Victoria Ocampo y su relación con sus orígenes
Mucho más que la nieta de Manuel
Victoria, nieta de Manuel Anselmo Ocampo, dejó una impronta notable a nivel intelectual, cultural y artístico que la mantiene en el Olimpo de los escritores nacionales. Sus orígenes, el recuerdo de su abuelo y los diferentes hitos que fue dejando a su pasoEscribe Francisco Rivera (*)
Especial para El Diario
Interrogarse sobre los orígenes habilita la posibilidad de pensar ciertos acontecimientos fundantes que ayudan a comprender mejor el presente, ofreciendo así una manera específica de indagar el mundo en el que vivimos y de vislumbrar un futuro siempre abierto a sus posibilidades. En este sentido, la figura de la escritora, ensayista y traductora Victoria Epifania Rufina Ocampo (mejor conocida como Victoria Ocampo, a secas), se encuentra atravesada por una serie de orígenes históricos que dialogan directamente con su obra y su biografía.
La relación con su abuelo Manuel Anselmo Ocampo, fundador de la ciudad de Villa María, y la difusión masiva de la literatura americana del siglo XX (a través de la creación de la revista-editorial Sur), comportan hitos fundamentales que permiten pensar algunas derivaciones de nuestra cultura nacional y la gravitación de las letras hispano-americanas en un terreno de producción internacional de sentido.
Una imagen hogareña
Durante el año 1967, al conmemorarse el centenario de Villa María, se realizó una audiencia televisada organizada por la Biblioteca Bernardino Rivadavia y sus anexos a través del histórico Canal 2.
En dicho evento se dieron a conocer unas palabras de la ya prestigiosa escritora Victoria Ocampo, nieta de quien fuera el dueño de las tierras en las que el 27 de septiembre de 1867 se había fundado la próspera ciudad que llevó nombre María (en alusión a la hija mayor de Anselmo).
En el escrito publicado en uno de los cuatro tomos del Plan de desarrollo de la ciudad de Villa María (a cargo del Doctor Antonio Sobral), podemos acceder a una imagen hogareña del militar retirado que había combatido bajo las órdenes de Mitre en las batallas de Cepeda (1859), Pavón (1861) y en la Guerra del Paraguay.
Quizás la sangre y el lodo de aquellos años centrales para la conformación del Estado Nacional Argentino sean el reflejo biográfico de lo que Victoria describió como un estado “francamente neurasténico” en su abuelo, “que se quejaba continuamente del insomnio” según sus palabras.
Difícil es saber a ciencia cierta cuáles eran los pensamientos y las imágenes que le producían angustia o le quitaban el sueño a “papá Ocampo” -como solía denominarlo afectuosamente Victoria-.
Más evidente resulta su participación nodular en los procesos políticos y sociales que le dieron forma a nuestro país casi como lo conocemos en la actualidad.
Fortaleza y lucidez
Aunque formaron parte de una casta social integrada por las familias hacendadas más ricas y privilegiadas de la Argentina, tanto Victoria como su abuelo Anselmo se resisten a ser catalogados en lo que se ha dado en llamar a secas como oligarquía ganadera argentina, puesto que es posible rastrear ciertos elementos interesantes en sus biografías que le hacen justicia a la denominación aristocracia argentina. Dicho término, de raíz griega aristos significa excelencia, sabiduría intelectual o virtud, con su complemento kratos que significa poder. Así pues, las experiencias de mundo que ambos encarnaron en sus acciones y decisiones hablan de un valor, una lucidez y una fortaleza de espíritu propios de una alcurnia patricia con un compromiso ético y político por el mundo que habitaron.
En el caso de Anselmo, al formar parte de un movimiento progresivo de enfrentamiento a la corrupción y el fraude de los partidos conservadores de ese entonces. Esto es, al enfrentar sobre el final de su vida a los personeros del régimen oligárquico encabezado por Mitre, Roca y Pellegrini, formando parte activa en los procesos que favorecieron a la consolidación de los valores republicanos y la igualdad en el acceso a los espacios de decisión política en nuestro país. Ejemplos de ello son su clara oposición a la candidatura de Miguel Juárez Celman en 1886 (apoyando a su padre como candidato), y su participación en las Juntas revolucionarias que dieron origen a la Unión Cívica Radical de Hipólito Yrigoyen en 1893.
Una unión de mujeres
Por el lado de Victoria Ocampo, su espíritu aristocrático (en el más completo sentido de la palabra) se destacó por haber dedicado gran parte de su fortuna personal a difundir y cultivar la literatura nacional en distintas latitudes y al ser parte cofundadora, junto a Susana Larguía y María Rosa Oliver, de la Unión de Mujeres Argentinas en 1936.
Entre otras tantas acciones públicas en las que Victoria puedo hacer valer su derecho a escribir y pensar como mujer, la nieta de Manuel Anselmo fue un ejemplo de entrega desinteresada para promover actividades educativas, culturales y artísticas, siempre tendientes a generar un mayor esclarecimiento de la realidad y a la elevación espiritual de sus contemporáneos.
