OPINIÓN - A propósito del ¿último? paso del cantautor por el país

¿Despedimos a Serrat?

Impresiones de alguien que hilvanó buena parte de su vida con canciones del catalán, luego de asistir al penúltimo de los recitales de su gira por el país. Llegar a conocer a poetas como Miguel Hernández, León Felipe, Antonio Machado...
domingo, 11 de diciembre de 2022 · 09:03

Especial: Rubén Vaudagnotto*

Asistí en Buenos Aires al penúltimo recital de Joan Manuel Serrat en Argentina. Al momento de publicar estas líneas ya habrá dado el último. Cada uno, de la serie de ocho, fue presentado como despedida de los escenarios bajo el título “El vicio de cantar”. Y la pregunta del título de estas líneas tiene que ver con que dudo poder despedir a quien uno ha sentido como compañía cercana desde hace ya… muchos años.

Soy de los miles de argentinos, (¿decenas de miles?, ¿cientos de miles?), que sienten que podrían cruzarse con Serrat y hablar largo rato de tú a tú, de vos a vos, casi en plan de charla de amigos que discurre de lo intrascendente a lo profundo, sea el tema la política, el fútbol, el clima, las tonadas, las canciones… (que cada uno ubique cada tema en la columna que crea corresponder). Porque esa es una de las tantas sensaciones que fuimos tejiendo quienes hemos seguido su transcurrir por la vida, vía canciones, vía toma de posiciones políticas, vía exilios y regresos…

Lo sentimos como una compañía cercana desde edades tempranas, o no tanto, a lo largo de nuestras vidas.

En mi caso, su compañía comenzó en los tempranos años 70, con los discos que mis primas tenían en su casa y con el segundo casete que llegó a mi cuarto en el 78 (cuando a mi casa arribó el primer “grabador”). Era un Philips verde, (el casete), de esos con los cuales grabábamos los “lonpleis”. Incluía Poema de amor, Manuel, La mujer que yo quiero, entre otras…

Mi amigo Aldo me comentó, muchos años después, que por ese casete había escuchado al Nano por primera vez… Mirá vos, qué lindo. La Paloma era el título de ese disco. Lo supe años después porque el casete carecía de rótulos y las redes donde hoy todo lo encontramos ni amagaban a existir.

 

Sus personajes

Desde entonces, cada disco sumó personajes, historias, homenajes a lugares o poetas, varios himnos, de los cuales seguramente Mediterráneo ganaría cualquier encuesta, y se ubicaría en el #1 de cualquier ranking. Y tiene con qué.

En ese recorrido, no deja de asombrarme cómo desde aquella temprana Ara que tinc vint anys (la canción que le dio título a su primer LP), marcó claramente su rumbo poético: “... voy a cantarles a la piedra, a la tierra y al agua… a la noche, al cielo, a este mar tan nuestro, al amor, al primero y al último, quiero alzar la voz para cantar a los hombres que han nacido de pie, que viven de pie y que de pie mueren…”.  Esos fueron, entre otros rumbos sellados en esa canción, constantes de su obra poética.

De aquellos personajes, en el Arena montado sobre viejos predios del Club Atlanta, en el porteño barrio de Villa Crespo, dijo que sin presumir de nada, creía que sin ellos nuestras vidas serían un poco más pobres, un poco más solitarias. Y lo tomo. El Payito del Curro el Palmo, su Mercedes, la Princesa de Sombras de la China y su madre; El furo del carrusel, cada uno de los de la Aristocracia de su barrio, Penélope, Manuel, el Titiritero, Lucía, y tantos otros… reales algunos, imaginarios los demás, han sido parte de esa compañía de la cual hablé más arriba.

 

Confesiones...

En tren de confesiones, me contó (y nos contó, para no presumir de haber estado solo con él… aunque un poquito sí), intimidades de algunos de ellos. Que el Furo fue su abuelo aragonés, muerto por el franquismo y aun sin tumba; que su madre ciertamente se hizo vieja pespunteando pijamas, pues ese fue su oficio, además del burro de carga de la casa (así, tal sus palabras), que la mujer que él quería no solo no se bañaba en agua bendita, sino que generalmente no se bañaba… y otras minucias.

Se ha dicho muchas veces, pero no es menor: muchos  conocieron o conocimos a Miguel Hernández, León Felipe o aun a Machado por algunos de esos homenajes. Eso vale mucho.

En brevísima crónica de lo sucedido ese sábado, decir por ejemplo que el público (12 mil almas, por lo menos) aplaudimos de pie varias canciones desde un par de estrofas antes de que terminaran. Que aplaudir Para la Libertad, fue aplaudirlo a él y a Antonio Machado juntos, así como que aplaudir las Nanas de la Cebolla, fue abrazar a Miguel Hernández y a Alberto Cortéz. Que se permitió jugar con la idea que podía palmar ahí mismo, que recorrió su vida alternando canciones y charlas intimistas.

Lejos de la tristeza, agradecidos de tanta y tan buena compañía, despedimos a Serrat. Seguros que, si alguna tarde nos toca caminar por una playa del Mediterráneo, tal vez lo encontremos sentado con la vista clavada entre el cielo y el mar… y sin mediar saludo, nos invite con una seña a sentarnos a su lado, en silencio, a contemplar las barcas que vienen y van…

 

*Economista y docente villamariense radicado en Neuquén