Plazoleta Dr. Paulo Freire, en barrio San Martín
Escribe Jesús Chirino
Nota Nº 704
Villa María, ciudad con una riquísima historia en materia educativa, tiene un lugar público en el cual se conmemora la figura de uno de los pedagogos más influyentes de América Latina, quien desde su pedagogía popular promovió que tanto los educadores como los educandos construyan un aprendizaje de la realidad a través de la comprensión crítica del mundo que los rodea y su transformación mediante la reflexión y los diálogos.
Paulo Freire, a él estoy refiriéndome, cuenta con una plazoleta que lleva su nombre. La misma se encuentra ubicada en el barrio San Martín, en la esquina formada por las calles 17 de agosto y Entre Ríos.
Se trata de un espacio verde pequeño, actualmente algo descuidado, que recuerda el nombre del pedagogo nacido en Recife, Brasil, durante el año 1921.
Desde 1997
El espacio verde es contiguo al Centro de Promoción Familiar Las Ranitas Saltarinas y está cercano a otros dos centros educativos de importancia como son la Escuela Nicolás Avellaneda y el Instituto Provincial de Educación Técnica (IPET) N° 56 Abraham Juárez.
Fue en 1997 cuando se dictó la ordenanza municipal N° 4028, vigente desde el 4 de septiembre de ese año que impuso a ese espacio el nombre de Plazoleta Dr. Paulo Freire.
Educación con respeto
Freire nació en Recife (Pernambuco, Brasil), el 19 de septiembre de 1921. Es decir, que este año se conmemoró el centenario de la llegada al mundo de este abogado que se dedicó a la educación llegando a producir una obra que conmovió el pensamiento educativo latinoamericano y mundial. Desde joven se sintió conmovido por la situación de los oprimidos, los excluidos del sistema.
En 1946 asumió el cargo de director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social en el Estado de Pernambuco, trabajando con las personas de los sectores pobres que no sabían leer ni escribir. Fue allí que comenzó a idear una nueva metodología que pondría en práctica luego de 1961 cuando fue designado al frente del Departamento de Extensión Cultural en la Universidad de Recife.
Durante 1962, en tan sólo 45 días, enseñó a leer y escribir a 300 trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar. Esa fue la primera aplicación, a nivel significativo, de su teoría. Ante estos resultados el gobierno de Brasil generó el Programa Nacional de Alfabetización que coordinó Freire.
Este ambicioso plan pretendía alfabetizar a cinco millones de jóvenes y adultos, lo que se traduciría en un gran impacto político pues, en ese país sólo podían votar los alfabetizados. Pero pronto la dictadura militar que revocó el programa y Freire, luego de sufrir la cárcel, se exilió en Bolivia y de allí viajó a Chile donde desarrolló su tesis doctoral y, sumando su experiencia en educación de adultos, escribió el libro “La educación como práctica de la libertad”, publicado en Río de Janeiro en el año 1967.
Después de este material publicó “Pedagogía del oprimido” que había escrito antes. Este pedagogo que continuó debatiendo acerca de lo educativo hasta sus últimos días, falleció en mayo de 1997, planteó una fuerte crítica a la educación tradicional y propuso otra en la cual es central el respeto por la dignidad humana.
Mantener el espacio verde
En esta ciudad supo dictarse la carrera de educador de jóvenes y adultos; también se desarrollaron, desde lo público, diferentes experiencias de educación popular con personal altamente capacitado en la temática.
Es justo que Freire esté recordado en Villa María, una ciudad con tanta tradición en lo educativo en general y la educación popular en particular. Y en momentos donde lo individual pareciera invadir el pensamiento de varios que se dedican a lo educativo o entrenamiento, resulta oportuno recordar el valor de la educación popular, el desarrollo del pensamiento crítico, la necesidad de comprensión del entorno y la valoración de lo colectivo.
Quizás sería necesario que el espacio verde que recuerda el gran pedagogo sea atendido adecuadamente.
