Musica, contexto y pensamientos en la primera década de 2000

Las páginas del rock

Mucho antes que las redes lo invadieran todo, los villamarienses supieron crear canales y espacios donde compartir una perspectiva, una forma de vida y su expresión rockera. Una forma de darle “manija” a la producción musical local y también a las ideas de una generación en efervescencia

Escribe Daniel Rodríguez

De nuestra Redacción

Durante la primera década del segundo milenio la ciudad (todavía) era un bullicio de bandas de rock que comenzaban a surgir en garajes para luego saltar a los escenarios. En sus diferentes géneros: metal, punk, rock and roll o blues, no importa, todas tenían su espacio en la escena y por aquellos momentos Mundo Bar, Octavo Pecado, Néctar u otro espacio solían ser las plazas (que ahora son otras). Tal vez en algún momento, la clausura temporal de Mundo golpeó un poco tal cuestión.

Eso sí, siempre hubo músicos, siempre hubo sonidistas que grabaron de consola, pero también hubo quienes se animaron a documentar los sentimientos de aquella época. Mientras algunos grupos llegaban desde el resto del país, acá estaban los propios, compartiendo fechas, gastos y tablas.

Hablamos de una generación que mayormente se había criado durante la década del 90, es decir, con múltiples cuestiones que trajo la bendita globalización. Las nuevas tecnologías, la llegada de la computadora como soporte creativo e incluso el mismísimo celular. Por aquellos días uno podía enterarse vía Fotolog qué fecha se preparaba. 

Todo esto que existió y que nadie aún ha olvidado, se transformó en algo habitual que hoy trae algo de nostalgia. En medio de tal vorágine de zapatillas Converse, dos cuestiones se mostraron como una voz propia en cuanto a las palabras en tinta. Hablamos de las revistas de rock propiamente dichas o los fanzines, estos últimos creados de forma artesanal, donde el “editor” (con mucha autogestión) aplicaba papel, tijera y lápiz, imprimiendo sus pensamientos (tal como se hacían algunos de los afiches que terminaban pegados en algún tapial).

Pero el fanzine no fue nuevo, sino que esta creación de aficionados, que luego era fotocopiada hasta donde los bolsillos podían, nació muchas décadas más atrás, cerca de 1940. Las mismas transmitían temas que por aquellos momentos preocupaban a todos a nivel social, o bien podía ser un saber que alguien deseaba compartir con los demás. Literatura, cine, teatro y arte se unían con sátiras e ironías.

Carlos Rodríguez, bonaerense conocido como Nekro, fue líder de Fun People y que ahora es Boom Boom Kid. El mismo transmitía en sus recitales sus creaciones (las mismas que más tarde compilara en un libro). Eso también llegó a nuestra ciudad y también se reprodujo dejando semillas.

El fanzine, hay que saberlo, no buscaba rentabilidad económica directa, sino que quiere compartir algo en particular. Este collage fotocopiado es un cliché que no sobrevivió tal vez muchos años. La democratización de la tecnología trajo el abaratamiento de las técnicas e hicieron que tal cuestión avance.  Era imposible pensar en revistas ilustradas ya que no había quien la financie y los portales digitales estaban más lejos que nunca. Allí fue cuando la fotocopia comenzaba a iluminar y parir pensamientos.

 

El fanzine

En Villa María podemos nombrar algunas publicaciones tales como Mentes Valdías, Papeles Tijeras y Crayones, la bellvillense Alien Exist o la mismísima Mundo Petiso, la cual tenía una creación realmente sorprendente que la diferenció del resto.

En Mentes Valdías, compuesta por dos hojas A4 dobladas y escritas, convivían grillas de las bandas locales, fotos recortadas de diarios y hasta chistes que apuntaban directamente a George Bush, presidente de Estados Unidos por aquellos momentos.

En Papeles, Tijeras y Crayones habitaban cómics y hasta un artículo sobre la extinta galería de arte Los Cuatro Gatos, que estaba ubicada sobre calle Chile.

Protesto Funcine (así estaba escrito), de agosto de 2008, tenía en su interior una breve reseña del escritor Milan Kundera y una crítica hacia el poco valor que se le da a fenómenos como las lluvias y demás. “En lugar de militarizar a los civiles, lo que hace falta es civilizar a los militares”, destacaban sus páginas ahora amarillas por el paso del tiempo.

En Mundo Petiso, recorriendo un número de junio de 2007, podemos encontrar un tópico de temas bastante particulares.

En este número, particularmente, el tema abocado es la marihuana: entre humor y algunos datos científicos, tal tema se desanda y se detalla. Hay también una ficticia campaña para presidente de un personaje inventado: “Este 2007, Apolino presidente”, rezaba un cómic en la contratapa.

“Voy a prohibir que se prueben los ringtones en lugares públicos”, reflejaba una imagen, y también había promesas como: “Si gana, a toda prisa, como primera medida la legaliza”.

Más tarde aparecerían otros siendo más específicos y compartidos como “Elefante”. Una creación apuntada a la poesía y dirigida por Rodolfo Schmidt donde escritores locales y regionales podían publicar enviando sus textos vía mail.

También emerge Excepción Tripolar, escrito nacido desde el teatro, con escritos de Roxana Sella y Celeste Giordano desde La Salamandra.

¿Dónde se conseguían? En ferias de discos, salas, comercios “del palo” o en la mismísima Medioteca Mariano Moreno.

Revistas

Por otro lado, también existen otras creaciones menos artesanales y rudimentarias, sin que esto suene despectivo.

