Las obras se pueden visitar en la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia hasta finales de noviembre
Tiene 12 años e inauguró una muestra con más de 300 dibujos
Diego Salinas es villanovense y comenzó a los 4 años. Entre otras cosas, una vez diseñó la ilustración que acompaña a la remera de la promoción de los niños de jardín del Rivadavia e hizo murales en su casaA veces se comienza así: jugando.
Diego Salinas es un villanovense que comenzó justamente así: iba al jardín y a veces, para jugar, su maestra entregaba hojas para que todos los chicos dibujaran.
En ese momento, él tenía 4 años y sus padres, Marcos Salinas y Guadalupe Plaza, notaron que el trazo de su hijo no era el de alguien de esa edad: los diseños eran complejos, había destreza en los bosquejos de sus ideas. Entonces guardaron esos papeles en cajas.
Ahora Diego tiene 12 años y sus padres tienen, en la casa, cajas y cajas y más cajas con papeles y papeles y papeles.
Este viernes, a las 19.30, en las salas de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia, en calle Tucumán 829, inauguraron una muestra de arte con casi 300 obras: es una recopilación de las ilustraciones que ha hecho desde los 4 años y que podrá visitarse hasta fin de mes. Él, un rato antes de ir hasta la Biblioteca, comentó que estaba “un poco nervioso”.
Los trabajos están divididos: hay personajes que le gustan -como Sonic, Las Tortugas Ninja y Pokémon-, otros que él inventa y escenas en las que él está con su padre, su madre, sus hermanos Antonio y Vicente, sus amigos. También hay certificados de concursos en los que participó y proyectos que concretó para otra gente.
Por ejemplo, para otra gente, ilustró el libro de cuentos “La cajita de Charly y su supermonstruo Sambayón”. En la contratapa de ese libro, que se publicó cuando tenía 8 años, se dice que él su sueño es ser dibujante de series infantiles y que ha participado de talleres de arte y dibujo que le sirvieron de guía en su formación. Otra gente para la que hizo cosas es la promoción “Astronautas” de los niños que terminan el jardín de la escuela Rivadavia, a la que él va: a ellos les creó el dibujo de las remeras. Incluso, otra gente, son sus padres. Les hizo dos murales: uno que se llama “La banda de la granja”, a los 8 años, y otro, durante la pandemia, en el que reprodujo los personajes de “Los jóvenes titanes en acción”, una serie animada que le gusta. Y siguió con sus padres: les dibujó y pintó toda la tráfic.
Diego, dijo su madre, no está encerrado todo el tiempo dibujando. Entrena dos veces a la semana en el club de rugby San Martín, va al colegio, a catequesis, juega en el barrio con sus amigos: lo que hace una buena parte de los chicos.
Sin embargo, cuando puede -prefiere la mañana y la tarde-, dibuja. Y siempre tiene a mano lo que necesita: su madre, que es maestra jardinera (por lo que su hijo, dijo, desde pequeño estuvo rodeado de materiales), mencionó que cuando están de vacaciones -aunque esta situación se repite en cualquier otro momento o lugar- él carga, antes que nada, un bloc de hojas y una lapicera en su mochila o bolso. Y siempre una lapicera porque sus obras -que son ilustraciones, la mayoría, porque no le gusta tanto pintar- las hace casi siempre con tinta.
Diego, al que también le gusta leer historietas y mirar películas, dijo que el dibujo le genera “placer” y que le ayuda a “imaginar más”.
A veces, decíamos, se comienza así: jugando.
Y, a veces, se continúa así, como Diego, para que no importe más nada que dibujar que, en fin, no es otra cosa que un juego.
