A 45 años del golpe

Marta Maffei, compañera de Requena, hace memoria e incita a continuar defendiendo la vida

domingo, 21 de marzo de 2021 · 08:30

Escribe Jesús Chirino
Nota Nº 359

Reconocida dirigente gremial de la docencia que lideró, entre 1997 y 1999, la instalación de la Carpa Blanca Docente frente al Congreso de la Nación reclamando aumento de fondos para la educación. En esos años, Marta Maffei era secretaria general de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), organización de la cual participó en su fundación durante 1973. Otras organizaciones de las cuales fue cofundadora son la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN), en 1982, y  la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) en 1991.

A pocos días de cumplirse 45 años del golpe de Estado de 1976, iniciamos la charla hablando del profesor Eduardo Requena, docente villamariense desaparecido durante la dictadura. Maffei lo conoció en tiempo de la fundación de CTERA. Lo recuerda con mucho cariño y remarca que era “un compañero que además de ser claro y contundente, era muy creativo, tenía mucha iniciativa, muy contemporizador”. Señala que en aquella Junta Ejecutiva, de la que participaba Requena, también estaban “Isauro Arancibia, Marina Vilte, Mary Sánchez. Eramos un grupo grande de personas  que con el tiempo tuvieron otra trascendencia y, desgraciadamente, varios de ellos fueron asesinados por la dictadura como es el caso de Eduardo”.

Maffei, con sus lúcidos 80 años de edad, continúa muy activa y sigue trabajando con CTA y con “compañeros de CTERA, mediante charlas, jornadas” especialmente en temas ambientales “en vínculo con la educación”.

 

“Es una situación que deviene de las formas de producción”

Mirando lo educativo durante esta pandemia, Maffei plantea que lo primero a inventariar es que los y las docentes se vieron forzados “a buscar alternativas de enseñanza-aprendizaje digitales, es decir sin la presencialidad de los chicos. Y buscar alternativas para los chicos que no iban a poder venir a la escuela y no tenían la posibilidad de conexión digital. Hay muchos, más o menos el 18 % no está conectado o no tiene acceso a Internet, no tiene la tablet, no tienen ninguna de las dos cosas o en la casa hay una sola y es un problema con los hermanos y con la familia que la utiliza. Había que buscar horarios especiales para conectarse con determinados chicos. Este fue el primer desafío de la pandemia”. Para la educadora esto visibilizó “más aún, que hay una gran cantidad de personas que está por debajo de la línea de pobreza, que convive en una enorme desigualdad respecto del resto de las personas y que esta desigualdad posee una característica nueva diferente que tiene que ver con la pandemia, con la pérdida del lugar de trabajo, con la exacerbación de la violencia que se debió al encierro”. Pero más allá de lo coyuntural “quedó absolutamente claro que hay una pobreza estructural enorme, muy grande, que no logra revertirse”. Entiende que es una situación que la pandemia agrava pero, a su criterio, no existen “políticas suficientes para la pobreza. Hay políticas de pequeña distribución digamos, pero no para salir de la pobreza sino para sobrevivir dentro de la pobreza, mantenidos en la pobreza. Por tanto estamos en una situación difícil que se va a mantener más allá de que superemos la pandemia, cosa que todavía hay que discutir”. Lo señala desde hace tiempo, habla acerca de las enfermedades de origen zoonótico, es decir que se trasladan de los animales a los humanos, “una vez que el virus atraviesa la barrera del animal y comienza su posibilidad de instalarse en otros seres, en personas, ahí la posibilidad de las sucesivas mutaciones es muy alta” Para Maffei esas mutaciones pueden hacer que “antes que nosotros terminemos de aplicar la vacuna para el virus anterior tenemos uno nuevo. Es una situación que deviene de las formas de producción  y si eso no se atiende y no se resuelve vamos a vivir de vacuna en vacuna”.

 

Revisemos la concepción antropocéntrica

Sostiene que si se refiere una fortaleza en el sistema educativo, la misma “está en los trabajadores de la educación, en la garra que le ponen, en la capacidad de compresión que tienen para la situación coyuntural y estructural, en la posibilidad de entender de qué se trata y qué hay que enseñar”. El primer esfuerzo está en los malabares que se hacen en la escuela con las burbujas “para que los chicos no tengan un contacto demasiado asiduo” a la vez que los docentes deben “encontrar la forma de enseñar... para algunos chicos el cuadernillo, para otros la presencialidad, para otros la virtualidad”. Todo eso deriva en “una situación de mucha recarga y de mucho conflicto para el trabajador de la educación”.

En el discurso de Maffei, siempre están presentes cuestiones como la destrucción de la naturaleza por parte de un sistema de producción que beneficia a los grandes grupos económicos, la mayor probabilidad del surgimiento de otras pandemias y la necesidad del trabajo educativo en defensa de la vida. Entonces habla de distintos escenarios, así señala los desastres ambientales provocados en la comarca andina y en los humedales. Todo con un “Ministerio de Ambiente que no asignó el treinta y cinco por ciento de su presupuesto exiguo en el año 2020... por tanto no ha habido prevención. Para el Ministerio los incendios ni existieron ni iban a existir, es como que no los conoce, como que esa situación es ajena a la República Argentina, cuando se repiten. En los humedales se reiteran, son incendios intencionales. No hay un avión, no hay una prevención, educación…”.

