Pedro Trecco presentó “Medicina para el alma”
“El libro es un homenaje para poder sacar el dolor”
Con 12 historias, el médico especialista en Cardiología recuerda sucesos con pacientes que lo marcaron a fuego durante su oficio. La empatía, el amor por el prójimo y la importancia de los contextos forman parte vital de su tareaPedro Trecco responde rápido, prácticamente en el acto, pero se nota que va pensando las palabras y lo que está diciendo.
Trecco, secretario de Salud municipal, es un médico especialista en Cardiología por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e hizo su formación en la Universidad de Buenos Aires (donde vivió 14 años, trabajando en el Hospital Churruca, Visca, en la Fundación Favaloro y en el Hospital Cosme Argerich -donde fue coordinador de trasplante durante ocho años).
A mediados del 2006 retornó a la ciudad y se desempeñó como docente y director de Salud de la Universidad Nacional de Villa María. Fue director de la Asistencia Pública y es profesor adjunto de la Cátedra de Salud Pública de las Carreras de Medicina y Terapia Ocupacional.
Más allá de los 50 trabajos científicos publicados, su nueva obra, “Medicina del alma”, tiene algo particular. En ella reúne historias con pacientes durante su estadía en Buenos Aires.
Editado por Ediciones del Callejón (2022), el volumen reúne emociones, tristezas, alegrías y esperanza. Se trata de 12 narraciones y un texto dedicado al médico generalista Carlos Castillo (“un viejo y querido colega que sigue trabajando: como los buenos vinos, algunos dicen que los médicos nos hacemos mejores cuando más añejos nos ponemos”).
“Como un verdadero cronista, (el autor) registra datos para reconstruir los hechos y recuerda, vuelve a pasar por el corazón, para introducir la realidad al ámbito de la literatura”, dice la docente y periodista Fabiana León, quien además de haber sido una primera lectora también es autora del prólogo de la obra.
Trecco, en diálogo con El Diario, explicó que todo lo comprendido por la placa “es el resultado de mis vivencias en una de las etapas más maravillosas de mi vida profesional”. Se trata de momentos donde la experiencia no era tanta y la sorpresa ante lo inédito o inesperado arreciaba.
Allí (en el libro), algunos títulos como “Calmar a mamá” o “Y Luis llegó al cielo”, acompañan lo blanco de su oficio con la ternura que genera la empatía y el altruismo.
El hallazgo de las agendas
“Lo que me motivó a escribir fue la época de pandemia. Yo duermo muy poco y en la época dura del COVID-19, cuando el virus entró en la ciudad y las vacunas no llegaban, eso me llevó a dormir menos que nunca”, inició Trecco, quien aseguró: “Siempre me gustó escribir y en ese momento encontré agendas viejas que tenía -de la época de trasplante- donde yo estaba con pacientes que requerían terapia intensiva y tenía muchos números en la cabeza (presiones arteriales, pulmonares, ritmos), pero también ponía algún dato como ‘Falleció su novia’ o ‘Tuvo a su papá enfermo’”, rememoró.
En ese tono, y teniendo en cuenta que los datos también tenían que ver con un contexto y no solamente con lo duro de las cifras y su honestidad brutal, especificó: “Hay una historia que se llama ‘Y Luis llegó al cielo’, que se trata de un hombre que tenía una fábrica de bicicletas y en la década del 90 -cuando lo importado parecía que era mejor que lo propio- se infartó en un shopping cuando vio una bicicleta importada a la venta a la mitad del costo que le salía a él construirla”.
“Ese día el hombre cayó de rodillas y se infartó. Ahí empezó el derrotero de este paciente; sumado a eso él venía empeorando con su fábrica, no tenía obra social, se hizo atender por la salud pública y lo encontramos. En ese momento a mí me quedó marcada la palabra ‘amargura’ que así la anoté en la agenda”, recapituló.
Emocionado en sus palabras, el médico y docente reconoció que en sus años como educador “colaboró con el intercambio con la gente de otras disciplinas. Soy de leer mucho y en filosofía me encontré a Plotino (N. de la R.:?Plotino fue un filósofo griego helenístico, autor de las Enéadas, y fundador del neoplatonismo), que hablaba de una fuerza creadora que derramaba el bien y el amor y que el humano la única función que tenía que cumplir era buscar la verdad y dejarse bañar por esos principios”.
Por otra parte, llevando adelante una comparativa entre los doctores de antaño y los actuales -en donde su estructura académica es distinta- dimensionó: “Yo tuve una formación positivista (apuntada a los hallazgos de patologías). Mi materia central estaba abocaba a la enfermedad, no a la salud”.
“Así, las viejas camadas de médicos sabemos de la patología y poco de la salud y de las otras dimensiones”.
“Pero es importante saber que la enfermedad tiene la patología (que es lo técnico), pero también tiene el dolor del paciente que se manifiesta de diferentes maneras: hay pacientes a los que una enfermedad terminal se les puede generar con una gripe y se mueren sonriendo. Pero también hay otra dimensión que tiene que ver con lo que ocurre con el entorno: no se enferma un paciente, sino que también la familia”, explicitó.
“Estas dimensiones -ya nombradas- se dan en un contexto que es un microambiente microsocial; y a algunas de esas cosas las vimos con el COVID-19”.
“Hoy, al médico que no entienda que el hombre es un ser complejo y multidimensional, se le va a hacer difícil que pueda ejercer la medicina”.
