Testimonio de Moisés Meik - NOTA Nº 614, escribe Jesús Chirino
Antonio Sobral frente al 55
La figura del político y educador Antonio Sobral sigue creciendo como referente de la vida pública local. Hombre de la Unión Cívica Radical, le tocó sufrir embates del peronismo, quizás el más severo fue en 1952 cuando se intervino la Biblioteca Bernardino Rivadavia y sus Anexos, por considerar que el propio Sobral y otros integrantes de esas casas de estudios eran “radicales comunizantes”. Entonces fueron cesanteados docentes, personal no docente y también alumnos. Pero sucedido el golpe de 1955 contra el gobierno peronista y luego la persecución a los dirigentes y militantes de esa orientación política, no dudó en defender los valores que siempre promovió. No se dejó ganar por el antiperonismo.
Testimonio de quien
trabajó con Sobral
Moisés Meik, especialista de prestigio internacional en Derecho Laboral, fue unos de los alumnos dejados fuera del colegio. Supo contarnos acerca de cómo reaccionó Sobral luego de la caída del peronismo. No dijo que luego de la huelga de alumnos a ellos no sólo los echaron del colegio, sino que fueron presos y trasladados al Juzgado Federal de Bell Ville. “Ibamos unos cinco a 10 alumnos, entre ellos Lucy Gavioli, creo que Diego Sobrino, padre, ya fallecido, Maggi, Coco Mirotti”. Al ser expulsados estos estudiantes del cuarto año del nivel medio comenzaron a prepararse para rendir en condición de libre pero, comenta Meik, “poco antes de fin de año, tras salir la sentencia de sobreseimiento, se ordenó la reincorporación de los cesantes. Y de ese modo, los que no queríamos pasar el año siguiente en la misma escuela decidimos rendir entre diciembre y marzo del 53, quinto año en condición de alumnos libres. Ese año entramos en la Universidad de Córdoba con Mirotti, en tanto otros como Ramiro Repetto y Diego Sobrino cursaron el quinto año en la Escuela Nacional. Poco tiempo después nos volvimos a reunir todos como alumnos de Derecho en Córdoba, fortaleciéndose una amistad intensa y fraternal que no cesó jamás”.
En 1954, ya en Córdoba capital, Meik, Maggi, Repetto y Sobrino comenzaron a militar la Agrupación de Estudiantes Reformistas (ADER), un espacio que no adoptó el carácter antiperonista que sí asumieron amplios sectores políticos. ADER, en cuyas filas se contaban peronistas, frondicistas y jóvenes provenientes de sectores de izquierda, no apoyó el golpe del 55. Meik dice que cada vez fueron “más críticos del golpismo del 55 y de la represión desatada...”.
Mantenían fluido contacto con la CGT cordobesa, donde eran actores de peso Atilio López y Agustín Tosco. En esas circunstancias estos villamarienses se enteraron de que Sobral iba a asumir la dirección de un diario que había sido peronista y entonces estaba en dificultades tanto económicas como políticas. “A través del historiador Alfredo Terzaga (a quien le debo su influencia) se continuó ese periodismo con parte de la Redacción anterior, entre ellos Terzaga, Gigena Parker y Cornejo. Gigena Parker, que fue secretario de Redacción, escribió en su libro esa experiencia de Sobral en el periodismo”. Meik luego trabajaría en ese diario con Sobral.
ADER en la UNC contó entre sus líderes a Silvio Mondazzi quien luego, en 1973, sería candidato a gobernador por el Frente de Izquierda Popular (FIP) que conjugó socialismo y nacionalismo, junto a figuras como Enea Spilimbergo, Ernesto Laclau y otros. La consigna fue “Votar a Perón desde la izquierda”.
Sobral frente a
diario nacionalista
El diario que pasa a dirigir Sobral era “Orientación”, una tribuna cordobesa de ideas nacionales. Desde la Vicedirección de la publicación lo acompañó el escritor Roberto Bixio, yerno de Sobral, casado con su hija Aracilde. Esas autoridades del medio convocaron a Meik y apenas ingresó al diario le pidieron que sumara a sus compañeros de militancia universitaria.
Así acercó a Raúl Faure (que luego llegaría a ser ministro en el gobierno de Obregón Cano), Ravanelli y Fernández Villavicencio, entre otros. “Recuerdo la inmensa alegría de todos los así convocados por Sobral/Bixio, ya que era entrar a un diario que al poco tiempo ganó protagonismo por la resistencia al poder y su compromiso con los proscriptos y los trabajadores. Era el sueño del pibe. Bixio me prodigó una amistad que me permitió conocer su sensibilidad y formación con una modestia increíble. Integraban la Redacción además Antonio Seguí, el pintor que tuvo después relevancia mundial, y Jaime Garzón Zapiola...”.
El diario dirigido por Sobral fue objeto de persecución, incluso llegó a ser allanado por su prédica contra la represión. Ante esa realidad algunas voces se sumaron a la defensa del medio, entre ellas podemos citar a los abogados Gustavo Roca y Lucio Garzón Maceda que era asesor de la CGT y había sido un referente mayor de la agrupación universitaria en la cual militaban los referidos villamarienses.
Sin el rencor de
los antiperonistas
Antonio Sobral entendió el momento histórico y no vaciló en defender a los proscriptos luego del golpe de Estado del 55. Meik resalta que “ese era su rasgo humanista. Como miembro constituyente en 1949, por la minoría, junto a Lebenshon, asumió una postura en la línea del constitucionalismo social y democrático, inspirado en una tradición fijada por las constituciones de Méjico en 1917, la de Weimar -Alemania- en 1919, de la República Española en 1931”. La de Sobral no fue una oposición conservadora al peronismo del 49, por el contrario supo diferenciarse desde esa vertiente de pensamiento que incorpora los derechos sociales o derechos humanos en clave social. Esto explica por qué después de 1955 enfrentó a la llamada “Revolución Libertadora” producto de un golpe conservador contra el peronismo. Actitud esperable de un político que dirigió una escuela en la que, dice Meik, “no había discriminación ideológica. Era una siembra de pluralismo democrático y laico, gratuito. Libertad de enseñanza; un principio liminar. La experiencia educativa modelo de su escuela se valoraba internacionalmente, como en Unesco, donde años después trabajaría como funcionario directivo Angel Diego Márquez”.
Describe a Sobral como “un humanista tierno, aunque no lo evidenciara con esa intensidad. Había que tratarlo para ver su caudal. Amaba a los jóvenes, los estimulaba. No le asustaban los cambios progresistas porque no tenía compromisos con el poder económico. Como director de la Editorial Raigal publicó libros valiosos como la Historia de la Economía Argentina, de Ricardo Ortiz. Su ideología era latinoamericanista, universal, y partidario de los cambios en democracia, no violentos pero sí unidireccionalmente tuitivos de los sectores más necesitados.
Con un elevado desarrollo de la conciencia nacional en escala latinoamericana. Sabía que así como el yrigoyenismo integró a la clase media, el justicialismo reconoció como sujeto social al mundo del trabajo. Por eso, desde 1955 no vaciló en su defensa de los perseguidos, a pesar de haber sido maltratado en 1952”.
El Sobral que surge del testimonio de Meik, quien lo viera actuar en aquel tiempo, es un político radical que se mantuvo leal a su ideario sin confundir cuáles deben ser los comportamientos de quienes se consideran democráticos.
