Aquel ciclón fatídico

domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00
12 de noviembre de 1928 “Y de repente… he ahí la negra nube que avanza arrolladora, entoldando el firmamento como idea maldita entenebrece luminosa frente… he ahí al viento, al ciclón fatídico que hincha sus lomos, que galopa sobre sus furias espantables, arrasando, como las olas enloquecidas, cuanto se opone a su paso triunfante…” [caption id="attachment_50524" align="alignright" width="300"] Ruinas de una de casa de expendio de combustible de la época[/caption] Escribe Luciano Pereyra El historiador local Luis Roberto Altamira, solía decir, “…he nacido en el mes de los vientos…”, haciendo alusión al mes de agosto, mes de transición entre invierno y primavera. Donde los elementos meteorológicos, entre ellos el viento, denotan el cambio estacional. Un ejemplo de esto lo constituye la tormenta de Santa Rosa. A pesar de esta realidad, en la historia local, no fue precisamente el mes agosto el mes de grandes fenómenos climáticos devenidos en tragedias humanas, sino noviembre. Con respecto a las inundaciones o crecidas del río, fueron los meses de diciembre, febrero o marzo. Los contemporáneos podemos recordar fenómenos relacionados con el viento, en el año 1987, y en noviembre 1999, cuya destrucción se evidenció por la cantidad de árboles caídos y voladuras de techos en Villa María y Villa Nueva. [caption id="attachment_50527" align="alignleft" width="300"] Defensa Agrícola, 1928[/caption] En la provincia de Córdoba nace la mayor cantidad de estas tormentas extremas, especialmente en el noreste de la provincia y desde acá se conducen hacia el este del país y regiones limítrofes. El mismo fenómeno sucede con la Cordillera de los Andes, que actúa como un trampolín para los vientos y la generación de tormentas. Hace 20 años empezaron a lanzarse satélites meteorológicos y uno en especial se dedica a capturar “radiografías” de eventos intensos. Después de muchos años de estudio de información satelital se determinó que las tormentas más grandes se desarrollan en esta región. El interés radica en el considerable impacto social y económico que suelen acarrear estos acontecimientos climatológicos extremos, tales como violentas caídas de granizo, áreas afectadas por ráfagas y tornados, inundaciones y actividad eléctrica que se descarga en la tierra. [caption id="attachment_50526" align="alignright" width="300"] Taller de Canale Hermanos, destruido[/caption] A lo largo de la historia villanovense se fueron creando mitos en relación a sucesos que marcaron los destinos de muchas familias. El ciclón de 1928 se recuerda hasta la actualidad, intentaremos aclarar este fenómeno climatológico. El 12 de noviembre de 1928, media hora después de las 20 hs. el viento tomó mucha fuerza. Según Pablo Granado el fenómeno se produjo a las 21.30 horas. El ciclón arrasó construcciones, levantó techos, derribó árboles y también trajo la muerte. La prensa escrita de la época manifestó que en esa primavera se produjeron fuertes tormentas y vientos en la zona. El 25 de septiembre se reporta un “violento huracán” que tuvo lugar en la localidad de La Laguna, esa población fue azotada, en la noche del 22 al 23, por un violento huracán, acompañado de piedra y de una fuerte lluvia, que determinó la muerte de una menor. También sufrieron graves daños edificios como los galpones del Ferrocarril Pacífico y la Escuela Nacional del lugar. Aurora Rigalt en su artículo “El ciclón del 28” señala que la revista porteña “Caras y Caretas” publicó “El furioso ciclón que azotó a Villa María. La importante ciudad cordobesa resultó semidestruida. Hubo 26 muertos”. El diario local Tercero Abajo recuerda la tragedia 18 años después: “…se cumplieron 18 años del trágico ciclón que arrojó 14 muertos en Villa María y 3 en Villa Nueva, más de 80 heridos. Dolores Hernández en su testimonio oral contó el fenómeno en la zona del actual barrio La Medalla Milagrosa, donde trabajaba en una quinta de plantines de batatas. Pudo protegerse ella y su hija en una fosa y cubrirse con algunas chapas que habían caído aunque durante el máximo momento de intensidad, la piedra que cayó fue tan grande que le comprometió seriamente una de sus