Cuarentena, sexting y autoestimulación
Conversamos con la lic. en psicología, sexóloga con perspectiva de género y terapeuta de parejas, Noelia Benedetto sobre los vínculos sexoafectivos en cuarentena, el sexting, las recomendaciones de seguridad para tenerlo, consentimiento y autoestimulaciónEscribe: Ailin Peirone
ESPECIAL PARA EL DIARIO
Collage y fotografía: Florencia Cigliutti
Benedetto se presentó como “mujer y feminista pro-sexo”. Explicó que muchas veces se piensa que ser sexóloga es enseñar el kamasutra y dar tips, pero que es todo lo contrario. Intenta que la persona reflexione, aunque eso suponga que se vaya con más preguntas que respuestas. Comentó que en sus terapias “entra en juego la filosofía, la sociología, pensar a la persona como ser sexuado, pero situada en todos sus aspectos”.
¿Cómo nos afecta la cuarentena en los vínculos afectivos y sexuales?
Según varios estudios, el aislamiento podría ser la manera más eficiente de reducir los brotes y la transmisión del coronavirus, pero irrumpe interrumpiendo todo lo que conocemos como cotidianidad. Es interesante pensar que, al ser una situación global, tengas o no tengas o hayas tenido el COVID-19, sos una persona afectada, no hay modo de escaparse.
Es un escenario inédito para todas las generaciones e impacta en múltiples planos de nuestra vida cotidiana incluidos los vínculos afectivos y sexuales. En esto la afectación dependerá de las condiciones en las que cada quien haya quedado haciendo la cuarentena, y estas situaciones son de los más dispares.
Somos seres eminentemente sociales, pero también necesitamos nuestros espacios de privacidad para retroalimentar el intercambio con las otras personas y la falta o sobredosis de ellos puede generar malestares. Que alguien quede aislada/o sola/o en la casa implica eliminar casi todas las posibilidades de conocer a alguien nuevo fuera del universo virtual. El contexto nos obliga a estar lejos de nuestras redes afectivas e imposibilita concretar físicamente con alguien y la realidad es que no sabemos cuánto va a durar. Hay una sola cosa cierta en torno a las predicciones que hace el ser humano: no sabemos predecir el futuro
¿Cuáles son las alternativas a eso?
Las alternativas para gestionar el deseo y la frustración sexoafectiva son varias, pero no infinitas. Hay personas que me consultan porque lo que hay disponible no les gusta o no les termina de convencer, o ya se cansaron y la realidad es que no hay margen de ampliarlas. Creo que hay que trabajar en flexibilizar las posiciones ante lo que tenemos como posibilidad, para poder adaptarnos a eso en la medida en que lo deseemos. Tener en cuenta que el aislamiento es físico y tampoco vivir esta situación como un “es lo que hay y hay que hacerlo”, porque puedo hacer cosas auto-obligada/o de las que después me arrepienta.
En tiempos de cuarentena, en el plano virtual corren carreras los likes, las selfies beboteras, dick pics, los fueguitos en instagram, los matchs de tinder, superlikes, nudes, vistos, ghosteos, videollamadas, fotos, audios, salas de chats, libros digitales, audio libros. La virtualidad ofrece pornografía, hegemónica o feminista, en Snapchat podés seguir a actrices o modelos eróticas que hacen videos en vivos pagos, hay clubes de striptease en la red, fiestas sexuales que se organizan en la aplicación de Zoom, videos caseros, juegos de realidad virtual que nos permiten tener relaciones sexuales con un holograma y hasta la posibilidad de diseñar y comprar tu propio robot como Harmony.
También hay sex toys diseñados para dar y recibir placer a distancia que funcionan a través de aplicaciones para móvil o con un mando remoto, se puede hasta besar con un artilugio llamado Kissenger. Hay apps para personas con diversidad funcional y otras para proponer juegos sexuales a distancia entre parejas, una de las más utilizadas es Desire.
Hoy, el sexo virtual es la única vía que tenemos si queremos encontrarnos de alguna manera con otra persona con la que no convivimos, pero puede funcionar en otro momento, cuando nos podamos volver a frecuentar, como un aditivo más a nuestras prácticas y repertorio erótico.
¿Qué es el sexting?
Definir el sexting es sencillo, es un intercambio mediante plataformas virtuales, se envía material con contenido sexual/erótico, el cual puede tener la forma de texto, foto, nudes, audio, video, poemas, cuentos y videos eróticos de la web. Representa un modo lúdico de seducirse, verbalizar el deseo, erotizar las palabras y las imágenes. Para María del Mar Ramón es una práctica para poner en acto la verbalización del deseo y erotizar las palabras. Con quiénes sexteamos, es más difícil de definir, hay personas que solo lo hacen con quienes tienen un vínculo de confianza, con parejas o vínculos estables, o con personas que recién conocen.
