El Instituto del Rosario y el peronismo (1952-1955)

Escribe: Luciano Pereyra
ESPECIAL PARA EL DIARIO

El 24 de febrero de 1946, en elecciones inobjetables, la fórmula Perón- Quijano triunfó en casi todo el país con 1.500.000 votos que representaron el 55% de la totalidad de los electores. Fuera de la legitimidad de su título constitucional, la fuerza de gobierno estuvo  en el apoyo que le prestaron los grupos de poder: el ejército, la iglesia y las organizaciones obreras.

La política de Perón tuvo tres grandes aspectos distintos.

En primer lugar procuró acentuar los elementos emocionales de la adhesión que le proporcionó la clase obrera. Tanto su oratoria, la acción, y una propaganda gigantesca y bien organizada, llegaron a cada rincón del país. Las desordenadas distribuciones de ropas y alimentos, las concentraciones populares, los discursos adquirieron  los matices de una verdadera explosión sentimental de amor a los pobres.

En  segundo lugar se logró establecer una organización sindical regida a través de la CGT, celosamente custodiada por Perón y su esposa Eva Duarte.

Finalmente y en tercer lugar el gobierno mantuvo una política de salarios altos, leyes jubilatorias, indemnizaciones por despidos, vacaciones pagadas, aguinaldo. La política económica no fue menos novedosa y su rasgo predominante fue el intervencionismo estatal y la nacionalización de los servicios públicos.

A partir de 1950, la situación comenzó a cambiar, una prolongada sequía malogró las cosechas y los precios internacionales bajaron considerablemente.

Pese a todo Perón pudo conservar la solidez de la estructura política en que se apoyaba. La depuración del Ejército le aseguró su control, la organización electoral y el sufragio femenino aumentaron el margen sobre las fuerzas opositoras. La gigantesca organización de la propaganda oficial contaba con múltiples recursos, los folletos, cartillas, el control de casi todos los medios periodísticos del país, el uso de la radio, la eficaz oratoria y  la fundación Eva Perón aseguraron la consolidación de las conquistas logradas. La educación no fue ajena a esta realidad mencionada anteriormente. Las universidades se vieron agitadas por incesantes movimientos estudiantiles que protestaban contra un profesorado elegido con criterio político y sometido.

El Gobierno impuso en la enseñanza primaria y secundaria la obligación de comentar su obra, haciendo obligatorio el uso del libro “La Razón de mi vida”, se estableció la enseñanza religiosa y se pusieron en práctica dos novedosas iniciativas, las escuelas-fábricas y las universidades obreras.

El Instituto del Rosario estuvo influido directamente por la política educativa del Estado peronista. Esto puede observarse en las actas de reuniones realizadas entre los años 1952 y 1955.

La influencia de la doctrina peronista perduró hasta el golpe de Estado de 1955, denominado Revolución Libertadora.

Por directivas del Ministerio de Educación, en el año 1952 queda establecido el nuevo horario de entrada a clases, 7.45 de la mañana. El Gobierno peronista ejerció una tutela importante sobre los establecimientos escolares y consideraba que el Estado se orientaba y desenvolvía dentro de una doctrina nacional, la doctrina justicialista que tenía aplicación en lo social, lo político y lo económico. Esta doctrina aspiraba a tres objetivos fundamentales: Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica. Todo funcionario o empleado del Estado era ejecutor directo de esa doctrina y debía pensar y actuar de acuerdo a ella.

El día 25 de julio de 1952, el ministro de Educación, Armando Méndez San Martín, comunicó nuevas misivas a la hermana Clelia Masi, directora del Instituto. Se solicitaba la subordinación real, lo que implicaba exigir y controlar estrictamente al personal docente. Según las pautas, el ministro, el pueblo conocía la verdad pero era necesario insistir una y mil veces sobre la trascendencia de la obra cumplida, depurando los cuadros de quienes pudieran “…sentirse atraídos por la seducción de los traidores…” (Rosario, 1952). Afirmaba que la enseñanza no es un privilegio de los ricos, pues todos los habitantes tiene acceso a las aulas.

En el orden económico y financiero, la Nación había alcanzado su plena independencia frente a la banca internacional y a las organizaciones de tipo imperialista que mantenía al país esclavizado en una economía colonial. Para mantener las conquistas y alcanzar nuevas etapas en la marcha ascendente del país era necesario “…unirse frente a los enemigos y destruir todos los ataques y formas de acción…” (Rosario, 1952).

Los preceptos gubernamentales del mes de julio de 1952 fueron leídos en la reunión de personal la hermana Isabel, secretaria por aquel entonces.

 

1- Difundir la obra y doctrina del justicialismo en todo aquel momento, señalando las etapas alcanzadas y los fundamentos doctrinarios de la política social, económica, financiera e internacional del Gobierno. Para cumplirlo debían leer los mensajes y discursos del presidente y Eva Perón.

2- Rebatir toda versión tendenciosa sobre el estado actual del país, comentarios maliciosos, rumores infundados, que se  escuchen, aclarando la verdad y fijando puntos de vistas coincidentes con la obra de gobierno del justicialismo, en particular en los ambientes educacionales y culturales, donde la oposición hace circular rumores tendenciosos.

