A 94 años del natalicio de Edith Vera
La mujer que colocaba flores en su cabello
La autora de la nota bucea en la vida y obra de la “poeta del universo vegetal”, como la ilustra. Además indaga en los lazos familiares que la vinculan con la más admirada escritora villamariense. Y también con aquella mujer de pelo negro, de vestido negro y de boca roja que alguna vez fue “maestraEscribe Stefanía Coggiola
ESPECIAL PARA EL DIARIO
Es el año 1995. Alejandra vive cerca de E., en la calle Catamarca, en barrio Centro de esta ciudad. Cuando camina por el barrio, le llama la atención una mujer que solo sale de su casa los domingos: por la mañana, de 9 a 11, alimenta pájaros en la vereda. Los días pasan, la escena se repite en loop. De tanto verla, comienza a saludarla. Alejandra Alesso, estudiante de Arte, de ojos translúcidos, pelo rubísimo, se traslada por el barrio con bastidores a cuestas que prepara para el artista plástico Juan Massafra. Y eso, que se pasee por el barrio un domingo a esa hora con bastidores tan grandes, a E. le llama la atención. Entonces, comienzan a hablar: E. le pregunta dónde va, qué hace. Sucede esto: hablan sobre pájaros.

¿Quién es E.? La poeta del universo vegetal ¿Cómo es esa mujer? Dicen que su presencia es equivalente a la de una hechicera, que es dulce, amable, mágica, inteligente, misteriosa, honda. Marta Parodi, amiga y biógrafa, dirá: “Representa lujosamente a las letras de Villa María, su ciudad. La tensión lírica de la obra, que atraviesa con la misma intensidad poesía y narrativa, le ha dado ya un lugar destacado en la literatura infantil (...)”. Es Edith Vera.

Edith era la prima hermana de mi abuela paterna. Examino mi vínculo, pienso en la genealogía familiar: si es tía abuela, o tía segunda o tía tercera. Pregunto, investigo. Los extraños me dicen que no, que no sería tía abuela. Mi hermano me dice que nosotros la tratábamos como tal. Entonces me tranquilizo. Cada vez que en la ciudad de Córdoba el colectivo recorre la calle 27 de Abril, observo por la ventanilla la Biblioteca Córdoba que tiene la sala infantil que lleva su nombre: Sala Infantil Edith Vera. Comienzo a recordar, llamo a mi hermano Alejandro.
Sobre Edith, Alejandro dirá que lo que primero que recuerda es su cara: delineaba sus ojos de negro y se pintaba la boca de rojo, apenas. Tenía el pelo negro, la piel blanca y en general vestía de negro. También dirá que había algo mágico en ella. Luego, las cenas en casa de nuestra abuela, con Edith y su mamá: mujeres amables, dulces, suaves, relajadas. Que eran noches de verano y se la pasaba bien. Después, las búsquedas del tesoro para encontrar huevos de Pascua. Edith daba pistas creativas, ingeniosas, y los primos, todos niños, todos entusiasmados, recorrían el patio cubierto de enredaderas en busca de sorpresas.
Alejandro hará hincapié en que era una lectora increíble, bestial. Que se juntaban en bares de la ciudad para hablar de literatura. El modus operandi era así: le dejaba una notita en el auto y quedaba agendada la cita. Conversaban sobre la figura del escritor y de cómo a ella le gustaba escribir. Pero lo mejor, más allá de las charlas, era estar con ella. Porque Edith era poesía: la escrita, muy poco publicada en relación a la cantidad que compone su producción, y la interna, que se traducía en su personalidad. La poesía de su forma de ser, como un modo personal de habitar el mundo que no siempre fue comprendido.
Es antes de 2000. Alejandra Alesso se vincula con las artes plásticas y trabaja como escenógrafa, iluminadora y asistente de puesta de escena con el grupo de teatro de Carlos Yarán. El grupo formado por Yarán, Alejandra y Marisabel Demonte, decide contar su vida. Para lograrlo se juntan con Edith una vez por semana en el bar al frente del Correo, muy cerca de la casa de Edith y en función de esas charlas construyen el recorrido de su vida a través de sus textos. Para que cada encuentro suceda, primero hacen este ritual: van a la casa de Edith y le dejan una nota por debajo de la puerta y entonces ahí sí: se les une en el horario y lugar pactado. El año anterior, la editorial Radamanto, dirigida por Alejandro Schmidt, recibe el Premio “Alberto Burnichon Editor”, al mejor libro editado en la provincia de Córdoba en el bienio 1997/1999 por "El libro de las dos versiones". La misma editorial galardonada, publica "Pajarito de agua" y "Cuando tres gallinas van al campo", ambos ilustrados por Edith.