Siempre en el camino de la reflexión respecto a una disciplina donde la vida y la muerte están muy cerca, en la balanza también se pone la cercanía con la tristeza, pero en el fondo siempre emerge la esperanza.
“En todos los textos hay historias de vida. Vivimos en un mundo donde pareciera ser que sentir dolor o estar triste está mal. Uno ve las redes sociales y todos son felices y la vida es una cosa totalmente distinta. Soy un convencido de que del dolor, de la frustración y de las equivocaciones se aprende muchísimo... De la alegría se aprende poco”.
“Uno tiene que estar siempre estable en su trabajo -cuando te dicen que sos el mejor o también el peor-”.
Siempre en el mismo marco de referencias -en cuanto a la entrevista- Trecco también aseguró que la medicina ya no tiene al doctor en un pedestal, sino que aquellos que requieren atención son la parte más importante. “El paciente hoy es el participante activo de su salud y eso lleva a que sea más demandante”.
“De igual modo, y volviendo a lo anterior, la crisis social que se vive nos aborda a todos. Hace 50 años un pueblo se fundaba con un cura, un médico y un maestro y hoy son instituciones puestas en jaque por un celular. Los papás y las mamás están puestos en jaque por un teléfono celular”, agregó.
Retornando a lo que contienen las más de 200 páginas de su tercera publicación, refirió: “Escribo porque estoy lleno de anécdotas. Compartí mi vida con mucha gente grande, como las hermanas de mi abuelo, tuve dos abuelas y un abuelo vivos y siempre cuento que cuando me recibí de médico mis abuelas pensaron que no se iban a morir más. Eso es una responsabilidad”.
“Mi abuela me dijo que tenía dificultad para tragar, a los 91 años. En esa ocasión le decretaron una enfermedad terminal, y a ella tal vez le costaba asimilar -que era grave-, pensaba que aún quedaba una posibilidad. Esto se debe a que la gente quiere vivir y lo nuestro, en la medicina, es algo contranatural, vamos contra la muerte”.
Morir de amor
Otro texto que se destaca, y que tal vez más emoción contenga, es “Morir de amor”.
Referido al mismo, el autor narró: “Ese texto viene de las agendas. Yo, más allá de los estudios, creo que el paciente murió de amor porque su novia falleció en un accidente de tránsito cuando iba a visitarlo”. En ese matiz, el reporteado asegura que si su pareja hubiera llegado a verlo, el desenlace hubiera sido distinto.
En pocas palabras, y sin vueltas, aún con emoción en sus palabras, el entrevistado se sincera: “Este libro es un homenaje para poder sacar el dolor”.
Allí se exponen, entonces, todas aquellas páginas, historias, sentires y sucesos que fue captando día a día. A veces no hay tiempo para detenerse en los dolores, a veces solo hay que seguir mirando el horizonte y esperar que los ojos del otro se abran. Así lo hace Pedro, y así lo cuenta.
El final de la conversación se desenvuelve en la medicina, el territorio y la interacción con el otro.
“En ‘Cómo razonar en medicina’, Alberto Daín dice que el 70% de los diagnósticos médicos son errados, pero los parientes se curan. Entonces, ahí podemos ver que nosotros ayudamos y que realmente uno no es infalible. En la muerte de cada uno -como así en la enfermedad- también está el destino. Uno puede pensar ¿por qué a esta persona comenzó a afectarle tal patología y no otra? Todo se trata de un aprendizaje que va dando la madurez”.
“En medicina algunos hablan de mantenerte aislado, y yo creo que en la actualidad tenemos que observar completamente las dimensiones de las personas y su contexto. No concibo un médico clínico que no vaya a la casa a ver a un paciente. Me sucedió con una nena que solía visitar la clínica todos los años porque tenía bronquiolitis. Un día, sentado afuera del hospital con un colega, vimos que su familia venía en el auto y su padre estaba fumando. A?ellos, los padres, nadie les había dicho que no fumen adentro de la casa... por eso es importante tener una visión integral”.
“Al paciente siempre hay que atenderlo como a un ser querido, como a alguien que es parte de la familia. Si lo dejaste todo, no hay reclamo”.
Análisis, pero literario
Referido a la lectura del texto, y a vuelo de pájaro, uno puede encontrarse con diversos títulos que se destacan por ser atractivos. En tanto, la narración en primera persona, las descripciones y las apreciaciones lo vuelven al lector participante de los sucesos.
En uno de sus pasajes, queriendo explicar el doctor, el escritor atina: “El dolor es inigualable e irrepetible, solo el que lo vive puede dar una definición aproximada y para su propio dolor. Querer explicar lo inexplicable, como una pérdida es imposible. El respetuoso acompañamiento en estos casos enaltece la figura humana del médico”.
Así, a corazón abierto, valga la redundancia, las páginas se van pasando y uno sale del libro de un modo distinto al que ha ingresado: siendo aún más humano, empático y pensando más en el otro.
“Es un libro más apuntado a los estudiantes y a los pacientes que a los médicos, ya que es algo que ellos viven cotidianamente”, aseguró el autor.
Y habrá más por leer, pero esa es otra historia.
La presentación y la venta de los ejemplares de “Medicina para el alma” se llevarán adelante el próximo lunes 31 desde las 20.30 en el Centro Cultural Leonardo Favio (Sabattini 200).