3- Individualizar sistemáticamente a quienes en las oficinas pretendían promover desordenes, hacer circular impresos y otros elementos para sembrar el desorden y la anarquía.

4- Inculcar en el hogar, en la calle, en el club, la obra patriótica y humanitaria de la Fundación Eva Perón.

5- Denunciar de inmediato a las autoridades encargadas del orden a las personas que sean sorprendidas en maniobras de oposición al régimen constituido, ya sea con actitudes o comentarios malevolentes.

6- Hacer firme el propósito de defender cueste lo que cueste la organización actual del Estado, el normal funcionamiento de los servicios públicos, las conquistas sociales, las instituciones armadas, los derechos gremiales y todo cuanto integre el patrimonio de la revolución justicialista, para consolidar las conquistas de la nueva Argentina de Perón y Eva Perón.

Otro aspecto que preocupaba al Gobierno es la campaña formativa con respecto a los hábitos disciplinarios, asistencia a los actos patrióticos, pruebas escritas, etcétera. Esto estuvo a cargo de las autoridades del instituto, quienes solicitaron la colaboración a los profesores para enfrentar las siguientes situaciones.

 

Asistencia a los actos patrióticos

La asistencia a los actos patrióticos aparte de tener obligación moral era reglamentaria. El personal debía ser puntual en las citaciones debiendo concentrarse en la escuela cuando así se indique.

 

Asistencia y puntualidad

La inasistencia era la excepción no era un derecho del profesor que le permitía faltar tres días en el mes. Las licencias por razones particulares no eran justificadas. Por salud solo se tenía 45 días de  licencia reglamentaria con certificado de salud pública. Con respecto a la puntualidad el profesor debía estar en el aula al toque del timbre.

 

Firma de asistencia y libros de temas

El profesor debía firmar su asistencia y consignar sus temas antes de entrar a clase.

 

Disciplina en el curso

Estaba a cargo exclusivo del profesor, estando el profesor no podía intervenir el preceptor. El profesor debía aprovechar la oportunidad para corregir en los alumnos vicios que luego forman malos hábitos, mala postura, sentado o de pie, gestos o expresiones no comedidas, desorden, moverse, conversar.

 

Pruebas escritas

Las pruebas escritas debían consignarse en el libro de temas, las hojas sellarse y firmarse por el profesor al iniciarse el tema. Las pruebas se realizaban en tinta, no se aceptaban en lápiz,  se corregían y eran entregadas a los alumnos en el término de siete días. Se descontaban puntos por errores ortográficos y redacción, el profesor debía informar al alumno el motivo del descuento de la nota. Todo lo anterior nos demuestra de una manera clara y precisa lo que la escuela requería de un profesor en distintos aspectos.

En cuanto a la enseñanza media y superior, los aspectos que más se destacaron fueron la gratuidad de la enseñanza, la escuela como unidad básica difusora del segundo plan quinquenal. La educación primaria puso énfasis en la educación moral, la educación física, arte, folclorismo, etcétera. Según las directivas, las maestras debían sentir “…auténtica vocación para no defraudar los anhelos de la Patria…” (Rosario, 1952).

El personal docente debía inculcar el contenido de la doctrina peronista, no podía permanecer impasible en este aspecto y poner especial cuidado y preocupación en sus actos, por ejemplo, que en la escuela predicara el justicialismo y en la calle lo negara. Los profesores debían estar al día en la información y contenido de la doctrina justicialista.

Para culminar, podría afirmar que a pesar de la gran estructura de la doctrina peronista, su control en todos los sectores del país, la campaña ideológica y simbólica y demás instrumentos de influencia no pudo resistir el golpe de Estado de 1955, el cual fue preciso también en su contenido ideológico, quizás el más sangriento junto al del 24 de Marzo de 1976.

En los mismos libros de actas de reuniones de personal que permitieron recuperar este pequeño segmento del tiempo histórico, pude observar que de una página a la otra cambia el discurso político, de un acta a la otra se pasó de hablar de justicia social a un tabla rasa y empezar nuevamente definiendo el año 1955 como el año de la libertad, así de fluctuante fue nuestra historia a mediados del siglo XX.

La influencia del Gobierno peronista sobre el Instituto del Rosario y sobre su personal docente quedó demostrado en la investigación realizada. Las actas de reuniones analizadas muestran claramente las intenciones del Gobierno nacional allá por la década de 1950. Las misivas peronistas no dejan lugar a la oposición e intentaron por todos los medios evitar cualquier idea ajena al justicialismo, lo que demostró que fue un gobierno personalista con fuerte control y apoyo del movimiento obrero, una propaganda que llegó a todos los rincones del país, especialmente al ámbito educativo, en donde se enseñó la doctrina justicialista. Las autoridades escolares demostraron colaboración con el Ministerio de Educación. Muchos profesores estuvieron convencidos y defendieron catedráticamente las políticas del estado peronista.

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