¿Hinchas de un equipo o de la TV?

La televisión, los diarios y las radios han contribuido hace por lo menos un siglo a construir simpatizantes “genuinos” de clubes que se ubican a miles de kilómetros de sus hogares. cuánto ha influido el porteñocentrismo a la hora de que nosotros elijamos nuestros equipos favoritos.
domingo, 12 de diciembre de 2021 · 09:00

Escribe: Daniel Rodríguez
DE NUESTRA REDACCION


Boca Junior acaba de ganarle la final de la Copa Argentina a Talleres de Córdoba en Santiago del Estero. Es miércoles 8 de diciembre y son cerca de las 23.30.

En nuestra ciudad, bien lejos de la madre de todas las provincias -y también de La Boca-, un grupo de simpatizantes del Xeneize vuela hacia plaza Centenario a festejar la nueva obtención de un título. Otros, pensando en no ir al centro se quedan en su casa aplaudiendo el televisor y cargando a sus amigos por WhatsApp. Sí, esa es la imagen que inquieta y mueve al autor del artículo.

La postal es clásica, casi dogmática y también poco reflexiva. Y no se ofenda nadie, pero permítanme no estar de acuerdo con el centralismo exclamado por los medios de comunicación hegemónicos.

¿Cuánto tiene que ver la televisación, el marketing y la “manija” de la prensa con respecto a los simpatizantes que tienen los clubes de Primera división de nuestro país?

En nuestra provincia tenemos hinchas de Instituto Atlético Central Córdoba (IACC), Racing, Talleres y Belgrano -que no son tantos en comparación a otras parcialidades-, pero tal vez haya algo genuino en el fondo. Son amantes de clubes que se palpan a nivel social. Y eso tiene que ver con el sentido de pertenencia y el cariño que se va creando con el paso de generaciones.

Asistiendo a una peña en el Club Ricardo Gutiérrez de La Palestina o a un baile en los clubes Alem o San Lorenzo de Las Playas uno puede encontrarse con infinidad de colaboradores sin nombre que le ponen el pecho a la institución para que permanezca y no se caiga en medio de un país que va de crisis en crisis.

Esa persona, la que está cobrando entradas un domingo, el que compra los choripanes para el bufé o el utilero que resigna horas por monedas -o no-, son seres que uno puede encontrarse en el supermercado, en el cine, en un boliche o que habitan en nuestro seno social. Los conocemos, los estimamos y pasamos cada día frente a la sede social. Sabemos en qué calle está, de qué color está pintada y podríamos ir con los ojos cerrados. Ahí está la diferencia.

En la fauna futbolística uno puede encontrarse con hinchas “perros” de tal o cual, pero en algunos casos son contadas las veces que han ido al estadio o que se han encontrado de cara con los jugadores del elenco (llamados por algunos ídolos).

La televisión alimenta esa mística bastante artificial.

Emisiones de tres horas hablando de internas, de gestos, de la última publicación en Instagram o el “misterioso” retuit de un 9 furibundo que está en duda para el próximo domingo.

¿En serio pensamos que la tevé no terminó influyendo en nuestro momento de elegir qué equipo apoyamos?

Durante los 2000, una de las épocas más ganadoras del Boca Juniors de Carlos Bianchi, la cantidad de hinchas creció a pasos agigantados, y de Jujuy a Tierra del Fuego uno podía encontrarse con simpatizantes que tenían al club de la ribera tatuado en su piel, los recién nacidos bautizados con el nombre de Román o los niños que solían ser advertidos en las escuelas acerca de que no podían ingresar si seguían tiñéndose el flequillo rubio como Martín Palermo.

En medio de todo esto también aparece ese perfil romántico que quieren darle al poder bajo noticias tales como: “Mirá la emoción de un hombre de 85 años que fue por primera vez a la cancha”. ¿Es justo?

Acá, en el centro de la Pampa Húmeda hay también otra realidad.

Equipos que deben modificar sus horarios -siempre adelantarlos- para que el superclásico no les quite gente o miles de manos trabajando a destajo para que aquellos fieles puedan estar y asistir con comodidad a la hora de cada encuentro -rogando que una lluvia no les quite convocatoria-.

 

¿Qué pasará cuando tus dos clubes se enfrenten?

En varias ocasiones los amantes del fútbol eligen por dos a sus equipos favoritos: “Soy hincha de River y de Belgrano”; “soy de Boca y de Alem”, dicen.

