'Hay que romper el imaginario del folclore como música de viejos”
domingo, 28 de abril de 2019 · 00:00
Juan Poquito, musico y cantante
Poniéndole cuerpo y voz, integra formaciones musicales como Uyuni, en clave folk; la banda Hombre Montaña Mirando la Luna, de clara impronta rock, y también es frontman del tributo a Los Fabulosos Cadillacs. Habla de ciertas dificultades para afianzar el folclore “nuevo” y los desafíos para generar convocatoria en espacios no tradicionales
Escribe José Glanzmann
Si la memoria ayuda, muchos villamarienses seguramente lo habrán escuchado en la Peatonal o en los bares hace un par de años con su grupo de entonces, Ensalada de Madera, en la etapa de tocar a la gorra. Hoy, afianzado en su proyecto folclórico Uyuni, junto a Juan Murúa recorren Córdoba y otras provincias “empecinados” en que el género se haga oír, más allá de los prejuicios del imaginario colectivo, de que es música “para viejos”. Al mismo tiempo, Juan es la voz de una banda joven pero consolidada como Hombre Montaña Mirando a la Luna, que está pronta a sacar su primer disco. También integra la murga Les Degenerades y proyectos ocasionales como el tributo a Los Cadillacs.
-En tu perfil de Instagram te definís como cantante, músico y compositor, ¿en qué faceta te sentís más cómodo?
-En la que menos trabajo, pero que me gusta mucho es en la faceta de compositor. De todas formas, como cantante y músico trabajo todo el año y todos los fines de semana.
Por ejemplo, en Hombre Montaña... mucha de las composiciones son mías, más allá de que la modalidad de creación es colectiva.
-Estás en una amplitud de proyectos musicales, desde el folclore hasta el rock y un grupo de murga, ¿esto se debe a tu curiosidad, a tus gustos musicales o al vínculo con amistades dentro del ambiente?
-Por todo eso que decís. Hacer música te lleva a trabajar con tus amigos y amigas. Porque te juntás a tocar por afinidad y se van gestando las cosas. En la murga Les Degenerades y el tributo a Los Cadillacs sólo pongo la voz, soy un peón, digamos.
-¿Cómo fueron tus primeros acercamientos con el mundo de la música?
-Empecé a cantar desde chico, cuando integraba el Coro Municipal de Niños en Villa María, que dirigía Coqui Dutto. Ahí empecé a los 8 años, estuve un par de años. Ya en la secundaria comencé a tomar clases de guitarra y con algunos compañeros armé algún grupo, pero más jugando a la música. Después toque en una batucada durante un tiempo en la adolescencia.
A los 20 años armamos una banda de rock que se llamaba La Jambik Jones con Angelo Valenzano, el Bamba Borgorello y un par de amigos más.
Y al tiempo, por 2009 más o menos, formamos Ensalada de Madera con Nico Pozzerle como un proyecto de música a la gorra, tocábamos en restoranes, bares, en la Peatonal. Ese grupo se extendió por varios años, con el aporte de otros músicos como Alejandro Artacho. Y laburamos mucho, con shows todas las noches de los fines de semana, la situación económica era otra, la gente tenía para sentarse a comer y le sobraba algo más para tirarte un billete en la gorra.
La historia de Uyuni
“El primer show que tuvimos fue en agosto de 2017. Con Juan Murúa nos conocimos cantando en el Coro Nonino de la UNVM y la juntada extracoral nos unió mucho, siempre terminábamos en la ronda de guitarreada, al lado los dos, y cantando un montón de temas. Pegamos muy buena onda. Y un día dijimos ‘pongamos una fecha para juntarnos a ensayar y cantar’, y no paramos más”, describe el recorrido que los lleva hasta un 2019 con primer disco pronto a salir a la luz.
-Con Uyuni han estado de gira muy activamente en el verano y los últimos meses, ¿cómo la diagramaron?
-Sí, estuvimos en Córdoba capital, en el Festival de Cosquín, Traslasierra, Río Negro, también tocamos en La Pampa, fuimos a Chilecito para la Chaya y un par de lugares más.
La fuimos armando nosotros, somos autogestivos, toda la gestión y la producción la hacemos nosotros, no trabajamos con un mánager ni productor. Si bien estaría bueno para poder abocarnos de lleno a la cuestión musical, por el momento nos metemos de lleno en todas las acciones.
-¿Cuál es el repertorio que eligen para cantar en las presentaciones?
-Hacemos interpretaciones de artistas contemporáneos del folclore como José Luis Aguirre, Gustavo Vergara, Ana Robles, Pancho Cabral, entre otros. La mayoría de esos compositores están vivos, están vigentes, podemos compartir con ellos en distintos espacios.
