Proyectos de medicina natural vinculándose con la tierra, el aire y las plantas
La medicina del momento
En Villa María coexisten diversos emprendimientos de medicina y cosmética natural que germinaron a la par de la transformación de los hábitos de consumo de las personas que implican una mayor concientización sobre los beneficios de llevar una vida saludable. Conversamos con uno de esos proyectos que provocó la germinación de esa semilla, hablamos con las integrantes de Ruda, un proyecto colectivo de producción medicinal y cosmética natural.
Nadia Caronni, Madeline Rustichelli, Eugenia Sánchez y Antonella Turletti relatan que “elegir la fitocosmética y medicina natural implica un cambio de hábitos y una intención de habitar los espacios y la existencia de una manera más armoniosa y amorosa con nosotras mismas, con las otras personas, con la tierra, el aire y las plantas, recuperando saberes antiguos y la sencillez de estar presentes con los pies en la Tierra”. A su vez, mencionaron la importancia de poder decidir sobre el consumo tanto referido a la alimentación como lo que se aplica a las pieles y reconocer así otras posibilidades de vincularse con el ambiente.
Para estas emprendedoras “es importante hacer hincapié de que cuando hablamos de la medicina natural hacemos referencia al autocuidado, a la autoexploración y a la autogestión de la salud de nuestros cuerpos”. La intención de su emprendimiento es explorar, jugar, aprender, crear y recrearse “conjugando diversos conocimientos en movimiento en los que convergen antiguas recetas y nuevas experiencias dejando siempre abierto el espacio para el juego como herramienta creativa”.
Los beneficios de consumir cosmética y medicina natural
“Los beneficios de consumir productos naturales de elaboración artesanal supone conocer la procedencia de sus ingredientes. Sus componentes no son tóxicos, lo que facilita la asimilación del cuerpo y evitarle al organismo un gasto energético innecesario”. Utilizar este tipo de productos naturales implica “escuchar nuestros cuerpos, cambiar ciertos hábitos y transformar el consumo”.
En las investigaciones que realizaron para llevar adelante el emprendimiento se encontraron con notas, información e índices alarmantes sobre los componentes que poseen cosméticos y medicamentos que se venden en las farmacias. “La piel es el órgano más extenso que tenemos, cualquier producto que le apliquemos es incorporado directamente”. Por ello, añadieron, “procuramos que todos los ingredientes con los que elaboramos los productos sean comestibles, medicinales y nutritivos. Es en esencia, lo mismo que alimentarnos sanamente”.
Consideran que las consecuencias de la industria farmacéutica están a la vista. “Gente automedicándose diariamente, comprando pastillas como caramelos en cualquier kiosco. Hay muchísima información sobre cómo esa industria teniendo la “cura” para ciertas enfermedades decide ocultarlo porque su existencia es un negocio, es decir que lo que les interesa es cronificar las enfermedades y no curarlas. Hay una crisis de la medicina tradicional y mucha gente con muy malas experiencias. Las pastillas te cortan el síntoma, pero a las horas volvés a sentir el dolor”, agregaron.
Otra de las consecuencias que perciben es la desconexión total con los propios cuerpos. “Hemos aprendido a apagar el síntoma del dolor de manera inmediata. Sin dolencias somos más productivas y esa es la lógica del sistema en general, lógica de la que la industria farmacéutica ha sabido beneficiarse”. Explican que, paulatinamente, se está produciendo una apertura mental y un cuestionamiento de las personas hacia esta problemática, “existe una discusión por parte de la gente respecto a lo que consume y eso implica preguntarse qué se come, qué se usa para la piel o qué se consume para las dolencias”. De esta forma refieren que existe una apertura de las personas hacia la elección de productos que no poseen químicos que va de la mano con la elección de la alimentación consciente y saludable.
No obstante, las emprendedoras reconocen que aunque exista una crisis con la medicina tradicional, muchas veces es necesaria. “El problema es que es una sociedad medicalizada, el inconveniente es cómo se utiliza cada medicamento”.
