NOTA Nº 572, escribe Jesús Chirino
Horacio Cabezas: primer intendente de la recuperación democrática
Este domingo las y los villamarienses concurrimos a los comicios locales para elegir a quienes ejercerán cargos en el Gobierno local. Buena es la oportunidad para recordar a quien fuera el primer intendente municipal votado por la mayoría en la recuperación de la democracia de 1983.
El contador Horacio Cabezas ocupó la titularidad del Poder Ejecutivo local hasta 1987, cuando lo sucedió otro hombre de su partido político, la Unión Cívica Radical, Miguel Angel Veglia.
La esperanza de la construcción democrática
Pasaron más de 35 años de las elecciones de octubre de 1983, y los cambios se han sucedido con gran velocidad en el mundo político. En tiempo en el cual Cabezas fue elegido intendente, las identidades partidarias eran entendidas de otra manera, poseyendo muy distinta densidad a la cual pueden notarse actualmente.
En aquel 83 la democracia despertaba esperanzas y llamaba a una participación política muy diferente. Todo era menos “profesional”, por ejemplo, las pintadas de paredes y carteles, de manera mayoritaria eran realizadas voluntariamente, sin pago alguno, por mujeres y hombres que participaban de las campañas políticas. Todos los candidatos hablaban menos de gestión y mucho más de política y la generación de sentido.
Por otra parte, sin la existencia de tantos medios tecnológicos para la comunicación, el desarrollo de los mítines era una preocupación central que teñía las campañas de un color propio de la época. Si bien las circunstancias económicas del país no eran las mejores, la esperanza por la democracia que podríamos construir era el lente por el cual se miraba el futuro.
La honestidad como valor
En ese contexto, un honesto hombre del pueblo caminó las calles, subió tribunas y puso a consideración su postulación para llevar adelante el ideario de su partido político desde la Intendencia local. Se trataba de un profesional, pero sobre todo las cosas, un hombre sencillo, profundo, austero, siempre con el saludo listo para la vecina o el vecino que cruzara en su andar. Pero, valga la aclaración, su afabilidad no era producto de una pose construida desde el interés de campaña, tampoco surgía del diseño de un grupo profesional de asesores de imagen. Toda la ciudad sabía que Cabezas era de esa manera y continuó igual luego de retirarse de la intendencia para no volver a ocupar cargo electivo en el gobierno local, aunque la intensidad de su vida social no disminuyó.
La honestidad del primer intendente municipal en la recuperación democrática nunca pudo ser puesta en dudas, ni en el medio político que suele ser muy duro en ese tema. Por algo el socialista Nicolás Repetto supo pronunciar aquella recordada frase diciendo que “para hacer política he debido echar mi honra a los perros”.
En el caso de Cabezas su honra quedó a salvaguarda en el ejercicio de la intendencia, es tan así que al final de su mandato hablando ante el Concejo Deliberante, despidiéndose, sin faltar a la verdad pudo decir “no me he enriquecido en la función pública”. Todos sabían que era verdad, más allá de sus aciertos y errores en el gobierno municipal.
Luego continuó caminando las calles y trabajando por su querida Villa María hasta su muerte, que acaeció en mayo de 2017, cuando ya contaba 94 años. Luego de la intendencia municipal dedicó muchas horas al registro de la historia de la ciudad, presidió importantes comisiones como aquella en la cual trabajó para lograr la creación de la Universidad Nacional de Villa María.
También presidió la Junta Municipal de Historia y se sumó, con humildad a tantas otras actividades en pos del beneficio del prójimo.
Interiorizarse acerca de lo democrático
Cabezas alguna vez nos contó acerca del tiempo en el cual “anunciaron la apertura política y el proceso eleccionario para entregar el gobierno al pueblo”, entonces “se respiró un aire distinto... Empezaron los permisos, la consideración hacia la gente y las reuniones y se permitió a los partidos políticos la difusión de sus propias ideas, encontramos un ambiente de mucho fervor... había mucho entusiasmo, sobre todo en la juventud”.
Rescató que en ese tiempo de apertura política los jóvenes “reclamaban para interiorizarse bien” de cómo era la cuestión democrática, “pedían la Constitución Nacional, entonces los partidos políticos, por su cuenta, imprimieron gran cantidad de libritos conteniendo la Constitución Nacional y distribuimos, a los distintos jóvenes... -para- que se interiorizaran de las potestades que nos daba, y cada vez el entusiasmo era mayor y las preguntas sobrevenían con mucho entusiasmo e interés”.
Cabezas no nos habló del interés por el triunfo electoral, que claramente existía, sino de la preocupación de instruirse acerca de qué era lo democrático. Este punto es interesante, pues lo democrático no posee un sólo significado ni todo el espectro político entiende lo mismo por democracia. Las interpretaciones de lo democrático pueden variar mucho, sin necesidad de escaparse del marco legal.
Las deudas con la democracia
En relación a la recuperación democrática, y la posibilidad de la construcción de un futuro con la participación real de la ciudadanía, Cabezas remarcó que “tanto los jóvenes como los grandes, abrigábamos muchas esperanzas de que la democracia nos iba a traer otras formas de vivir , de mayores ilusiones... efectivamente fue así. Pero después vinieron los desencantos, la desilusión en muchos casos, no por fallas de la democracia sino, a veces, por debilidades en el pensamiento de los hombres que ejercían en la democracia. Cuando decimos cuál es la falta que quedó de la democracia, creo que la pregunta está mal planteada porque la democracia no falló, los que fallaron fueron los hombres que tuvimos el ejercicio de la democracia”.
En este juicio crítico él mismo se incluía como hombre que ejerció un cargo gubernamental. Quizás el pensamiento de Cabezas nos permita reflexionar acerca de cuánto, como sociedad, ampliamos la democracia. Si no la fuimos reduciendo a una cuestión electoral, no poniendo el esfuerzo necesario para que la participación fuera mayor.
La emulación del ejercicio de un cargo gubernamental con la gestión empresarial quizás proviene de lo enflaquecida que quedó la participación ciudadana. Se observa a personalidades políticas, de diferentes vertientes, que consideran que el triunfo electoral cada cuatro años los habilita para desarrollar cualquier “brillante” idea que se les ocurra aunque nunca la pusieron a consideración del pueblo mediante mecanismo de participación real.
Entonces parecieran actuar como gerentes, olvidando que asegurar la participación real de la ciudadanía debería ser un deber de quienes gobiernan. Quizás eso deviene de lo que Cabezas señaló como una de las debilidades de pensamiento de los que llegan a puestos de gobierno.
