La descripción de un francés
Flora y fauna local, en 1874
En el año 1837, en la ciudad de Buenos Aires, la imprenta del Estado edita un pequeño escrito de 18 páginas titulado “Itinerario de Buenos Aires a Córdoba”. El texto es autoría de J. Sourryère de Souillac “primer astrónomo de la tercera partida demarcadora de límites en Santa Cruz de la Sierra”Escribe Jesús Chirino
Nota Nº 359
En el proemio, Pedro de Angelis escribe: “Este ensayo debe mirarse con indulgencia, por ser el programa de una obra más extensa, que emprendió el autor cuando fue a incorporarse a la Tercera División de límites, de la que era el primer astrónomo. Su espíritu metódico y laborioso lo había acostumbrado a no descuidar ningún detalle, y a registrarlos con fidelidad en sus libros de memoria. Hacía lo que Rousseau recomendaba a su Emilio, y lo que un escritor moderno quisiera que todos hiciesen, considerándolo como un instrumento general de educación y perfeccionamiento”.
Durante el mes de mayo de 1784, el francés José Sourryère de Souillac (1750-1820) recorrió la zona donde actualmente se ubican Villa María y Villa Nueva, en sus apuntes describe el Paso de Ferreira, viniendo desde la zona donde actualmente se ubica Bell Ville, escribió que llegó a éste y pasó a la banda norte del río (donde ahora se encuentra Villa María): “…llegué de noche, y pasé a la banda septentrional, donde está la casa de posta…”.
En relación al lugar escribió: “Toda la orilla del río está poblada de ranchos, en donde siempre crían sus ganados y labran la tierra. No hay dificultad en pasar el río, porque su fondo es firme de arena, y su agua no excede de los pies, su ancho, unos 115 pasos de caballos, pero en las orillas llegará a 160…”. También marcó “tiene abundancia de pescado; como son surubíes, magurutices, sábalos, tarariras, bagres de tres clases, muchas bogas -no como las de Europa-, infinitos dorados, anguilas muy grandes, camarones, unos parecidos a sardinas, pero endentados”.
En sus descripciones señala la existencia de “toda clase de patos, palomas, perdices, chorlitos, becacinas, loros, cotorras, periquitos, avestruces, chajás y otros: liebres en abundancia, venados, guanacos -de esta banda N en adelante-, vizcachas, quirquinchos, de los que hay varias especies, como peludos, piches, matacos, mulitas, rubios, todos muy semejantes y de una misma especie, solo el último tiene concha muy blanda. Hay también víboras, culebras y otros reptiles”.
El astrónomo describe un espejo de agua “distante una legua del paso, y a una cuadra y media del río, hacia NE se halla una laguna de nueve varas de profundidad, y 50 o 60 de ancho, casi circular, con infinito pescado”.
En relación a la vegetación, y prestando especial atención a la hierbas medicinales identificó “oruzú, zuma -raíces-, canchalagua, jalapa o lechetrema, ruibarbo, mostaza, perilla, duraznillo, llantén, achicorias, malvaviscos, hinojo y contrayerba”.
Observar el paisaje de la zona, comparando la flora y fauna actual con la descrita en 1784, puede llevarnos a reflexionar acerca del impacto del accionar humano en el medioambiente.