Las integrantes del emprendimiento y su surgimiento
Se trata de cuatro amigas que se conocieron hace tiempo y que tuvieron la intención de crear su propio trabajo desde los diferentes saberes, lugares, experiencias y vinculaciones que cada una tenía. “Compartimos el interés por interpelar la lógica que impone este sistema y a partir de recorridos individuales sobre prácticas de autogestión, la intención fue y es llevar adelante un trabajo de mujeres recuperando saberes ancestrales sobre la medicina natural. Las plantas nos acercaron como amigas”, expusieron.
La confianza que hay entre ellas es la base del proyecto. Conversaron sobre la importancia de trabajar en equipo y “unir la sabiduría, las experiencias, la fuerza y las herramientas de todas”. Sin embargo, “es un punto conflictivo de acuerdo a la lógica de producción capitalista que siempre nos dijo que con la familia y con los amigos no se trabaja, porque mezclar plata y afectos suele no resultar redituable. Nosotras elegimos interpelar esa lógica, primero en nosotras mismas, resignificando el trabajo como algo disfrutable y aun así generar dinero”.
Sus producciones
En cuanto a la elaboración de los productos explicaron que comienza con la cosecha de las plantas tanto en sus patios como en el de amigos y en el de productores agroecológicos locales con quienes articulan su emprendimiento. “De acuerdo a las propiedades de cada planta, intencionamos su uso y aplicación mediante diferentes procesos, esto es, destilación por arrastre de vapor, maceración, cocción. A su vez, agregaron que al momento de crear un producto tienen en cuenta también sus beneficios aromaterapéuticos.
Las emprendedoras explican: “Generamos un círculo de gente que nos va dando plantas de su patio a las que intercambiamos con productos”. “También somos parte de una red de productoras de fitocosmética locales para facilitarnos el acceso a los insumos necesarios para cada emprendimiento”. El resto de la materia prima la producen artesanalmente, ya sea cocinando sus propios aceites vegetales u obteniendo los aceites esenciales a través de la destilación por arrastre de vapor. “Aprendimos a extraer los aceites esenciales que son el espíritu de la planta. Esto permite reconocer la pureza de lo que estás haciendo. Sabemos de dónde vienen las plantas, no es algo que vamos y compramos, y eso completa un círculo”, relataron.
A su vez, tienen la intención de vincularse y trabajar con las plantas que crecen en la zona. “Las plantas que se desarrollan en nuestra tierra tienen información. Si crece a nuestro alrededor es porque lo estamos necesitando. Si crece en tu patio es porque lo necesitás”. En este sentido, relatan que existen diversas plantas que las podemos encontrar en la zona y que tienen innumerables beneficios como la lavanda, el romero, el laurel, el eucalipto, el tomillo, la cola de caballo y el diente de león. Por ejemplo, en las orillas del río de Villa María se pueden encontrar diferentes plantas como el llantén que posee propiedades cicatrizantes, astringentes y purificadoras de la sangre.
También hicieron referencia a la planta kalanchoe. “Crece un montón, es una plaga y tiene propiedades que regeneran las células. Estamos comprendiendo que tenemos una conexión con las plantas, no están solo para ser lindas sino que nos traen un montón de beneficios. Para nosotras es importante estudiarlas y aprender con ellas”.
Autogestionando su propio trabajo
En el relato de sus experiencias advierten que “la autogestión es la posibilidad de hacer sustentable nuestra existencia, haciendo un aporte desde nuestras capacidades creativas, pudiendo decidir sobre nuestro tiempo, espacio, consumo, discurso y prácticas. También implica tener constancia y pensar colectivamente estrategias para hacer sustentable el emprendimiento y expandirlo, ya que hasta el momento, las cuatro tenemos trabajos paralelos”.
Para estas cuatro mujeres emprendedoras la autogestión implica un cambio del paradigma tradicional del trabajo y una alternativa. Significa “plantear otro modo de vida, trabajar para vivir, no vivir para trabajar”. Implica habitar espacios que disfrutan para vender los productos, como por ejemplo las ferias autogestivas. “Lo autogestivo es una elección de vida”, concluyeron.
Ailin Peirone