Recuperación de “Las dos naranjas”
Es el año 2001. Es una noche calma de verano. Hace un largo tiempo que no la vemos y la invitamos a cenar. Edith prefiere tomarse un taxi, pero finalmente la convencemos de ir por ella en el auto. Llegamos a su casa, las luces están encendidas. El Ami 8, como siempre, yace en el garaje. Mi hermano pronuncia su nombre varias veces, golpea con suavidad. Al cabo de unos minutos, abre la puerta levemente. Consigo asomarme con imprudencia y veo pilas de papeles, pilas de libros, cajas, un sillón. Quiero entrar pero no lo hago, porque aunque quisiera, no me lo permitiría. Me mantengo aferrada al marco de la puerta. Cuando sale, lúcida y envolvente, lleva en las manos un pote de helado. Será la última vez que la veamos.
Carlos Gázzera, editor y director del sello Eduvim de la Universidad Nacional de Villa María recupera los derechos de su obra y publica en 2018 en formato facsímil “Las dos naranjas”, sobre ella dirá: “Edith es mucho más conocida de lo que creemos. Desde la publicación de ‘Las dos naranjas’ empezaron a pasar cosas, y de repente aparece que la sala de tal escuela llevará su nombre. Comienza a haber una recuperación. Porque lo que sí hemos hecho, además de difundir, es lograr que su obra sea cuidada y tomada con respeto. Porque sin dudas es la autora villamariense más importante que tiene la historia de la ciudad”.
“Las dos naranjas” es su libro más conocido. Por insistencia de una amiga, en 1960 presenta los poemas que lo integran al concurso “Campaña para una buena literatura para niños”, organizado por el Fondo Nacional de las Artes, una de las instituciones más prestigiosas del país, entonces y ahora. Pasó lo inevitable: el libro ganó el primer premio, que implicaba su publicación. Pero el mundo interno de la poeta le impidió cumplir con algunos requerimientos y el libro no se editó. Sin embargo, los poemas empezaron a circular entre los lectores. La obra, tal y como había sido escrita, recién pudo ser publicada nueve años después en 1969.
Como un rayo de fuego
Es el año 2003. Sobre su muerte, esta escena: Alejandra Alesso camina por el barrio, un día como cualquier otro a las 9.30 de la mañana. Observa algo que la atraviesa como un rayo de fuego, algo que la desintegra y le infunde una tristeza que nunca desaparecerá: hay personas que entran y salen de la casa de Edith, cargados de papeles. Se desata el caos, los papeles vuelan por el aire sin control, el cielo se oscurece mientras el viento mueve las hojas, algunas caen en el cemento tibio, otras en el agua, otras se disipan a lo lejos. Su casa, sus cosas, su obra, su vida, su deseo de que ese lugar fuese un albergue para artistas, todo eso arrojado en un contenedor, como si fueran desechos, como si en vez de poemas, notas, canciones, cartas, papeles, entre sus manos cargaran restos de basura de una obra en construcción.
La mayor parte de su obra estaba en esa casa, inédita, desordenada, profunda. Se conocen diez libros de poesía suyos, de los cuales solo cuatro fueron publicados y llegaron al público lector. También había canciones y otros textos de distinta índole, porque Edith Vera vivió en las palabras que escribía. Lo que pasó esa mañana de 2003 es una tragedia, personal, privada, pero también colectiva, de Villa María y de su arte. Una tragedia de la literatura toda. Porque su obra no puede limitarse a la de una autora infantil, es mucho más que eso. Como tampoco puede pensarse en términos de una poesía generacional de los años en que fue escrita, es otra cosa, es algo más. Como su autora no es cualquier autora. Dueña de una vida vivida a su manera. Poeta, sí, pero también una maestra jardinera de sensibilidad única, directora de instituciones educativas, actriz, envuelta en magia, inacabable. Dueña de una vida vivida a su manera, dueña de un mundo interno inconmensurable.
El suceso de 2003 no representa el único hecho en que se violenta su obra. En 1979, en plena dictadura militar, fue destituida de su cargo como directora de un jardín de infantes. Luego se sucedieron repetidos allanamientos a su propiedad, donde revolvían sus papeles y los universos que allí habitaban. Pero lo de 2003 fue diferente, fue una aberración. Esa casa, era la casa de Edith Vera: las cejas en ve, la boca sutil. Habitada por ciruelas, grillos, cuises, flores, almendras, nacida el 27 de agosto de 1925.
Tal vez porque fui rama
con hojas, sin espinas.
Más tarde fui una simple
corola en la mañana.
Porque fuego de soles
el corazón me ardieron
y mi sangre fue savia,
y mi piel sin defensa
para ser lastimada.
Después vestí de verde
de blanco y rojo grana
y elegí aquel poema
que tanto me gustaba.
Tal vez, por todo eso
una vez fui manzana.
(del libro inédito La palabra verde y los caracoles)