Pero el fútbol, que iguala, aunque a veces parece que no tanto, ha generado que elencos como Central Córdoba de Santiago del Estero, Sportivo Belgrano de San Francisco o Estudiantes de Río Cuarto -que supieron jugar varias veces en Plaza Ocampo frente a Alumni- ahora se encuentren enfrentando a aquellos que parecían tan gigantes.

¿Hasta dónde alcanza la identidad? Si hasta la televisión, ya habiendo sido lo suficientemente potente para formar simpatías, también se ha ocupado de crear el prototipo de hincha.

“La televisión también ha contribuido en la construcción de un hincha estereotipado y, en consecuencia, televisado y televisable. Un trabajo realizado por Daniel Salerno en 2005 está vinculado a las representaciones de los hinchas y la violencia por parte del programa "El Aguante" que evidencia los diversos aspectos que integran una presunta idiosincrasia del hincha, donde los atributos más destacados eran los cánticos y la exhibición de banderas”, destaca un trabajo realizado por la Universidad Nacional de La Plata apuntado a “Hincha e identidad”.

“Es lindo poder ver que tu bandera sale en la foto de un diario o en algún noticiero y, mejor todavía, que un jugador del equipo sea oriundo de tu ciudad”, destaca Natalia, quien es parte de la Filial Norberto Alonso.

En otro pasaje también destaca: “(llevamos a la cancha) a muchos chicos y personas que por primera vez pueden ver a River y a sus ídolos que esto no sea por televisión”.

Esto también abre otro camino: el de la legitimación por medio de los medios de comunicación hegemónicos. Es que si no estás en la tele (que es manejada completamente desde Capital Federal), no existís.

El “porteñocentrismo”, por llamarlo de algún modo, generó que en 2013, cuando Newell’s Old Boys de Rosario -dirigido por el Tata Martino y con el mejor fútbol visto en los últimos años- salió campeón, poco se habló del equipo leproso y más se apuntó a las “crisis” de Boca y River.

Lo mismo sucedió este año con Talleres, el equipo de barrio Jardín hizo una temporada histórica, pero poco importó porque los ojos estuvieron puestos en otros espacios.

 

Hay que romper el Bover

¿Qué es Bover? Es un concepto acuñado por las redes sociales que refleja la sensación de injusticia que sienten en carne propia los hinchas de todos los demás equipos argentinos.

A fin de cuentas, los medios de comunicación terminaron generando una maquinaria bastante polémica: un bombardeo constante acerca de cinco equipos determinados, diarios y programas de televisión que se refieren a los mismos equipos, gente convertida en “hinchas” y luego, por medio de la misma maquinaria, son convertidos en clientes de tal o cual medio o comercio para poder acceder a la televisación de los encuentros o a camisetas que no son para nada económicas.

Del otro lado se encuentran los de nuestra tierra, viendo como los compadres invierten dinero para sostener una industria voraz mientras ellos mismos sacan de su bolsillo para que el equipo local no desaparezca.

Si hasta los jugadores de nuestro fútbol chacarero terminan festejando sus goles como si hubiera cámaras de televisión en una cancha que limita entre dos campos o la zona rural.

Pero ojo, eso no solamente se da en contraste de Buenos Aires-interior del país, sino dentro del mismo poder que marca Bover. A saber: un 16 de junio de 2011 Vélez salió campeón en su cancha, pero el mismo día se retiró Martín Palermo -un símbolo goleador de Boca Juniors-.

¿Para quién fue la tapa? Para Palermo, claramente. El título decía “Perdón Vélez”.

Cuidado. Solo eso.

No se afirma que está mal ser simpatizante, amante u adorador. Está bien. Pero también es necesario plantearse cuan beneficioso nos resulta sumarnos a una maquinaria que es poco participativa para aquellos que jamás salen en los medios de comunicación o habitan cerca de tales latitudes.

De más está decir que alguien que mira la televisión hoy para informarse sabe mucho acerca de cómo está el tráfico en la panamericana y poco de cómo va a estar el clima en su ciudad.

Así, se termina pagando el pack fútbol, comprando camisetas que no bajan de los siete mil pesos y sacando plata del bolsillo constantemente para mantener vigente esa pasión que llena los bolsillos de un solo grupo.

0%
Satisfacción
50%
Esperanza
0%
Bronca
16%
Tristeza
33%
Incertidumbre
0%
Indiferencia