Podemos hablar del nacimiento de La Hoja del Rock, que más tarde pasaría a llamarse Sr. Rock, con la icónica imagen del Compadrito, figura del cómic creada por el Monky Tieffemberg.

En esta producción dirigida por Daniel Castoldi y Walter Carrera (con Darío Azumendi como colaborador), los lectores por 2 pesos podían leer entrevistas jugosas y datos directamente alusivos.

Durante 2006 y 2007, por ejemplo, abundaron notas periodísticas de relevancia, siempre a nivel local. Hablamos de Fabricio Rodríguez en Mr. Mojo,  Guillotes, Mutilador o José Azocar, líder de Kalzevitoz.

También convivieron allí Motorblues, Preciosas Ridículas, Audio, Gustavo Rovira, Funkarlos o El Grito de Abel.

Si hasta uno pudo encontrarse con el adelanto de la grilla de los ahora antiguos Costanera Rock que se solían llevar adelante a la vera del Ctalamochita.

Aquel relevamiento de las revistas rockeras abrió la puerta para que muchos más sean aventureros. Y en 2007 nacería el libro Rock_vm con Darío Falconi, Carlos Gazzera y José Azócar, pero esa es otra historia.

 

César "Agite" Busso - Mundo Petiso

"Terminó derivando en humor"

 

Oriundo de Bell Ville pero actualmente radicado en la ciudad, César Busso, mejor conocido como Agite, fue uno de quienes impulsó Mundo Petiso.

Actualmente, él se dedica a la ilustración y es ampliamente conocido en esa veta. Viajando quince años hacía atrás, en diálogo con El Diario, Busso, destacó: "En realidad, la creación no fue una idea mía sino de uno de nuestros compañeros que le decimos Panta".

"Nosotros, por aquella época, leíamos algunos de Córdoba que nos encantaban, particularmente uno llamado "Nos fuimos al Carajo" y nos dieron las ganas de hacer algo así".

"Mundo Petiso tuvo 12 números y salió desde el 2004 hasta el 2007".

"Al principio la propuesta tenía algo de información y terminó derivando en humor.... hasta llegamos a crear un candidato a presidente"

"Era época de estudiante universitario. Y nosotros éramos cuatro amigos que vivíamos juntos; recuerdo que en algún momento la pieza parecía una redacción". Respecto a la cantidad de impresiones y demás, Agite reflexionó: "Empezamos con 250 copias y al último la tirada ya era de mil".

Novedoso y con gestión propia, Mundo Petiso terminó siendo uno de los más emblemáticos.

"Recuerdo también a Alien Exist de un chico de Bell Ville y Snif, que realizaba el villamariense Fernando Mercadal", redondeó. 

Una movida intensa

En medio de todo lo que vivían los jóvenes (y no tan jóvenes), la antesala fue que anteriormente existían mayores lugares donde las bandas podían tocar.

El desaparecido boliche El Angel realizó una enorme cantidad de recitales donde bandas villamarienses acompañaron a bandas como Bersuit Vergarabat o a los Ratones Paranoicos; Ricardo Kamienski trayendo a Babasónicos, entre otras figuras; La Mancha de Rolando e Intoxicados sonaron en el Club Ameghino; en 2002, Titina Bravín organizó Rock Total con Botafogo y Alejandro Medina. Al mismo tiempo, Darío Azumendi emprendió los Fijate Rock, y Carajo, Cabezones o Arbol también llegaron a pisar nuestras tierras.

Un poquito más atrás, en 1998, Los Redondos sonaron en el Anfiteatro, aunque no fueron las primeras estrellas (ni las únicas que trajeron rock a la Villa).

En tanto, sobre los Villa María Rock que nacieron en 2004, los que saben dicen que tal festival había nacido mucho antes, por iniciativa de Tieffemberg y  Stocchero en 1982.

Lo que hoy es conocido como Costa Explota también había sido Costanera Rock. Así, mutando y sobreviviendo, las expresiones se fueron destacando.

 

Dario Azumendi - Sr. Rock

Con el Compadrito como bandera

 

Junto a Daniel Castoldi y a Walter Carrera, el productor musical y periodista Dario Azumendi llevó adelante la creación de la revista "Sr. Rock".

"Primero nació como "La Hoja del Rock", y se imprimía donde también se realizaba la revista La Hoja; pero luego mutó a ser Sr. Rock", detalló Azumendi.

"Todo esto comenzó en 2003 con "La hoja..." y finalizó con Sr. Rock en 2008".

Con la última publicación, según confirmó, que en tapa destacaba a una banda de Marcos Juárez se imprimieron 10 ejemplares.

Con 1.000 revistas por tirada, la iniciativa "comenzó siendo algo bimensual y luego terminamos imprimiendo cuando los auspiciantes, que bancaban la revista, completaban la cantidad de dinero necesaria".

Agregándole más valor al rubro, el entrevistado también recalcó: "Recuerdo que entre los puntos de ventas teníamos a Titina Bravín y al Negro Cabral, dos músicos de la ciudad".

Respecto a la figura del Compadrito (un logo característico), queda también en el recuerdo el permiso solicitado a La Roja (Nancy Camandona) ex mujer del conocido músico y gestor Daniel Monky Tieffemberg, para utilizar dicha ilustración; algo que sin dudas acentuaba su raíz cultural y musical propia de nuestra localidad.

La revista, que comenzó con un valor de un peso terminó costando dos. La misma, impresa durante su última época en Villa Nueva,  expuso la escena local en papel y tinta. 

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