En vísperas del Día Internacional de la Mujer

Plumas irreverentes de nuestra América

Escribe Prof. Paula Navarro
Especial para El Diario

Mediante un recorrido histórico del periodismo ejercido por mujeres se devela que el mismo irrumpió en el siglo XIX gracias a la pluma de aquellas audaces e irreverentes que se ocuparon de disputar el espacio público con sus letras. En ocasiones, incluso firmando con seudónimos masculinos, aunque muchas de ellas lo hicieron con tinta indeleble: con nombre y apellido propio, ganándose el escrutinio malintencionado de quienes detentaban el poder político de aquel siglo.

Desde sus propuestas literarias de prensa, novelas, poemas sentaron las bases de sus acciones acompañando los movimientos revolucionarios, la organización de sus pueblos, las leyes fundamentales de sus países, otorgando voz a las alteridades.

Sus escritos no fueron tomados tempranamente como parte de la tradición intelectual decimonónica aunque el revisionismo histórico y las posteriores luchas de mujeres consolidan sus escritos e ideales como parte de la matriz urgente a retomar como cimientos de la epistemología de nuestra América. Se propone una lectura sobre ese pasaje de la ideología de la domesticidad y de la división sexual del trabajo hacia la conquista del espacio público por parte de las mujeres, imponiéndose en la tradición intelectual inicialmente masculinizada

Es preciso escribir más páginas, indagar más historias no contadas, reconstruir la historia de la lucha de las mujeres por el reconocimiento de su protagonismo intelectual.

(…) evidenciar que lo trágico del “monólogo masculino”, mantenido en filosofía como momento específico de la colonización patriarcal de la cultura, consiste no únicamente en el hecho del silenciamiento o de la marginación de la mujer, sino también en que priva a las mujeres de su propia historia y de sus experiencias de ser y hacer, ya que se habla por ellas (Fornet-Betancourt, R. 2009: 10).

La acción de escribir y, por lo tanto, construir un espacio público se entiende mediante las acciones de los excluidos, que se han transformado en diversos escenarios de actividad, configurando múltiples públicos concebidos como contrapúblicos. Esta definición está presente en sociedades definidas por Fraser como estratificadas, en las que los marcos institucionales generan grupos sociales desiguales y relaciones de dominación y subordinación (Fraser y Gordon, 1992).

Las mujeres están escasamente presentes en antologías y estudios del pensamiento latinoamericano. Sin embargo, las escritoras argentinas dejaron su impronta en el periodismo y ocuparon un espacio que no siempre fue reconocido en el canon literario. Tampoco se nomina como intelectuales a quienes rompieron el silencio en un clima de intolerancia masculina en el siglo XIX.

Las mujeres que se mencionan a continuación formaron parte de la construcción de la identidad de América Latina a través de sus narraciones, manifestando el deseo de reconocerse en la voz femenina de la historia.

En Argentina, irrumpen en la esfera pública Juana Manuela Gorriti (1818-1892); Eduarda Mansilla (1834-1892) que firmaba sus obras de espíritu feminista con el seudónimo “Daniel”; Josefina Pelliza de Sagasta (1848-1888); Lola Larrosa de Ansaldo (1859-1895); Rosa Guerra (1834-1864) y Juana Manso (1819-1875). Otra escritora que ocultó su identidad fue Emma de la Barra (1861-1947), quien firmaba como “César Duaye”.

En Ecuador se destacan Dolores Veintimilla (1828-1857) escritora feminista que cuestionó el orden establecido y la situación de opresión de las mujeres y de los indígenas mediante sus ensayos. Y Marietta de Veintemilla (1855-1907), quien escribió sobre la revolución de Ecuador de 1882 y fue corresponsal de Rubén Darío, Ricardo Palma y Juana Manuela Gorriti.

En Colombia se enfatiza la presencia de Soledad Acosta de Samper (1833-1903).

Cabe mencionar a la peruana Mercedes Cabello (1842-1909), considerada una de las primeras feministas de su país, ya que apeló a una educación igualitaria y reclamó el acceso de las mujeres a un trabajo remunerado; Manuela Villarán (1840-1888); Rosa Mercedes Riglos (1826-1891) y Clorinda Matto (1852-1909), esta última precursora del género indigenista que denuncia la explotación del indígena en “Aves sin nido” (1889).

