Quién levanta la voz dela esperanza?

¿Quién describe nuestros sueños en la tierra?

¿Quién le canta a la ciudad amada?

¿Quién se olvida de las calles polvorientas?

¿Quién rescata las liturgias en el alba?

 

Villa María va pintando sus plazas

de jacarandás, rosas y lapachos,

mientras la raíz sideral del viento

conmueve la umbría soledad del ceibo,

y el sol cotidiano busca su rutina

de atardecer ensangrentado.

 

Ya en el túnel de las voces repetidas

ya en el rostro de los hombres del pasado,

yo proclamo que mi ciudad estremecida

es una memoria sublime del pasado.

Letra: Eduardo Belloccio

Música: Daniel Altamirano

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