Hemos tenido la posibilidad de conversar con respecto a las obras que cantamos de ellos en cruces que tuvimos con los músicos.
Por ejemplo, con José Luis, cuando lo invitamos a la primera peña de Uyuni, que realizamos en el centro vecinal del San Justo.
-Ustedes mencionaron en una entrevista radial la propuesta de resaltar al “nuevo” folclore, ¿a qué se debe esta elección?
-Primero por una cuestión de gusto por esas obras. Y también, los autores y las autoras del folclore nuevo carecen de cierta difusión. Hay grandes compositores que están como “guardados”, digamos.
Hace poco, llegando al Festival de Cosquín, un periodista de La Voz del Interior hizo una nota en donde se preguntaba qué pasaba con los nuevos valores del folclore, que no tienen un espacio masivo e interesante. Se sigue manteniendo el espacio de artistas del género que fueron nuevos hace una década y son contemporáneos, pero ya tienen una trayectoria, como Raly Barrionuevo.
Si bien su obra es hermosa, ya tiene un camino recorrido, mientras a otros artistas como Mery Murúa o Paola Bernal, hay ciertos lugares en donde no se les da mucha cabida. Y sus composiciones son fantásticas.
Y salen un poco del lugar tradicional del género, que también le ponen una valla al folclore. Por ejemplo, vos hablás con niños y no quieren escuchar folclore porque “es una música de viejos” y en realidad habla de las problemáticas que tenemos como ciudadanos, habla del amor, de temas sociales, con desarrollos musicales muy interesantes. Hay fusiones con el rock, con el jazz, entre otros.
-Y ustedes desde Uyuni, ¿trabajan un poco con esa mixtura?
-Por momentos sí, nosotros a la hora de arreglar tenemos un campo musical grande, porque así como nos gusta el folclore nos gusta el rock, el tango, el jazz, el rap. Y eso se mete en la música. Sin perder la cuestión tradicional que sigue vigente del folclore, pero está bueno ir mechando cosas.
-Están preparando un primer disco del grupo, me contabas antes, ¿en qué etapa se encuentran?
-Estamos en la preproducción. Ya tenemos una idea armada, venimos trabajando el repertorio desde hace dos años, que se ha afianzado bastante, los arreglos también. Ya hace unos 9 meses que estamos tocando junto a un bombista, Agustín Galván, que nos da sonido interesante.
Estamos en la etapa de maquetación, con un repertorio que venimos amasando desde hace tiempo. Nos reímos porque tenemos un “fetiche” con compositores de La Rioja y Traslasierra, como Joel Costa, Chito Ceballos, Ramón Cortez, entre otros.
Estamos gestionando una beca del Fondo Nacional de las Artes para encarar este trabajo. Hay muchas posibilidades de financiamiento en estos momentos.
El público local y una relación compleja con las peñas folclóricas
-¿Cómo observas al mundo del folclore en nuestra ciudad respecto al público, las propuestas existentes y los espacios para peñas?
-Es difícil de explicar, es raro en general el público villamariense. Las propuestas que hay son muchas, son grandes y muy variadas. Es una cuestión que me pregunto y me llama la atención: por ejemplo, para la época del Festival, las peñas en las calles llevan muchísima gente. Mientras que una peña como un evento de folclore realizada a mitad de año es distinta, no tiene la misma repercusión, capaz.
En otros lugares de la provincia vamos a tocar y la gente sale a bailar y disfruta, bailan en ronda todos juntos, acá es medio distinto, baila quien sabe bailar, el que no sabe se queda sentado en su silla por miedo a qué van a estar pensando. Eso es raro. Soy músico y cantante, pero disfruto de bailar una chacarera en una peña, aunque no sea experto.
El público universitario tiene otra frescura y aborda los espacios de una manera distinta. Pero es un porcentaje pequeño.
Al grueso del público local le cuesta vincularse con el folclore. Incluso está en el imaginario colectivo como que es una música de viejos, y no. Nosotros estamos haciendo obras de un compositor riojano que tiene 33 años, músico contemporáneo.
La experiencia con Hombre Montaña...
Primero que nada, resalta una diferencia de índole física entre Uyuni y el proyecto colectivo de Hombre Montaña Mirando a la Luna: “El primero entra en un auto con los instrumentos, el segundo necesita de una chata al menos” (risas).
“Este grupo nace desde cero con composiciones propias. Todo está creado desde la base, el nombre, el logo, las canciones. Venimos trabajando desde principios de 2016. Estuvimos casi dos años trabajando en la composición. Si bien sobre las tablas tenemos menos tiempo, la primera presentación fue en diciembre de 2017.