Letras del Sur
En 1931, a instancias de Waldo Frank, José Ortega y Gasset y Eduardo Mallea, Victoria decidió crear una revista literaria en la que se difundió durante décadas la obra de autores extranjeros de relevancia internacional. Además, se dieron a conocer las producciones de jóvenes escritores argentinos, entre ellos Borges, Bioy Casares, Sábato, Martínez Estrada, Marechal, Silvina Ocampo y Alejandra Pizarnik, que desde las primeras décadas del siglo XX habían producido una modernización cultural en la ciudad de Buenos Aires a través de sus publicaciones, debates y espacios de formación. Según palabras de su propia fundadora, la revista Sur (que posteriormente dio lugar a la creación de la editorial en 1933), se fundó con el objetivo de “ocuparse principalmente de problemas americanos bajo varios aspectos y en la que colaborarían los americanos que tengan algo adentro y los europeos que se interesen en América”. Esta afirmación de valor extraída de la Carta a José Ortega y Gasset publicada en la Revista Sur en 1980 trasluce la ambición de una propuesta intelectual, en la cual se hizo posible el diálogo inédito y sin fronteras entre el pensamiento de América y el mundo.
Cuestión de juventud
En 1916, años antes de la creación de la revista y la editorial Sur, José Ortega y Gasset realizó el primero de una serie de viajes a la República Argentina. Ante un marcado influjo de la cultura francesa sobre la intelectualidad rioplatense de entonces y con motivo de conmemorarse el centenario de la Patria, el viaje del filósofo autor de La rebelión de las masas se propuso conocer a fondo el alma y la intimidad de los argentinos para incitarlos a crear una Nación a la altura de los tiempos. Este llamado se hizo en nombre de una supuesta “juventud” de los pueblos americanos, una incitación a las elites argentinas para que vieran en el idioma español un recurso legítimo para expresar ideas y sentimientos.
Sin dudas la influencia de Ortega y Gasset resultó fundamental para que Victoria Ocampo creara la revista-editorial Sur, como si se tratase de fomentar un impulso hacia una salida de la propia autoculpable minoría de edad -concepto utilizado por Kant para referir al estado de la humanidad no-ilustrada carente del coraje para atreverse a pensar por sus propios medios-.
Al conmemorarse el centenario del país, la discusión sobre el sentido de una cultura nacional tuvo lugar desde distintas perspectivas. Este debate pudo actualizarse tras largos años de colonialismo británico y norteamericano en la región, siendo la opción por rememorar las bondades de un siglo de oro español como faro para la reflexión cultural una novedad introducida por los intelectuales porteños nucleados en torno a la revista Sur. La disputa quedó dividida entre aquellos que enarbolaban su sentimiento antiespañol -el cual se remonta al predominio de los imperialismos europeos por controlar las zonas de influencia económica y política perdidas por la España imperial en América- y aquellos que optaron por un hispanismo como señal para la construcción de una cultura iberoamericana basada en la educación de las masas incultas incapaces de salir de su propia minoría de edad. Quizás la querella siga aún vigente, en este sentido, no es menor preguntarnos acerca del idioma en el que queremos pensar, o mejor, habilitar la pregunta por la lengua y su capacidad para expresar la realidad en la que vivimos.
Victoria, Bioy, Silvina y Borges
Victoria presentaría a una de las duplas literarias más influyentes de nuestro país: Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Por otro lado, su hermana Silvina, también colaboradora de Sur, se casaría años más tarde con Bioy.
La dinámica de la amistad entre Borges y Ocampo queda impresa en las siguientes frases.
Victoria escribió en "Testimonios": “A Borges le llevo una ventaja: lo conozco. La recíproca es improbable. Lo admiro. La recíproca es impensable”.
Por su parte, Borges escribió en su artículo luego de la muerte de Victoria Ocampo: “En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo. Dedicó su considerable fortuna a la educación de su país y de su continente. Personalmente le debo mucho, pero mucho más como argentino”.
Reconocimientos
Entre los reconocimientos que recibió por su labor, se encuentran las condecoraciones de Oficial de la Legión de Honor y Comandante de las Artes y las Letras, otorgadas en 1962 por el Gobierno francés, la distinción Comandante de la Orden del Imperio Británico y la Medalla de Oro de la Academia Francesa. Además fue distinguida con el Premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia, y fue nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Harvard y por la Universidad Visva-Bharati de la India.
Fue la única mujer designada como miembro de la Academia Argentina de Letras en 1977, poco antes de su muerte. Es considerada una mujer adelantada a su época que dedicó su vida y su fortuna a fomentar la cultura, invitando escritores y publicando sus libros en nuestro país.
Victoria Ocampo falleció a los 89 años el 27 de enero de 1979.
¿Qué piensa la mujer de su papel en el mundo?
Siempre rupturista e innovadora, Victoria Ocampo, en 1970, tras años de posposición, le dedicó tres números de Sur a la mujer -326, 327 y 328- reunidos en un volumen que se publicó en 1971, con comentarios de Indira Gandhi, Golda Meir, Alicia Moreau de Justo, Ernesto Sábato, Roberto Arlt, entre otros.
En tales artículos, además de lo ya mencionado, se incluía una encuesta anónima destinada a indagar qué pensaba la mujer de su papel en el mundo y otra realizada a mujeres relevantes de la Argentina, en lo que se refería a las leyes que deben regir el control de la natalidad y el aborto.
Tras su fallecimiento, en 1979, el filósofo Juan José Sebrelli valoró la figura de Victoria y expresó: “Victoria Ocampo era una oligarca, pero no todas las oligarcas fueron como ella. En tiempos en que las mujeres tejían, bordaban, iban a misa con los ojos mirando al suelo, Victoria quería ser actriz, escribía obras de teatro, se bañaba en las playas de Mar del Plata, montaba a caballo, bailaba tangos, fumaba, manejaba autos y, por supuesto, se declaraba atea”.
(*) Tesista de la Licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Humanidades (Universidad Nacional de Córdoba). Integrante de distintos equipos de investigación sobre filosofía antigua, moderna y contemporánea.