Frente a este tipo de situaciones “se van armando una cantidad de colectivos que trascienden la institucionalidad, las asambleas, las organizaciones no gubernamentales que no son institucionales… la gente acude a los propios vecinos porque no tiene respuestas institucionales. Es un modo de encontrar un paliativo frente a la ausencia de la respuesta institucional”. Recalca que uno “de los desafíos para los trabajadores de la educación es enseñar otro protagonismo de parte de los chicos”. Aclara que esos “chicos no van a ser niños para siempre. Van a ser adultos que se tienen que insertar en una sociedad distinta, acosada, atosigada, donde se han desatado, con apoyo tecnológico, formas de producción y consumo que son profundamente predatorias que avanzan sobre la vida de las personas, sobre los suelos, sobre el aire, sobre el agua”. Todo ello “nos ha puesto en un escenario distinto al que nosotros conocíamos” con sinergias distintas en el ambiente. Todo a partir de “una concepción antropocéntrica que está muy fuerte” y desde la cual se piensa “que el hombre es lo primero, lo más importante, que lo que el hombre decide está bien, que es el rey de la creación, que tiene autoridad de hacer sobre la naturaleza lo que se le cante” junto a “una acción política débil, insuficiente, enormemente insuficiente, no sólo con el tema de la pobreza”. Señala la falta de controles en relación a la contaminación de actividades como la minería o la agroindustria.

 

La escuela no debe naturalizar el desastre

En lo político señala que “la presión que ejercen los grupos económicos ha convertido en inocua la democracia, vos cambias de gobierno pero respecto del extractivismo y el saqueo del territorio no hay cambio”. Ejemplifica, “las zonas de desmontes no son de este gobierno, ni del anterior, ni del anterior del anterior, es una política de carácter internacional”. Para las organizaciones de los trabajadores y trabajadoras de la educación existe el desafío de “introducir las cuestiones ambientales y las condiciones de trabajo y medioambiente de trabajo en las negociaciones paritarias. No pueden limitarse a negociar salario. Había una tendencia en el sindicalismo nacional, ya no en el sindicalismo docente, de negociar mejoras salariales por la contaminación. Es decir, cuando se trabajaba en un ambiente contaminado se recibía un adicional salarial… eso, hoy, es absolutamente inconcebible. Las organizaciones sindicales tenemos que exigir que haya saneamiento de los lugares de trabajo, que el trabajador no se enferme trabajando aunque le den un plus económico”. Pero también hay que buscar alternativas “porque esto no es una cuestión inmodificable. Las formas de producción del modelo vigente no son las únicas, hay otras muchas formas. ¿Son un poco más caras? sí. ¿Dejan un poco menos de ganancia? sí. ¿Hay posibilidad de remediar lo que se hace? sí”. Las organizaciones gremiales deben incluir esto en sus demandas.

También señala que en la escuela deben enseñarse los derechos pero también “enseñar cómo, sin recurrir a la violencia, la comunidad organizada puede  ejercer derechos”. Y para esto “la escuela no tiene que naturalizar el desastre. Esto es un desastre producido por los hombres” pero no es la única manera de vivir ni se trata de “un designio divino o de la naturaleza” es un acuerdo de “seres humanos, grupos económicos, que nos condenan a esta forma de vivir”. Ante este panorama la escuela  debe abrir “la posibilidad para que los chicos tengan otro protagonismo y, en esto quiero ser clara, no es solo cuando se vayan de la escuela. El protagonismo tiene que ser también en la escuela. A protagonizar se aprende protagonizando”.

 

Seguir defendiendo la vida

En relación al aniversario del golpe, la defensa de la vida y la construcción de la memoria remarca que “los educadores hemos tenido una conducta. Será porque muchos trabajadores de la educación desaparecieron”. Recalca que existió “un compromiso del sistema educativo y no solo del docente que quería... un compromiso del sistema en la enseñanza de los derechos humanos”. También rescata el “apoyo de parte de las autoridades para que nunca más esto se vuelva a repetir en la Argentina, para que no tengamos que volver a hablar de un desaparecido o desaparecida, de un ser humano torturado…”. Luego agrega, “así como lo asumimos, con ese fervor, con esa capacidad de comprensión que asumimos la defensa de la vida frente a la dictadura militar tenemos que asumir ahora la defensa de la vida frente a las agresiones de los grupos económicos que no trepidan, como no trepidaron en su momento en usar a los militares para practicar las políticas de entrega de los patrimonios de las repúblicas en los años 70, hoy utilizan las democracias para seguir avanzando en contra de nuestros derechos, de nuestra naturaleza, de nuestros bienes, de nuestros recursos”.

 

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