Primero estaba con Roro Moral y Bruno Cejas, después se sumaron Manuel en la batería y Gonzalo en la otra guitarra.
Antes del 28 de mayo tenemos que mandar el máster del disco para que se termine y lo podamos publicar”.
Si la memoria ayuda, muchos villamarienses seguramente lo habrán escuchado en la Peatonal o en los bares hace un par de años con su grupo de entonces, Ensalada de Madera, en la etapa de tocar a la gorra. Hoy, afianzado en su proyecto folclórico Uyuni, junto a Juan Murúa recorren Córdoba y otras provincias “empecinados” en que el género se haga oír, más allá de los prejuicios del imaginario colectivo, de que es música “para viejos”. Al mismo tiempo, Juan es la voz de una banda joven pero consolidada como Hombre Montaña Mirando a la Luna, que está pronta a sacar su primer disco. También integra la murga Les Degenerades y proyectos ocasionales como el tributo a Los Cadillacs.
-En tu perfil de Instagram te definís como cantante, músico y compositor, ¿en qué faceta te sentís más cómodo?
-En la que menos trabajo, pero que me gusta mucho es en la faceta de compositor. De todas formas, como cantante y músico trabajo todo el año y todos los fines de semana.
Por ejemplo, en Hombre Montaña... mucha de las composiciones son mías, más allá de que la modalidad de creación es colectiva.
-Estás en una amplitud de proyectos musicales, desde el folclore hasta el rock y un grupo de murga, ¿esto se debe a tu curiosidad, a tus gustos musicales o al vínculo con amistades dentro del ambiente?
-Por todo eso que decís. Hacer música te lleva a trabajar con tus amigos y amigas. Porque te juntás a tocar por afinidad y se van gestando las cosas. En la murga Les Degenerades y el tributo a Los Cadillacs sólo pongo la voz, soy un peón, digamos.
-¿Cómo fueron tus primeros acercamientos con el mundo de la música?
-Empecé a cantar desde chico, cuando integraba el Coro Municipal de Niños en Villa María, que dirigía Coqui Dutto. Ahí empecé a los 8 años, estuve un par de años. Ya en la secundaria comencé a tomar clases de guitarra y con algunos compañeros armé algún grupo, pero más jugando a la música. Después toque en una batucada durante un tiempo en la adolescencia.
A los 20 años armamos una banda de rock que se llamaba La Jambik Jones con Angelo Valenzano, el Bamba Borgorello y un par de amigos más.
Y al tiempo, por 2009 más o menos, formamos Ensalada de Madera con Nico Pozzerle como un proyecto de música a la gorra, tocábamos en restoranes, bares, en la Peatonal. Ese grupo se extendió por varios años, con el aporte de otros músicos como Alejandro Artacho. Y laburamos mucho, con shows todas las noches de los fines de semana, la situación económica era otra, la gente tenía para sentarse a comer y le sobraba algo más para tirarte un billete en la gorra.
La historia de Uyuni
“El primer show que tuvimos fue en agosto de 2017. Con Juan Murúa nos conocimos cantando en el Coro Nonino de la UNVM y la juntada extracoral nos unió mucho, siempre terminábamos en la ronda de guitarreada, al lado los dos, y cantando un montón de temas. Pegamos muy buena onda. Y un día dijimos ‘pongamos una fecha para juntarnos a ensayar y cantar’, y no paramos más”, describe el recorrido que los lleva hasta un 2019 con primer disco pronto a salir a la luz.
-Con Uyuni han estado de gira muy activamente en el verano y los últimos meses, ¿cómo la diagramaron?
-Sí, estuvimos en Córdoba capital, en el Festival de Cosquín, Traslasierra, Río Negro, también tocamos en La Pampa, fuimos a Chilecito para la Chaya y un par de lugares más.
La fuimos armando nosotros, somos autogestivos, toda la gestión y la producción la hacemos nosotros, no trabajamos con un mánager ni productor. Si bien estaría bueno para poder abocarnos de lleno a la cuestión musical, por el momento nos metemos de lleno en todas las acciones.
-¿Cuál es el repertorio que eligen para cantar en las presentaciones?
-Hacemos interpretaciones de artistas contemporáneos del folclore como José Luis Aguirre, Gustavo Vergara, Ana Robles, Pancho Cabral, entre otros. La mayoría de esos compositores están vivos, están vigentes, podemos compartir con ellos en distintos espacios.
Hemos tenido la posibilidad de conversar con respecto a las obras que cantamos de ellos en cruces que tuvimos con los músicos.
Por ejemplo, con José Luis, cuando lo invitamos a la primera peña de Uyuni, que realizamos en el centro vecinal del San Justo.