La fantasía es un elemento esencial en el sexo virtual y ésta se fundamenta en tres elementos: las sensaciones, la imaginación y la memoria. La tecnología puede servir para construir una fantasía erótica con otra persona, pero la fantasía es una realidad en sí misma. Podemos decir a través de palabras, texto, audio, selfies, links, hasta memes y emojis para metaforizar esto de la comunicación en clave erótica. Podemos decir e imaginar cualquier cosa que queramos, porque el aislamiento físico nos marca el límite, puede ser una buena oportunidad para decir cosas que frente a frente te darían vergüenza. Lo que excita, finalmente, es la imaginación de la situación narrada.
Salgamos del cliché de la mención/descripción de los genitales y hablemos, tengamos en cuenta al momento de erotizar el resto de nuestro cuerpo: las diferentes texturas de la piel, la temperatura de las diferentes partes del cuerpo, la tensión de los músculos, la humedad, la respiración entrecortada, la transpiración; todo suma al momento de estimular la imaginación de las/os participantes. Pensemos que el sexo siempre es estimulación sensorial, cuando estamos cuerpo a cuerpo, generalmente hacemos un reduccionismo a nivel genital, ahora también se trata de estimular los sentidos, pero nuestro objeto principal es la mente. La pregunta es una gran aliada del sexting porque habilita a todas las partes a avanzar con tranquilidad sobre alguna cosa que excite en particular.
Desde que se decretó la cuarentena es probable que ciertas rutinas que teníamos para con el afuera hayan quedado en pausa, tales como peinarse de tal o cual manera, maquillarse, utilizar ropa interior de “salida”, ponerse ese perfume que nos gusta, y el pijama con chancletas sea nuestro uniforme de confinamiento. María del Mar Ramón expresa que la imaginación es lo único que nos puede salvar de caer en la monotonía del encierro, aparte de respetar los protocolos de higiene y aislamiento. Hay que conocerse, probarse, testearse, ver si somos personas más auditivas, visuales, táctiles, olfativas, gustativas y poder explotar eso también en el encuentro virtual.
¿Qué debemos tener en cuenta para realizarlo?
Primero, querer hacerlo, desear hacerlo, no todas las personas tienen que explorarlo, hay quienes no se animan, o no se sienten cómodas, y hay quienes sí. Segundo, que la otra persona quiera establecer ese tipo de comunicación y sea mayor de edad. Propongo responder individualmente y luego en pareja a las siguientes preguntas ¿Qué es lo que más te gusta que te hagan? ¿Qué es lo que más te gusta hacer? ¿Cuáles son particularmente tus zonas erógenas? ¿Qué te encantaría hacer, pero nunca te has animado? ¿Te gusta hablar durante la actividad sexual, preferís escuchar? ¿Qué otras partes del cuerpo erotizamos? ¿Qué cuerpos nos erotizan? ¿Cómo posamos? ¿Qué considerás sexy en una foto? ¿Qué estereotipos de belleza se cuelan? ¿Te da vergüenza tu cuerpo? ¿Qué otra eroticidad construimos por fuera de la foto?
¿Cómo se da el consentimiento en este tipo de vínculos?
Si bien tenemos claro a qué nos referimos cuando hablamos de ‘virtual’, no tenemos tan claro qué significa eso de ‘sexo’. ¿Cuáles son los límites? Los mismos que podemos encontrar en un encuentro erótico cuerpo a cuerpo: no hacer nada que no quieras y no dejar de hacer nada que quieras hacer. La lógica del consentimiento opera de la misma manera que la conocemos para todo lo que tiene que ver con nuestras decisiones, nuestro cuerpo y nuestra autodeterminación en la vida física.
La responsabilidad no es incompatible con la excitación y las ganas de verse. Es importante trabajar la asertividad para que el consentimiento sea lo más explícito posible, momento a momento del encuentro. Preguntar, si nos responden monosílabos, o luego de un largo rato, o no nos responden, o esquivan el tema, es probable que sean todas señales que nos inviten a parar. Nadie te puede obligar o imponer el envío de material. La virtualidad es un territorio plagado de violencias. Y, en el sexting, se entrelazan búsquedas y aprendizajes, con regulaciones ya existentes sobre los cuerpos, las identidades de género y las sexualidades.
¿Cuáles son las recomendaciones de seguridad para tenerlo?
Reducir riesgos e involucrarnos en nuestro autocuidado y el de las demás personas es fundamental.
1. Desactivar la geolocalización de tu pc o celular (el GPS).
2. Desactivar el respaldo automático de tu galería de imágenes de la nube o drive.
3. Utilizar apps que permitan modificar el material antes de enviarlo: por ejemplo blurear difuminar los detalles que son tu sello personal: como tatuajes, piercing o marcas propias de tu cuerpo, tu cara. Podés ponerle emojis o marcas de agua.
4. Usar servicios de mensajería instantánea que permitan configurar el chat para que se autodestruyan los mensajes al cabo de unos minutos luego de ser vistos, o que te den aviso si la otra persona descarga el material en su equipo, le hace una captura de pantalla o no elimina la conversación. Telegram o Singal son muy seguras, no así Whatsapp.