Por su parte, la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873) denunció los aspectos crueles de la esclavitud en “Sab” (1841), analizó la rebeldía de los negros y comparó, en esta obra, la condición del esclavo con la de las mujeres. También se destaca el escrito “La Havane” (1844), de la cubana María de las Mercedes Beltrán Santa Cruz y Montalvo (1789-1852), conocida con el seudónimo de Condesa de Merlin.

En Brasil sobresalen Nísia Floresta Brasileira Augusta (1810-1885), quien escribió  “Direitos das mulheres e injustica dos homens” (1832), planteando la libertad de culto y la abolición de la esclavitud; también la escritora María Firmina dos Reis (1825-1917), y Narcisa Amalia de Campos (1852-1924) con numerosas publicaciones sobre los derechos de la mujer.

En tanto, Lindaura Anzoátegui (1846-1898) realizó la reconstrucción de la historia boliviana, y Adela Zamudio (1854-19289) escribió ensayos, novelas y poesías, entre ellos “Nacer hombre” (1877), iniciando con él, el período feminista boliviano.

La mexicana Laureana Wright de Kleinhas (1846-1896) fundó la revista feminista Violetas de Anáhuac en 1884 donde propuso el voto para la mujer, también fundó el semanario Las Hijas del Anáhuac, dedicado a la cultura de la mujer mexicana y rescatando biografías de las mujeres de su país.

Mercedes Marín del Solar (1804-1866) fue una chilena que se dedicó a escribir críticas literarias, sonetos, ensayos y poemas, en los que se translucía su lucha por la educación de la mujer, bajo el seudónimo “Por una señora chilena”.

  

Letras de Argentina

“La Aljaba” (1830) fue publicada durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas (1829-1832) por Petrona Rosende de Serra (1787-1862) -poeta y periodista uruguaya radicada en Buenos Aires- y sus cuatro hojas semanales estaban dedicadas a la educación de la mujer. Juana Manso, Rosa Guerra y Juana Manuela Gorriti, como figuras principales de las revistas femeninas del siglo XIX, todas ellas maestras, defendieron el derecho de las lenguas nativas y argumentaron a favor de los diálogos en múltiples lenguas, denunciando a las voces que detentaban el poder.

Las publicaciones femeninas pueden leerse como un tránsito de las mujeres en el ejercicio de la escritura para legitimar a las mismas como sujetos, como estrategia para ocupar el espacio público a través de la letra, haciendo conscientes las normas sociales imperantes y socavar la noción de que al género femenino le correspondía solo la esfera privada.

Lucharon por encontrar un espacio propio en los círculos literarios masculinos, mantuvieron salones literarios, fundaron periódicos, publicaron libros y artículos periodísticos.

Estos textos se introdujeron en la vida cultural, transformándose en estructuras de producción social ya que reunían a mujeres en proceso de escritura profesional y permitieron el desarrollo de un discurso político.

 

Como dice Marina Subirats

“Mientras los niños y los jóvenes pueden identificarse con los sabios o los artistas, las  niñas y las jóvenes difícilmente encuentran precedentes de mujeres en la cultura y en el poder que les proporcionen un estímulo similar. Las santas y las reinas han constituido los únicos modelos de mujeres dignas de mención e incluso estas van quedando en segundo término a medida que varían los temas culturales” (Subirats, 1994: 65).

Así, se sostiene la necesidad de continuar con la tarea de recuperación de las trayectorias de pensamiento y acción de las mujeres, los saberes de cada pueblo, las creencias plurales que habitan la Abya Yala, con el propósito de elaborar pensamientos acordes a las realidades y a las necesidades de las mujeres y de los sujetos subalternos de la región, para que se constituyan en demandas y generen respuesta por parte de los estados.

 

1. AbyaYala es la manera en que los pueblos Kuna de Panamá y Colombia denominaron a América Latina antes de la colonización. Significaría tierra en plena madurez o tierra de sangre vital.

 

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