-Ustedes mencionaron en una entrevista radial la propuesta de resaltar al “nuevo” folclore, ¿a qué se debe esta elección?
-Primero por una cuestión de gusto por esas obras. Y también, los autores y las autoras del folclore nuevo carecen de cierta difusión. Hay grandes compositores que están como “guardados”, digamos.
Hace poco, llegando al Festival de Cosquín, un periodista de La Voz del Interior hizo una nota en donde se preguntaba qué pasaba con los nuevos valores del folclore, que no tienen un espacio masivo e interesante. Se sigue manteniendo el espacio de artistas del género que fueron nuevos hace una década y son contemporáneos, pero ya tienen una trayectoria, como Raly Barrionuevo.
Si bien su obra es hermosa, ya tiene un camino recorrido, mientras a otros artistas como Mery Murúa o Paola Bernal, hay ciertos lugares en donde no se les da mucha cabida. Y sus composiciones son fantásticas.
Y salen un poco del lugar tradicional del género, que también le ponen una valla al folclore. Por ejemplo, vos hablás con niños y no quieren escuchar folclore porque “es una música de viejos” y en realidad habla de las problemáticas que tenemos como ciudadanos, habla del amor, de temas sociales, con desarrollos musicales muy interesantes. Hay fusiones con el rock, con el jazz, entre otros.
-Y ustedes desde Uyuni, ¿trabajan un poco con esa mixtura?
-Por momentos sí, nosotros a la hora de arreglar tenemos un campo musical grande, porque así como nos gusta el folclore nos gusta el rock, el tango, el jazz, el rap. Y eso se mete en la música. Sin perder la cuestión tradicional que sigue vigente del folclore, pero está bueno ir mechando cosas.
-Están preparando un primer disco del grupo, me contabas antes, ¿en qué etapa se encuentran?
-Estamos en la preproducción. Ya tenemos una idea armada, venimos trabajando el repertorio desde hace dos años, que se ha afianzado bastante, los arreglos también. Ya hace unos 9 meses que estamos tocando junto a un bombista, Agustín Galván, que nos da sonido interesante.
Estamos en la etapa de maquetación, con un repertorio que venimos amasando desde hace tiempo. Nos reímos porque tenemos un “fetiche” con compositores de La Rioja y Traslasierra, como Joel Costa, Chito Ceballos, Ramón Cortez, entre otros.
Estamos gestionando una beca del Fondo Nacional de las Artes para encarar este trabajo. Hay muchas posibilidades de financiamiento en estos momentos.
El público local y una relación compleja con las peñas folclóricas
-¿Cómo observas al mundo del folclore en nuestra ciudad respecto al público, las propuestas existentes y los espacios para peñas?
-Es difícil de explicar, es raro en general el público villamariense. Las propuestas que hay son muchas, son grandes y muy variadas. Es una cuestión que me pregunto y me llama la atención: por ejemplo, para la época del Festival, las peñas en las calles llevan muchísima gente. Mientras que una peña como un evento de folclore realizada a mitad de año es distinta, no tiene la misma repercusión, capaz.
En otros lugares de la provincia vamos a tocar y la gente sale a bailar y disfruta, bailan en ronda todos juntos, acá es medio distinto, baila quien sabe bailar, el que no sabe se queda sentado en su silla por miedo a qué van a estar pensando. Eso es raro. Soy músico y cantante, pero disfruto de bailar una chacarera en una peña, aunque no sea experto.
El público universitario tiene otra frescura y aborda los espacios de una manera distinta. Pero es un porcentaje pequeño.
Al grueso del público local le cuesta vincularse con el folclore. Incluso está en el imaginario colectivo como que es una música de viejos, y no. Nosotros estamos haciendo obras de un compositor riojano que tiene 33 años, músico contemporáneo.
La experiencia con Hombre Montaña...
Primero que nada, resalta una diferencia de índole física entre Uyuni y el proyecto colectivo de Hombre Montaña Mirando a la Luna: “El primero entra en un auto con los instrumentos, el segundo necesita de una chata al menos” (risas).
“Este grupo nace desde cero con composiciones propias. Todo está creado desde la base, el nombre, el logo, las canciones. Venimos trabajando desde principios de 2016. Estuvimos casi dos años trabajando en la composición. Si bien sobre las tablas tenemos menos tiempo, la primera presentación fue en diciembre de 2017.
Primero estaba con Roro Moral y Bruno Cejas, después se sumaron Manuel en la batería y Gonzalo en la otra guitarra.
Antes del 28 de mayo tenemos que mandar el máster del disco para que se termine y lo podamos publicar”.