5. Chequear que en las fotos no se pueda identificar el lugar de fondo.
¿Crees que se habla más en estos tiempos de autoestimulación? ¿Por qué es importante?
Sí, pero falta mucho para que deje ser un tabú. Antes de recurrir a algún soporte tecnológico o virtual, es importante empezar por una/o: la pareja sexual más segura sos vos misma/o. La autoestimulación es la mejor manera que tenemos de conocernos y de darnos placer (en cualquier momento, no sólo en épocas de pandemia). El autoerotismo es una práctica en sí misma y no debe ser pensada como un reemplazo del contacto con terceros. Este es el mejor momento para que las personas con vulva se animen a tocarse, y si ya lo hacían que se animen a hacerlo de maneras diferentes al igual que las personas con pene. Se puede ir jugando a alterar la respuesta sexual, retrasar, parar, cambiar el tempo, innovar en nuestra técnica autoestimulatoria, experimentar tocamientos y frotamientos en otras partes del cuerpo no hegemónicas.
Deseo, mandatos hegemónicos y binarios
No a todas las personas les fue pasando lo mismo con el deseo sexual en este contexto, hay quienes refieren un subidón, a otras les resulta indiferente y también hay quienes les ha mermado. De hecho, en este momento a muchas personas les parece más importante poder abrazar. Se ponen en juego diversos motivos; las condiciones materiales de existencia, el acceso a derechos, los aspectos laborales, la reproducción de la vida cotidiana, miedo, ansiedad, angustia, incertidumbre, la posibilidad de estar afectada/o por el virus.
En cuanto a los mandatos heterocis y binarios, para algunas/os es un concepto incompatible. ¿Cómo se hace el sexo virtual? ¿Cómo llevo a cabo la parte de la penetración? O ¿cómo le llaman sexo a algo que no involucra la posibilidad del coito como lo conocemos? Cuando pensamos en la idea del sexo, la programación sociocultural que opera en nuestras mentes es la de los cuerpos en roce, en contacto físico. Pero también pensamos en lo genital e inmediatamente se nos viene a la cabeza la penetración. “Se trata de un problema gravísimo a la hora de considerar a lo “sexual” con semejante limitación” (Benítez Demtschenko).
No se trata de vender al mejor postor estas aplicaciones, insisto en que no todas las personas pueden encontrarse a gusto en estos espacios y sus lógicas. La cultura de la imagen, el mercado de lo estético, nuestras formas de seducir y la construcción y desplazamiento de nuestro deseo impactan sobre el sexo. Con esto quiero decir, que no es una performance aislada y singular, sino que está atravesada normativa y mandatariamente por la matriz heterosexual, la cultura patriarcal, el capitalismo, el penecentrismo/coitocentrismo, la relación binaria, estable, heterosexual y monogámica.
Martha Pérez Domínguez encuentra que las prácticas online reproducen los discursos dominantes de sexo, raza y género encontrados en los espacios offline. El sexting puede ser una oportunidad de agencia sexual, para disfrutar(nos) y explorar(nos), ser sujeto antes que objeto. Pero es importante aprender a cuidarnos, y aspirar a que algunas formas de la masculinidad no consideren una opción viralizar una foto, chantajear, presionar, o pensar en su propio placer. Probablemente este contexto habilite cierta liberación sexual en algunas personas y se otorguen ciertos permisos, pero la base de nuestra educación emocional, los guiones, los estereotipos, los mandatos son los mismos, y no son más livianos por el hecho de ser virtuales. De hecho, hoy es un bombardeo masivo la invitación a tener sexo virtual, pero cuando se viralizan nudes de mujeres que han adoptado la práctica son lapidarios con ellas.
El ministerio de salud y su aliento a practicar sexo virtual
Fue un hito para la sexualidad que el gobierno se pronuncie al respecto como una política pública, también se lo puede pensar como una intervención a modo de panóptico, de vigilar cómo las personas resuelven su actividad sexual por estos días. La realidad es que no dijeron nada que no se sepa o que no se venga haciendo. Desde el comunicado del Ministerio de Salud, las redes explotaron de mensajes que abogan por aprovechar la cuarentena para mantener más encuentros eróticos, pero resulta imprescindible recordar que no es una obligación. Leído así genera mucha exigencia, y ya tenemos suficiente por estos días. A veces no es posible por los deberes de cuidados o porque no encaja en los deseos. Hay que tener cuidado con la frustración, la culpa, la sensación de estar fallando. Puede que en el momento que en el encuentro no ocurra lo que creíamos que iba a pasar o, incluso, que no nos guste. No pasa nada, podemos seguir recreando la fantasía y pasarlo bien de esa manera.
El cibersexo todavía no está naturalizado en todas las generaciones de nuestra sociedad, y genera pudor, prejuicio y tabú. Lo importante es no sentir el sexo como un mandato, un “tener que”, ni en cuarentena ni sin ella, sino tiene el impacto contrario que es sentir que nunca se llega a “dar la talla” en temas sexuales.