piernas. Manuel Iglesias, desde su campo observó que la tormenta estaba sobre Villa Nueva, esto nos permite pensar en la hipótesis de un tornado, por las características descriptas. Aunque la presencia de piedra, granizo viento y lluvia, según los testimonios orales impide calificar certeramente el evento climático. María Antonia Paradela recordaba que su madre la protegió junto a sus hermanos debajo de una mesa, también de cómo el viento torció la cruz de la cúpula de la iglesia local. Esto podemos confirmarlo gracias a documentos fotográficos. También sufrió la rotura de los vidrios de los vitrales y la destrucción de imágenes religiosas. La familia González, cuya vivienda estaba en las esquinas de General Paz y 9 de Julio de barrio Residencial América, se refugió bajo tierra, su vivienda asentada en barro soportó los embates del viento y fue una de las pocas en mantenerse en pie. Esta vieja casona sobrevivió hasta los primeros años del siglo XXI, cuando fue demolida. Doña Margarita Pivetta, recordaba en una entrevista realizada por Luis Demichelis: “Eran las siete de la tarde y había nubes de todos los colores, verdes, oscuras, blancas. Mi madre nos dice, vamos a cenar temprano antes de que se venga el viento, fuimos a cerrar todas las ventanas y cuando nos íbamos a sentar en la mesa, serían las ocho más o menos, se abrió la ventana de la cocina de un solo golpe y de allí se abrieron las puertas, se levanta mi hermano y mi hermana mayor a cerrarlas y ahí nos asustamos todos porque sentimos un golpe fuerte y era que había caído la pared del frente de la casa que era grandísima, el techo tenía 104 chapas de las cuales no quedó ninguna… el viento seguía cada vez más con unas piedras que daba terror escuchar, mi madre nos hizo poner debajo de una mesa pues no teníamos techo…”. “Después de la tormenta dormíamos en el gallinero y entre todos volvimos a levantar la casa, recuerdo que al otro día salimos a buscar las chapas que nos había volado el ciclón, algunas las encontramos en el parque…”. Surgieron proyectos individuales de matronas que vendían sus cosechas familiares, Delfina Eroles, Magdalena Galdeano (perdió un hijo durante el ciclón), y Jerónima Iglesias de Prado, abastecieron a la Villa de frutas y verduras. Tan desolador fue el panorama que Luis Roberto Altamira así lo evidenció en un artículo del diario “Los Principios” de 1931. Mostrando la destrucción que había dejado a su paso el agua en 1891 y el viento en 1928.   “… (El viajero) cree sinceramente que el cochero lo ha internado por andurriales anónimos o que suponiéndolo muerto, lo arrastra con cinismo hacia un cementerio. Le cuesta comprender que un pueblo, que figura en las geografías con tranvías y 5.000 habitantes sea así. Tan pobre, tan destruido, tan oscuro, tan oleografía de Pompeya… ¿Villa Nueva?, sufre torturas horrendas entre los despanzurrados almohadones de la victoria y tiembla como si tocara escarcha. Las novelas de Salgari se le trepan a la cabeza. ¿Estaré en el país de los indios? Mira al cochero, este impasible, sereno, imbuido en andrajos dirige con la mayor sangre fría su cáscara de nuez que salta de aquí para allá como una pelota. Veinte perros, Villa Nueva como Constantinopla, cultiva con entusiasmo esta clase de mamíferos, le salen al encuentro, son flacos, transparentes, parecen contemplados a través de los rayos “X”. No torean fuerte, ladran lánguidamente, al torear mascan el aire. El viajero deja de temer. Los canes con su forzada educación lo han convencido…” (Altamira, 1931). El ministro de gobierno y futuro gobernador Amadeo Sabattini, visitó la zona gestionando la mano de obra para la reconstrucción de las viviendas. Se crearon comisiones para ayudar a los damnificados y hasta se realizó un partido de fútbol en la ciudad de Córdoba entre Instituto y un seleccionado de la Liga Villamariense. Villa Nueva pudo reponerse una vez más y resurgió desde los escombros. Dos años más tarde no sería el viento ni el agua lo que impactó sobre el pueblo. La catástrofe económica luego de la crisis internacional del capitalismo y el primer golpe de Estado provocaron desempleo, pobreza y hambre. Proyectos de cooperativas y ollas populares fueron paliativos para los damnificados.